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	<title>Editorial archivos | Desde los Márgenes</title>
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	<description>Revista sobre pensamiento, arte y cultura de Clásicas y Modernas.</description>
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	<title>Editorial archivos | Desde los Márgenes</title>
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		<title>¿Cómo producir espacio público?</title>
		<link>https://desdelosmargenes.com/editorial/como-producir-espacio-publicoeditorial/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Cristina Guirao]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 06 Oct 2025 10:19:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Editorial]]></category>
		<category><![CDATA[Número 4]]></category>
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<p class="has-theme-palette-2-color has-text-color has-link-color wp-elements-1 wp-block-paragraph">Cristina Guirao, Laura Linares</p>



<div class="wp-block-kadence-spacer aligncenter kt-block-spacer-1159_a86c92-34"><div class="kt-block-spacer kt-block-spacer-halign-left"><hr class="kt-divider"/></div></div>



<p class="wp-block-paragraph">Nos ha parecido importante dedicar el número 4 de la revista <em>Desde los márgenes</em> al espacio público y preguntarnos por el lugar que las mujeres ocupan hoy en él. Y vamos a considerar aquí el espacio cultural como espacio público, por el hecho de compartir las mismas características de participación, visibilidad y legitimidad. El espacio público del sistema cultural es un espacio social que tiene unas reglas propias de producción, tiene normas de funcionamiento y se tensiona fácilmente en los conflictos y las luchas para liderar los bienes simbólicos. Este espacio, que tradicionalmente ha sido negado a las mujeres por el canon androcéntrico, es aún un lugar que conquistar. Podríamos citar muchas causas de la dificultad de las mujeres para progresar en el espacio público y profesionalizar su capital cultural: los suelos pegajosos y los techos de cristal; el rol de la maternidad, la mochila de los cuidados, el tener menos tiempo para dedicar a la profesión, la conciliación de varios trabajos: el doméstico, los cuidados y el profesional -lo que duplica las horas de trabajo de las mujeres-, la precariedad y la no remuneración de los trabajos femeninos, la experiencia y la subjetividad de las mujeres que cotiza menos en el mercado de los bienes simbólicos; véase, por ejemplo, las últimas compras del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía en la feria de arte de ARCO 2025. El MNCARS y el Ministerio de Cultura anunciaron la compra conjunta de 26 obras de 19 artistas, 14 de ellas creadas por mujeres (73,6%) y 5 por hombres (26,4%). El importe total comunicado por esas compras fue 497.999 €. Aunque la página no da información exacta de cuánto gastaron en cada pieza, se supone que el gasto hubo de ser paritario, como establece la Ley de Igualdad 3/2007. Pero que el gasto sea igualitario no quiere decir que lo sea el valor de las obras que se compran. No hay que confundir proporción de obras compradas con proporción de gasto. La lectura que tenemos que hacer sobre el hecho de que haya un sesgo intencional hacia la compra de obra de mujeres, 14 piezas frente a 5 de hombres, es que las obras de las mujeres artistas valen menos en el mercado del arte. El valor de una sola obra de un artista hombre equivale al valor de casi tres piezas de artistas mujeres (2,8), lo que obliga a corregir estas desigualdades comprando más obras de mujeres para alcanzar la paridad y poder equilibrar el gasto. Conclusión: el capital simbólico masculino vale más, al fin y al cabo, la experiencia androcéntrica ha dominado durante siglos la cultura occidental.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El hecho es que los siglos de confinamiento pesan en la historia cultural. Las mujeres, alejadas de los espacios de influencia y legitimidad de los bienes culturales, han configurado un ADN diferente. Decía Virginia Woolf que en el ADN de las mujeres está la transgresión y, es cierto, al menos referido a cómo han tenido que producir y visibilizar sus bienes culturales, transgresión tras transgresión: firmando con nombre de hombre -o como anónimas-, renunciando a sus derechos, produciéndose a sí mismas, escribiendo desde la marginalidad y, por supuesto, transgrediendo ese destino que es el rol de la feminidad que lleva asignado el confinamiento y la explotación doméstica. Así, prácticamente hasta ayer, la historia cultural de las mujeres realmente ha sucedido fuera de sitio, en los márgenes, desde los márgenes. ¿Pero cuál es el lugar de las mujeres y de sus producciones culturales hoy?.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Llegar a ser sujeto del relato literario, artístico, musical, teatral, etc., en la cultura occidental ha sido una conquista reciente. Pero haber llegado no es suficiente, hay que revisar el canon patriarcal y para ello hay que conquistar posiciones entre los grupos legitimadores de los bienes simbólicos, legitimar la experiencia de las mujeres, visibilizar sus producciones, hacer genealogía, reivindicar a las maestras, reescribir la historia cultural, producir espacio público… ¿Cómo producir espacios públicos? ¿cómo resignificar los espacios?.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El artículo de <strong>Sofía Alonso Blanco, </strong><em>Mancharse con tinta</em>, <em>llegar hasta la escritura desde el umbral</em> explora nuevas formas de escritura que se gestan en los márgenes. Escrituras encarnadas que brotan de la herida, del yo como un lugar epistémico de la experiencia y del conocimiento. Bajo el paradigma de escrituras fronterizas -Gloria Anzaldúa- descubrimos nuevos espacios en el borde y en la frontera desde los que leer la escritura de las mujeres. Ese borde y esa frontera también es un exilio, lugar común en la historia cultural de las mujeres. Las mujeres en el espacio público siempre han estado en el exilio, exiliadas del magisterio de la voz y de la representación, del ejercicio de la ciudadanía, exiliadas incluso de la posibilidad de tener y ser maestras. Sobre esta condición de exiliadas reflexiona <strong>Olga Amaris </strong>en su artículo: ¿<em>Dónde estamos cuando pensamos el exilio de la mano de Hannah Arendt?</em> La condición de desarraigo, afirma Olga Amaris, fue para la pensadora judeo-alemana-americana el ritual de paso al nacimiento de su conciencia política, la condición de posibilidad desde la que pensar la pertenencia y la exclusión en nuestras sociedades. El exilio de Hannah Arendt, una paria de la ciudadanía -como se definió a sí misma-, dio a luz al exiliado, al sin derecho a tener derechos, una figura de identidad política con demasiados cuerpos en nuestro tiempo. Pero el exilio también fue para Arendt el lugar del extrañamiento y de la no pertenencia como condiciones de posibilidad del libre pensamiento. Sólo desde la periferia podemos pensar libremente en cómo desactivar los dispositivos de exclusión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta experiencia del exilio también fue una vivencia que marcó la vida y la obra de la filósofa española María Zambrano que, junto a otras mujeres de su generación, fueron las grandes olvidadas del exilio español. Las mujeres exiliadas además de tener que hacer frente a los problemas propios de esta situación, tuvieron que encarar el hecho de ser mujeres y ver cómo su obra y su pensamiento no era valorado, visibilizado ni reconocido. En el artículo <em>María Zambrano en el espacio público</em>, la filósofa y escritora <strong>Amparo Zacarés </strong>nos lleva a recorrer el exilio de María Zambrano y a comprender la importancia que tuvo la sororidad de sus amigas en su supervivencia, pues la ayudaron incluso materialmente en momentos muy difíciles, en la superación de los múltiples obstáculos patriarcales con los que se encontró y en el mantenimiento de su labor académica y literaria.&nbsp; Tal menosprecio e invisibilización de su obra, como la de tantas otras mujeres, es identificada por Zacarés como un caso de criptoginia.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mirar(se), Afirmar(se) es el texto de <strong>Anna María Iglesia </strong>que, con rotundidad, nos enfrenta a tres preguntas esenciales: <em>“¿Cómo afirmarse cuando siempre se ha sido el objeto de la elocución? ¿Cómo afirmarse cuando siempre se ha sido escrita, representada?</em> <em>Y, por tanto, ¿cómo retratarse cuando siempre se ha sido retratada por otros?” </em> En los autorretratos que se hizo la pintora Marianne Werefkin a lo largo de su vida, vamos descubriendo que la mirada de la pintora y de la mujer artista no solo es un gesto de legitimación y autoafirmación, sino que también es el espacio de ruptura y transgresión. “<em>En su búsqueda de modelo, la artista no solo intenta encontrar una imagen que subvierta las definiciones masculinas de su femineidad, sino que busca legitimarse y legitimar su gesto creativo”</em>. Marianne Werefkin, Artemisia Gentileschi, Vivian Maier o Flora Tristan, sirven de modelos para explorar cómo la representación de sí mismas se convierte en un acto de resistencia frente a la mirada heterocultural. Iglesia traza un recorrido en el que la escritura, la pintura y la fotografía se presentan como lenguajes capaces de vulnerar las convenciones, abrir grietas en los discursos de poder hegemónicos. En este sentido, Mirar(se) y Afirmar(se), ser artista y mujer a la vez, se transforman en gestos transgresores y subversivos que construyen la ciudadanía cultural de las mujeres.  </p>



<p class="wp-block-paragraph">Otro de los temas más discutidos en el feminismo contemporáneo, y del que no hemos querido prescindir en este número de la revista, es el dilema del consentimiento. En el artículo <em>El mito de la libre elección </em><strong>Ana de Miguel</strong> cuestiona la idea de que las mujeres elijamos libremente nuestra vida porque, aunque vivimos en sociedades formalmente igualitarias, las estructuras patriarcales y sociales siguen condicionando nuestras decisiones, pero disfrazadas de libertad individual. En el desenmascaramiento de este disfraz, señala la autora, juega un papel central el feminismo, pues nos permite discernir las estructuras que atraviesan nuestro consentimiento facilitándonos distinguir entre la servidumbre voluntaria y la auténtica autonomía desde la que construirnos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta larga reivindicación y resistencia histórica de las mujeres ante el patriarcado heterocultural, el arte ha jugado un papel clave. En este sentido, <strong>Maider Lumbreras </strong>en su artículo <em>Autohistoria y epistemología de la sanación en Gloria Anzaldúa</em>, la escritura de la propia biografía se propone como forma de resistencia a opresiones históricas y como posibilidad de sanación de las heridas, individuales y colectivas. Al narrar desde su experiencia corporal y fronteriza, Anzaldúa recupera la voz de quienes han sido marginadas por el patriarcado, el colonialismo y la homofobia, revelando las heridas invisibles que atraviesan a mujeres y personas queer. La escritura, como gesto del cuerpo fronterizo, convierte la experiencia íntima en acción política y en reconocimiento público de otras formas de conocimiento situado capaz de construir mundos alternativos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta misma línea de reivindicación a través del arte, <strong>Dolores Galindo,</strong> en su artículo “<em>Performance, feminismo y espacio público”</em>, muestra cómo la performance ha permitido a las mujeres ocupar y resignificar espacios históricamente masculinos. En este contexto, la autora examina tres performances emblemáticas: <em>Genital Panic</em> de Valie Export, <em>Cuerpos en construcción </em>de Lía García y <em>La última Cena </em>de Verónica Ruth Frías, que denuncian objetivación, exclusión trans y violencia de género. En todas ellas el cuerpo se convierte en herramienta de resistencia y memoria colectiva, transformando la calle en escenario político. Intervenir el espacio público se convierte así en un acto de emancipación y reconocimiento social desde el que reescribir narrativas dominantes y generar una nueva conciencia ciudadana.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, a pesar de los evidentes avances que han logrado las mujeres, es necesario repensar el acceso, la valoración y legitimación de sus aportaciones en el espacio cultural, ahora en el ámbito del conocimiento. Esto es lo que se pregunta <strong>Concha Roldán</strong>, escritora, filósofa y exdirectora del Instituto de Filosofía del CSIC, en su artículo <em>¿Sigue siendo el espacio público un coto vedado para las mujeres?. </em>Según la autora, el problema de que el espacio público haya sido limitado para las mujeres no es un problema del pasado, sino que sigue teniendo plena actualidad y podemos verlo en su análisis de lo que ocurre en el caso del CSIC. Pese a los avances feministas y las políticas de igualdad, persisten en la actualidad estructuras patriarcales que mantienen el techo de cristal y la infrarrepresentación femenina en puestos de poder y decisión, y aunque se han logrado avances, también vemos un estancamiento&nbsp; sobre todo en disciplinas STEM y en cargos de liderazgo que responde a la reactivación del patriarcado bajo nuevas formas que siguen reproduciendo desigualdades históricas. Por ello, la igualdad formal no basta, sino que es necesario un cambio cultural profundo que transforme mentalidades y prácticas sociales, pues sólo así se podrá garantizar una verdadera igualdad en la Academia y en la sociedad en general.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la línea de este problema de la desigualdad en el ámbito del conocimiento, en la sección de entrevista, <strong>Ana López Navajas,</strong> coordinadora del proyecto europeo Women’s Legacy, reivindica el que hombres y mujeres hablemos de cultura con mayúscula, lo que implica alejarnos del androcentrismo al que nos hemos habituado e incluyamos las aportaciones de las mujeres en todos los ámbitos de la cultura. Este es el objetivo del proyecto Women’s Legacy en el que desde hace años han trabajado en red diversas universidades, instituciones y organizaciones, tanto nacionales como internacionales, creando un nutrido y riguroso banco de recursos en abierto para todo el público (aunque ciertamente es una herramienta pedagógica  clave en el ámbito educativo) en el que se recoge el legado de las mujeres desde la Antigüedad a la actualidad, legado que se ha ocultado sistemáticamente en nuestra historia cultural común y que ha originado un sesgo epistemológico que afecta a todo el conjunto de la humanidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No obstante, no sólo las grandes mujeres de renombre y sus trabajos fueron silenciados. También lo fueron todos los trabajos y cuidados cotidianos que todas las madres y abuelas han realizado a lo largo de milenios y que han permitido que la humanidad persista. En la sección Detrás de la cámara, veremos aparecer a aquellas mujeres que permanecieron ausentes en nuestra historia, mujeres corrientes que se dedicaron a sus labores domésticas, que emprendieron modestos negocios para sacar a su familia adelante, así como aquellas que compaginaron estos trabajos cotidianos con importantes contribuciones al mundo de la cultura y la ciencia. Todas ellas recuperan su voz propia y su presencia pública al ser sacadas de las “cajas del olvido” en la pieza teatral <em>OL-VI-DO,</em> pieza reivindicadora, poética y evocadora desarrollada por tres mujeres que forman la <strong>compañía de Teatro Birubú</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otro gran pilar en la resistencia femenina, que hemos querido incluir en este número, han sido y son las asociaciones de mujeres desde las cuales se han reivindicado y se reivindican derechos, se organizan acciones colectivas y ofrecen un lugar desde el que poder compartir y tejer redes de apoyo mutuo. Un ejemplo de asociacionismo femenino lo constituye la <strong>Asociación Femigradas</strong>, la cual nos acercará, en la sección Tendiendo puentes, algunas de las dificultades de ser mujer y migrante, en su caso en la ciudad alemana de Leipzig, así como las actividades que promueven para fomentar los vínculos entre las mujeres, la cultura y lengua española.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La vida y la trayectoria intelectual de <strong>Concha Mayordomo</strong>, artista que hemos elegido para la sección Debes conocerlas, es un ejercicio continuo de autoafirmación y legitimidad. Co-directora y fundadora en 2017 de la revista Blanco, Negro y Magenta, un espacio para visibilizar a las mujeres artistas que la historia cultural del canon androcéntrico ha olvidado. El trabajo de Concha es un compromiso con el arte como medio de creación, reflexión y denuncia de la violencia contra las mujeres. Este compromiso tiene continuidad en su blog <em>Mujeres en el arte</em>, donde recoge las biografías de más de 1000 mujeres artistas y las expande por el gran espacio público del universo digital. En la sección Debes conocerlas<em>, </em>queremos rendir homenaje y visibilizar la obra de una mujer artista que tanto tiempo dedica a visibilizar la obra de las demás mujeres artistas. El proyecto artístico de Concha Mayordomo <em>Un vestido, dos vivencias</em> trabaja ese lugar liminal que representa el traje de novia para las mujeres. El ritual de paso del espacio público al privado y doméstico. Los rituales de paso son gestos efímeros que anuncian transformaciones permanentes y duraderas en la vida de las personas. Nada más efímero, por la brevedad de su uso, que un traje de novia, una prenda cargada de simbolismo, “cada vestido, como cada mujer tiene una historia diferente”, sólo había que contarla. Concha Mayordomo, artista plástica que trabaja el textil, jugará con los volúmenes, los pliegues y las diversas texturas de los trajes para alcanzar un efecto plástico en el cuadro.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">No podíamos olvidarnos del espacio íntimo de la amistad, ese lugar de sororidad para las mujeres. La reseña de <strong>Mercedes Gómez Blesa</strong> sobre el libro de Marina Garcés, <em>La pasión de los extraños. Una filosofía de la amistad</em> (2025), comenta el papel que juega la amistad en nuestra vidas y su potencia como lugar de resistencia y creación de comunidades, frente a la lógica mercantilista neoliberal: “El valor y la magia de la amistad se comprenden todavía mejor si tenemos en cuenta el carácter mercantilista de la mayoría de las relaciones que se establecen en el marco de una economía neoliberal (…) En este mundo productivo, iniciar una amistad que no busca beneficio alguno, más allá de la gratificación de una aventura compartida, es un verdadero acto de rebeldía y también de resistencia frente al pragmatismo contemporáneo”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Queremos concluir aludiendo a la pregunta que da el título de nuestra editorial ¿cómo crear espacio público? ¿cómo producir espacios que resignifiquen a las mujeres, que las legitimen como sujetos del relato cultural? Producir espacio público es un tema importante. Vivimos en medio de una crisis fuerte de la democracia y de sus instituciones. La reducción de los espacios para el diálogo y el consenso -lugares tradicionales para ejercitar la ciudadanía y debatir sobre los asuntos comunes- y su transformación en lugares de la polarización y conflicto ha producido un deterioro importante de las democracias. Del ágora a las redes sociales, los espacios de aparición y participación -que dirá Arendt-, se han transformado espacios de desaparición del ciudadano, dominados por un fuerte individualismo, lugares de desinformación y controversia. En la sección inserto, el poemario de <strong>Cristina Morano</strong>, <em>En tanto que mujeres</em>, premio Alvaro Tejero (2023), incide en este aspecto de nuestras sociedades y denuncia el caso de las mujeres eternamente silenciadas en el espacio público. En su obra, todo lo personal es político, pues la autora no elude el compromiso de hacer de la invisibilidad de la voz de las mujeres en las ágoras patriarcales, un asunto público. <em>En tanto que mujeres</em>, abre la tumba de Antígona (María Zambrano), para que se nos oiga, para corear juntas que la violencia contra las mujeres no es un asunto personal, es social y sistémica. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">El trabajo fotográfico de <strong>Julieta Varela</strong> que ilustra este número de la revista convierte a las mujeres del barrio de <em>Vistalegre </em>(Murcia) -un barrio tradicionalmente obrero-, en protagonistas del relato de la historia concreta y situada de este espacio urbano. La mirada de Julieta congela a las mujeres en el espacio de la cotidianeidad y muestra los pliegues de la relación barrio-género; entre lo público, lo íntimo y lo doméstico, Varela reescribe la iconografía de <em>Vistalegre</em>, cartografía los movimientos de las mujeres, las profesiones que tienen, los espacios que habitan, cómo crean sus redes, cuáles son sus diversiones o cómo se vacían en los sillones de un hotel cuyo mobiliario tiene las dimensiones del espacio público heteropatriarcal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sostiene Wendy Brown en su libro en <em>Estados de Agravio</em> que nuestros espacios: “<em>A la vez que requieren cierta definición y protección, no pueden ser limpios, nítidamente definidos, incorpóreos ni permanentes: para vincularse con modos de poder posmodernos y representar conocimientos específicamente femeninos, han de ser heterogéneos, errantes, quedar relativamente sin institucionalizar y han de ser democráticos hasta el agotamiento”</em>. Sin duda, más igualitarios que otras esferas de poder porque nacen de la necesidad del reconocimiento mutuo, de la empatía, de los cuidados… Sabemos demasiado sobre la vulnerabilidad y la fragilidad que conlleva la condición de ser mujer, sobre ese destino biológico que impone roles de sumisión, y no podemos permitirnos (o no sabemos y/o no debemos) ejercer el poder de otra manera. Todas somos responsables de co-crear las condiciones de posibilidad del ecosistema cultural que construyan, compartan y visibilicen la obra de las mujeres. Y aunque la definición de espacio público de Arendt es muy acertada, podemos actualizarla hoy y pensar en un espacio más cercano a la ecología que a la política, el medio ambiente sería una buena referencia, entendido a la manera de Bruno Latour, no como un escenario preestablecido, sino como un espacio que co-creamos entre todos y todas. Y ¿Cómo son esos espacios que debemos co-crear? Pues profundamente interrelacionados, tentaculares, concéntricos, situados, concretos, dañados, sin centro, excéntricos, en <em>Blanco, Negro y Magenta</em>, habitados, canónicos y, por supuesto, <em>al margen</em>.</p>



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<figure class="alignleft size-full is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="450" height="300" src="https://desdelosmargenes.com/wp-content/uploads/2023/03/Cristina-Guirao.jpeg" alt="Cristina Guirao" class="wp-image-563" style="width:397px;height:auto" srcset="https://desdelosmargenes.com/wp-content/uploads/2023/03/Cristina-Guirao.jpeg 450w, https://desdelosmargenes.com/wp-content/uploads/2023/03/Cristina-Guirao-381x254.jpeg 381w" sizes="(max-width: 450px) 100vw, 450px" /></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph"><strong>Cristina Guirao</strong> es profesora titular de sociología en la Universidad de Murcia. Catedrática de filosofía en EE.SS., en excedencia. Ha sido directora del máster de gestión cultural UMU, directora del seminario pensamiento y cultura; coordinadora general de cultura en el vicerrectorado de cultura de la Universidad de Murcia y secretaria general de Clásicas y Modernas, asociación para la igualdad de mujeres y hombres en la cultura. Autora de numerosos artículos sobre sociología de la cultura y del arte. Es ensayista y filosofa. Autora de los libros de ensayo <em>Crónicas a Contrapelo </em>(2022) de Ediciones Newcastle y <em>Transgresoras. Una historia cultural de las mujeres </em>(2024) Los libros de la Catarata.</p>



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<div class="wp-block-group"><div class="wp-block-group__inner-container is-layout-constrained wp-block-group-is-layout-constrained"><div class="wp-block-image">
<figure class="alignleft size-full is-resized"><img decoding="async" width="500" height="516" src="https://desdelosmargenes.com/wp-content/uploads/2023/12/Laura-Linares.jpg" alt="Laura Linares Abadía" class="wp-image-785" style="width:385px;height:auto" srcset="https://desdelosmargenes.com/wp-content/uploads/2023/12/Laura-Linares.jpg 500w, https://desdelosmargenes.com/wp-content/uploads/2023/12/Laura-Linares-246x254.jpg 246w" sizes="(max-width: 500px) 100vw, 500px" /></figure>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>Laura Linares Abadía</strong>. Doctora en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid. Es vocal de la Asociación Española de Ética y Filosofía Política, vocal de la Asociación Clásicas y modernas, y miembro de la Sociedad Aragonesa de Filosofía. Ha realizado diversas conferencias en Congresos nacionales e internacionales de Filosofía. Es autora de varios artículos publicados en revistas especializadas de Filosofía y también en prensa; Es coautora de la última edición del libro de Historia de la Filosofía de 2º de bachillerato de la editorial McGraw Hill. Desde 2013 lleva a cabo un proyecto de arte y filosofía junto al pintor Juan Casbas Puértolas.</p>



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			</item>
		<item>
		<title>La Cultura y la Igualdad: Fortalecer la infraestructura para la conciencia feminista</title>
		<link>https://desdelosmargenes.com/editorial/la-cultura-y-la-igualdad-fortalecer-la-infraestructura-para-la-conciencia-feminista/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Sofía Caballero Jiménez]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 09 Sep 2024 09:11:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Editorial]]></category>
		<category><![CDATA[Número 3]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://desdelosmargenes.com/?p=969</guid>

					<description><![CDATA[<p>Abordar la vinculación entre cultura e igualdad requiere una atención puntillosa por la grandilocuencia y uso indiscriminado de ambos términos. Tal es así que se puede llegar a su descontextualización y desgaste. Se atribuye el significado de cultura a contenido, y a su desarrollo, a consumo o disfrute, como si fuera algo pasivo, casi estático,...</p>
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                                                                <span class="pp-author-boxes-name multiple-authors-name"><a href="https://desdelosmargenes.com/author/sofia-caballero-jimenez/" rel="author" title="Sofía Caballero Jiménez" class="author url fn">Sofía Caballero Jiménez</a></span>                                                                                                                                                                                                
                                                                                                                                
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<p class="wp-block-paragraph">Abordar la vinculación entre cultura e igualdad requiere una atención puntillosa por la grandilocuencia y uso indiscriminado de ambos términos. Tal es así que se puede llegar a su descontextualización y desgaste. Se atribuye el significado de cultura a <em>contenido</em>, y a su desarrollo, a <em>consumo</em> o <em>disfrute, </em>como si fuera algo pasivo, casi estático, limitado a su muestra y percepción. Sin embargo, su comprensión no puede limitarse a este encuentro, que, por cierto, no es otra cosa que la consecución de intercambios anteriores, y dará lugar a futuros. </p>



<p class="wp-block-paragraph">El encuentro puede darse entre actrices y público en un espacio escénico, entre escritora y lectora a través de un libro, o entre directora y audiencia a través de una película. Pero también puede ocurrir en la intimidad de una biblioteca, entre una guionista y su escritura, en la tranquilidad de un centro coreográfico, donde se desarrolla una conversación entre coreógrafas y bailarinas, o en el estudio de una fotógrafa, frente a sus piezas, “en la calma solitaria que la cultura necesita para seguir viva”<em>, </em>que puntualiza acertadamente la poeta y filósofa Marifé Santiago.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por lo tanto, ¿dónde empieza la cultura? Quizás la cultura no empiece, sino, simplemente <em>sea</em>. Y lo <em>sea</em>, precisamente, en el intercambio entre lo público y lo privado, en acudir al Auditorio a escuchar a una compositora, en las conversaciones al salir y en la reflexión en soledad acerca de lo que nos ha producido. Algo intangible, complejo y vulnerable.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al considerar la cultura como todo aquello que nos atraviesa y nos acompaña en nuestra concepción del mundo y de nosotras mismas, es importante observar las características de lo que nos guía hacia ese entendimiento. Por lo tanto, la igualdad se presenta como un aspecto que, ya sea vinculado o no a la cultura, debe ser desentrañado. ¿Qué es lo que percibimos? ¿Tenemos espacio y herramientas para desarrollar nuestro propio pensamiento?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Disponer de y generar acceso a diversas voces, incluidas aquellas raramente difundidas o promovidas, a las que se les niega la oportunidad de ser universales, de formar parte del<em> todo</em>, es construir la infraestructura necesaria para que esto ocurra. No me refiero aquí a la lógica organizacional de un sistema operativo<sup><strong>1</strong></sup>, sino a todos los elementos &#8211; tangibles e intangibles &#8211; que permiten que algo ocurra<sup><strong>2</strong></sup>.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta infraestructura, lejos de ser algo fijo y consolidado, se percibe como vulnerable e inestable y, sin embargo, es especialmente importante en la consecución de la igualdad, y en la constitución del primer paso hacia lograrla, que no es otro que el desarrollo de la conciencia feminista. Lo señala la activista alemana Gerda Lerner (2019), y es que el haber estado tanto tiempo recluidas, fuera del espacio público, nos ha hecho a las mujeres muy difícil compartir nuestras experiencias y consolidar el saber colectivo hasta considerarlo universal. A esto, Lerner lo llama el “sistemático proceso de marginalización [sic]”<sup><strong>3</strong></sup>, que, sin duda, ha afectado a nuestra autopercepción, a la capacidad para conceptualizar nuestra situación, así como a la de concebir soluciones sociales para mejorarla. Esta marginación es lo que la intelectual española María Lejárraga define como el hielo que nos separa de la Humanidad, y que ha de ser roto valerosamente disfrutando de la vida y decidiéndonos a vivir para algo.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si bien la revista <em>Desde los Márgenes </em>tiene como misión construir una infraestructura para escapar del sistemático proceso de marginación, rompiendo la barrera que nos separa de lo colectivo para reconstruirlo a partir de la experiencia y el conocimiento individual femenino, este tercer número contribuye a fortalecer esa infraestructura, ofreciendo reflexiones e investigaciones sobre la relación entre cultura e igualdad, presentadas por artistas e intelectuales que, como mujeres, habitan este mundo. Se podría decir que damos un paso más en la ruptura del techo, pared, o línea que nos deja fuera, para ser ciudadanas, que, como indica la francesa Yvette Roudy, es mucho más que votar y ser elegida<sup><strong>5</strong></sup>. Alude, sin duda, a un papel activista. Por ello, en este número no solo se reconoce el trabajo de mujeres artistas e intelectuales, sino también el rol de las instituciones en la búsqueda de la igualdad.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así, la <strong>Entrevista</strong> que inicia este número tres es a Ana Santos Aramburu, ex-directora de la Biblioteca Nacional de España, y la sección <strong>Tendiendo Puentes</strong>, ofrece una conversación con Yolanda Soler, actual directora del Instituto Cervantes en Ammán, Jordania. Las instituciones también están presentes en <strong>Artículos</strong> como «Músicaas Electroacústicas. El laboratorio de Informática y Electrónica musical (LIEM) en femenino», firmado por Marisa Manchado, o «La danza precaria: un ballet en tres actos», de Alicia Herrero Simón.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La incorporación de la conciencia feminista al trabajo artístico conlleva la aparición de términos como la mirada femenina de las directoras de cine, concepto en el que profundiza Joanne Vrigneaud en su <strong>artículo</strong> “<em>Just make me look good</em>. Representación de la mirada femenina en el cine de Chloe Zhao” (artículo disponible en castellano y en francés), así como en la entrevista a Mariana Carballal en la sección <strong>Detrás de la cámara</strong>.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con el objetivo de romper el hielo que, como indicaba Lejárraga, separa a las mujeres de la humanidad, Alicia González Mangas retrata en <strong>Debes conocerlas</strong> los factores que favorecieron y entorpecieron las carreras de tres pintoras impresionistas que, a pesar de haber gozado de prestigio en su momento, no han trascendido en la Historia del Arte:Mary Cassatt, Berthe Morisot y Eva Gonzalès.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">El proceso de conceptualización de nuestra situación en la sociedad es evidente en la <strong>Reseña </strong>que escribe Elena Laseca sobre <em>El encaje roto. Antología de cuentos de violencia contra las mujeres </em>de Emilia Pardo Bazán.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y en este ir y venir entre lo íntimo y lo público, la fotógrafa artística Celia Soler trabaja sobre su propia concepción de sus procesos creativos, así como sobre su propia visión como creadora, en las <strong>Imágenes</strong> que acompañan este número.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La sensibilidad de los poemas de Miren Agur Meabe, Premio Nacional de Poesía 2021, poniéndose a ella en el centro, tratando de humanizar la relación con la naturaleza, así como con los entornos urbanos, nos devuelve al espacio privado, íntimo y vulnerable en la sección <strong>Inserto</strong>.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">En estos textos, las mujeres nombran a otras mujeres, porque es así como reconocemos nuestra presencia en el mundo y nos damos cuenta de que no somos las primeras. Esto, sin embargo, no nos exime de la responsabilidad de continuar<em>.&nbsp;</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“</em>¡No se desentiendan ustedes!”<sup><strong>6</strong></sup>.</p>



<div class="wp-block-group has-theme-palette-8-background-color has-background" style="font-size:15px"><div class="wp-block-group__inner-container is-layout-constrained wp-block-group-is-layout-constrained">
<p class="wp-block-paragraph"><strong>Bibliografía:&nbsp;</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Easterling, Keller (2016). <em>Extatescraft. The Power of Infrastructure Space. </em>Verso<em>: </em>Londres, Nueva York.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lejárraga, María de la O (2022). <em>Cartas a las mujeres de España</em>. Renacimiento. Biblioteca de la Memoria: Sevilla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lerner, Gerda (2019). <em>La creación de la conciencia feminista. Desde la Edad Media hasta 1870.</em> Katakrak: Pamplona.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Paris Musées. (2022).<em> PARISIENNES CITOYENNES ! Engagements pour l&#8217;émancipation des femmes (1789-2000).</em> París: Paris Musées.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Real Academia Española (2001) Diccionario de la lengua española (DRAE), 22.ª ed., [versión en línea].</p>
</div></div>



<p class="wp-block-paragraph"><sup>1</sup> Keller Easterling (2016). <em>Extatescraft. The Power of Infrastructure Space. </em>Verso<em>: </em>Londres, Nueva York.<br><br><sup>2</sup> 1.&nbsp;f.&nbsp;Conjunto de elementos o servicios necesarios para la creación y funcionamiento de una organización o actividad.&nbsp;<strong>2</strong>. Parte de una construcción situada en su parte inferior,&nbsp;<em>gralm</em>.&nbsp;bajo el nivel del suelo, y que sirve para cimentarla o sustentarla. Real Academia Española (2001) Diccionario de la lengua española (DRAE), 22.ª ed., [versión en línea]</p>



<p class="wp-block-paragraph"><sup>3</sup> Gerda Lerner (2019) <em>La creación de la conciencia feminista. Desde la Edad Media hasta 1870.</em> Katakrak: Pamplona. P. 33</p>



<p class="wp-block-paragraph"><sup>4</sup> María de la O Lejárraga, (2022) <em>Cartas a las mujeres de España</em>. Renacimiento. Biblioteca de la Memoria: Sevilla. El libro está firmado por María Lejárraga y Gregorio Martínez Sierra. Sin embargo, es bien conocida y ejemplar la polémica en torno a la autoría de las obras de María Lejárraga-Gregorio Martínez Sierra. </p>



<p class="wp-block-paragraph"><sup>5</sup> Yvette Roudy (1981) <em>Citoyenne à part entière : mensuel d&#8217;information sur les droits de la femme </em>en París Musées<em>: Parisiennes Citoyennes Engagements pour l&#8217;émancipation des femmes (1789-2000) </em>(2022). </p>



<p class="wp-block-paragraph"><sup>6</sup> ÍBID Lejárraga; (2022). P. 79&nbsp;</p>



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<div class="wp-block-image is-resized">
<figure class="alignleft size-full"><img decoding="async" width="302" height="400" src="https://desdelosmargenes.com/wp-content/uploads/2024/09/Sofia-Caballero.jpg" alt="" class="wp-image-971" style="width:319px;height:auto" srcset="https://desdelosmargenes.com/wp-content/uploads/2024/09/Sofia-Caballero.jpg 302w, https://desdelosmargenes.com/wp-content/uploads/2024/09/Sofia-Caballero-192x254.jpg 192w" sizes="(max-width: 302px) 100vw, 302px" /></figure>
</div>


<p class="wp-block-paragraph"><strong>Sofía Caballero Jiménez </strong>es doctora en Historia, Cultura y Pensamiento por la Universidad de Alcalá, con una tesis sobre la crítica institucional hacia los espacios de ensayo para artistas independientes y gestora cultural especializada en danza. Evaluadora de proyectos para la European Education and Culture Executive Agency de la Comisión Europea, actualmente forma parte de la junta directiva de Clásicas y Modernas. Su línea de investigación se puede enmarcar en los estudios críticos institucionales y la sociología de la danza.&nbsp;</p>



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<p>La entrada <a href="https://desdelosmargenes.com/editorial/la-cultura-y-la-igualdad-fortalecer-la-infraestructura-para-la-conciencia-feminista/">La Cultura y la Igualdad: Fortalecer la infraestructura para la conciencia feminista</a> se publicó primero en <a href="https://desdelosmargenes.com">Desde los Márgenes </a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Las alas y la jaula: Mujeres, lenguaje y poder</title>
		<link>https://desdelosmargenes.com/editorial/las-alas-y-la-jaula-mujeres-lenguaje-y-poder/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[María Martín]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 04 Jan 2024 11:47:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Editorial]]></category>
		<category><![CDATA[Número 2]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://desdelosmargenes.com/?p=826</guid>

					<description><![CDATA[<p>El lenguaje nos da alas. Alas al pensamiento, a la expresión, a la imaginación. La lengua concebida por sociedades centradas en las necesidades masculinas nos encierran en una jaula de la que es difícil, primero, ser consciente y, después, salir. </p>
<p>La entrada <a href="https://desdelosmargenes.com/editorial/las-alas-y-la-jaula-mujeres-lenguaje-y-poder/">Las alas y la jaula: Mujeres, lenguaje y poder</a> se publicó primero en <a href="https://desdelosmargenes.com">Desde los Márgenes </a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
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<p class="wp-block-paragraph">El lenguaje nos da alas. Alas al pensamiento, a la expresión, a la imaginación. La lengua concebida por sociedades centradas en las necesidades masculinas nos encierran en una jaula de la que es difícil, primero, ser consciente y, después, salir. El aprendizaje del orden simbólico es uno. Y las mujeres estuvimos y estamos colonizadas por él en todas las lenguas donde no pudimos rechazar la imposición patriarcal. Definimos el margen desde el lenguaje del centro. Definimos el centro desde el propio centro que mira su ombligo. Un centro de necesidades, prácticas y deseos controlados por quienes ostentan el poder. El poder político, el económico, el que define y acomoda significados a esas necesidades, a esos deseos y —lo que es más importante— los hace pasar por prioridades humanas y no masculinas, de la población y no de cierta clase social. Las relegadas a los márgenes, las expulsadas a ellos, con el lenguaje que nos es dado —queramos o no—, perpetuamos órdenes que queremos subvertir. Reivindicamos nuestro a derecho a volar entre barrotes impuestos por palabras que rara vez definimos, soluciones a necesidades que ni siquiera nos hemos planteado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En cierto modo, el nombre de esta revista (<em>Desde los márgenes</em>) también subvierte ese orden. El margen en el que se nos sitúa se convierte en centro del que surge un mundo hecho en otra medida, un lenguaje que habla de otras cosas, que nombra lo tantas veces innombrado, que crea palabras o propone significados que el centro detesta o desdeña.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los márgenes son —no lo olvidemos— lo que ciñe un texto y le da forma. Lo que hace que el centro sea centro. Escribir en los márgenes es interpretar el texto dado, comentarlo, mostrar nuestro acuerdo o desacuerdo y hacer del margen el espacio del pensamiento propio. Desde los márgenes vamos más allá.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hablar, pensar, escribir, reflexionar y tomar la palabra es un ejercicio de poder aún vedado en muchos modos a las mujeres. En distintos grados por todo el orbe, pero de forma omnipresente. Más allá de las lenguas y sus mecanismos el patriarcado subyace como una imposición del ser, estar y contar el mundo que identifica al varón con lo genéricamente humano y a la mujer con lo específicamente femenino. El centro —si pensamos en el cuerpo— es el corazón, trasunto del alma que nos humaniza como especie. Ese corazón, esa voz que es la palabra que, como escribía María Zambrano en su <em>Metáfora del corazón</em>, es «de todas las entrañas de la vida, la entraña donde todas encuentran su unidad definitiva».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todas y cada una de las entrañas que pasarán por las secciones de este número dos de <em>Desde los márgenes</em> hacen del margen un espacio completo, coherente, que diluye el poder simbólico del centro, que hace desbordante lo que era contenido; que integra y comprende lo que deliberadamente se ignoraba; que no renuncia a ser centro, pero no lo necesita para saberse parte de un todo porque, ¿quién decidió que ese centro era el lugar al que habríamos de aspirar? No hablo de abandonar los lugares de poder, sino de replantearnos cuáles son, dónde están, por qué los necesitamos —o si los necesitamos siquiera—, para qué sirven o para qué los queremos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De las lenguas casi perdidas que retomamos como una forma de decir al mundo que algo que fue desterrado al margen era —y es, con mucho esfuerzo— el centro de muchas personas de la lengua ñuu savi. Para ello desde México viene Celerina Sánchez <strong>Tendiendo puentes</strong> entre pueblos de ayer y hoy. Puentes hechos de cantos, bordados, vestidos, paisajes, comidas y palabras habladas, cantadas, vividas. Frágiles como barcos de papel y rescatadas gracias al poder de las que sostuvieron la palabra y, con ella, la posibilidad de seguir siendo y renovar lo que ya fue. El eco de las palabras que relegamos a la inexistencia cuando otro orden simbólico tomó su lugar y que llega devuelto a través de los siglos en los bellísimos poemas <em>natsiká</em> y <em>yo’ó inkáyu</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Del poder de la imagen y la imposición de los cánones que supone hablar de lo que se supone que toca hablar, dejando de lado —al margen— lo que querríamos tener como el centro de conversaciones, en el brillante e irónico <strong>Detrás de la cámara</strong> de Carmen Peña Ardid «La biología sí es destino: Barbie y su ginecóloga», sobre la película que el año pasado se impuso como tema de conversación cuasi universal, obra y gracia de la mal llamada globalización, esa imposición del ruido de los altavoces mediáticos sobre la voz de la reflexión íntima y la conversación sosegada. Solo el tiempo permite valorar hasta qué punto nuestros focos de interés y nuestros diálogos políticos son, también, un juego de poder en el que rara vez ganamos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y para analizarlo nadie mejor que una clásica como Hanna Arendt, que nos llega de la mano de Laura Linares Abadia en «Poder político y diálogo ciudadano. A propósito de Hannah Arendt». Para corroborarlo tenemos en este número a una mujer moderna que mira el poder de quienes tienen el poder para desmontarlo en pequeñas piezas, en palabras, en letras y volverlo a armar en otro lugar, con otra visión, desde un punto de vista multidisciplinar y fresco, es Paula Barriendo Cebrián en su, hasta ahora inédito, «Estudio psicolingüístico y social sobre el sexismo en el Diccionario de la Lengua Española».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lenguajes inventados para poder inventar mundos que no existen, una Lengua materna que nos transporta a otros márgenes contado por una mujer, Josefina Villar, que se esfuerza por estar al margen, pero cuya visión filológica y antropológica se lo impide. Su <strong>Reseña</strong> nos invita a mirar los mundos existentes con la perspectiva de los que ya no existen. Y lo hacemos a través de los ojos de otra mujer, una que —por estar en márgenes que consideramos ajenos, ya olvidamos o nunca conocimos: Suzette Haden Elgin. «Lenguaje y poder de las mujeres» una preposición y otro orden, la sutil y significativa diferencia. La misma que marcó al ser la primera estudiante en USA en escribir su tesis en dos lenguas inglés y navajo y que inventó un lenguaje que no existía hasta ese momento para poder escribir sobre un mundo feminista al que las lenguas existentes no daban cabida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El lenguaje de las armas como única vía, otra de la que tantas veces se nos excluye o nos excluimos porque las armas no son parte de nuestro lenguaje, al menos, en el aprendizaje cultural impuesto en buena parte de las culturas mayoritarias del mundo actual. De poder, armas, palabras y sueños hemos hablado con Patrizia Fiocchetti, una mujer condenada mediante la palabra: una fatua impuesta por algo tan vital como reivindicar la ciudadanía completa de las mujeres. Lo hacemos a través de la magistral <strong>Entrevista</strong> y traducción de la filóloga, traductora y arteterapeuta italiana Giorgia Pordenoni.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Continúa este número, que puede leerse en este o cualquier otro orden, María Muñoz en <strong>Debes conocerlas</strong>, una sección que cobra todo su sentido con Hélène Cixous, la escritora de las palabras imposibles, los plurales inesperados, las frases que se elevan y hablan al oído, la que se rebela contra el lenguaje prestado por los hombres —esa jaula desde la que se nos exhorta a cantar a la libertad— como si de cortesías decimonónicas se tratara. La que expropia significantes e impone significados. Cixous creía que solo lejos del centro se da la verdadera posibilidad de creación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y nada nos da tanta libertad para crear, tantas alas, como la lengua que sentimos como propia. Por eso, expresarnos con seguridad y desenvoltura en otros idiomas puede ser tan complicado. Tanto que nos relega, nos relegamos con las nuevas lenguas, a posiciones de no poder que creíamos olvidadas para siempre. Nos lo cuenta Laura Azmendi en «En silencio no se aprende a hablar», una reflexión sobre la imposición de la perfección, también lingüística, y la toma de conciencia del propio poder y la autoestima (o la ausencia de uno y otra) cuando hablamos lenguas aprendidas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La relación continua de poder y dispoder, a veces sutil y a veces guerra abierta, los silencios, los márgenes, las jaulas en las que se nos encierra con palabras están en los collages de Miriam Martínez Abellas que, como un caleidoscopio, permiten percibir distintas figuras cuando se miran antes y después de cada uno de los textos. Cuando se ven de forma independiente o como parte de un todo, de una historia que protagoniza nuestro <strong>Inserto</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se preguntaba la lingüista italiana Patrizia Violi en «El infinito singular» «¿Cuáles serán los usos lingüísticos de las mujeres, cómo articularán su palabra, de qué modo podrán relacionarse con un lenguaje que ya ha transformado la diferencia en algo negativo?». Nos lo seguimos preguntando con insistencia. Porque el poder del lenguaje no es solo el de dar la capacidad de definirse, es el privilegio enorme —e inadvertido— de definir lo otro —y a las otras—, de construir un relato y hacer de la excepción, norma. De lo artificial, natural. De la perspectiva parcial, visión universal. De distintas partes iguales, centros y márgenes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como dice Patrizia Fiocchetti en uno de sus libros: «Alzaré mi voz por encima del ruido de los poderosos. La convertiré en trueno, para que explote entre las nubes y sus notas caigan como gotas de lluvia que oxigenan la tierra. Si tengo que pagar por ello, sufriré violencia o el exilio, pero no me detendré. Porque defiendo la vida y la verdad sin límites. Ni virgen, ni puta, ni santa, ni bruja. Soy mujer, soy persona, soy dueña del destino, la que escribe la historia del mundo».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Seamos con ella uniendo nuestras voces, desde todos los lugares, desde todos los márgenes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No hay jaulas suficientes para tantas alas.</p>



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<figure class="alignleft size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="500" height="500" src="https://desdelosmargenes.com/wp-content/uploads/2023/12/Maria-Martin.jpg" alt="María Martín Barranco" class="wp-image-802" style="width:319px;height:auto" srcset="https://desdelosmargenes.com/wp-content/uploads/2023/12/Maria-Martin.jpg 500w, https://desdelosmargenes.com/wp-content/uploads/2023/12/Maria-Martin-254x254.jpg 254w" sizes="auto, (max-width: 500px) 100vw, 500px" /></figure>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>María Martín Barranco</strong><br>Licenciada en Derecho. Especialista en intervención social con enfoque de género- Experta en comunicación y derechos humanos en conflictos armados. Consultora especializada en igualdad y evaluación de impacto de género en normativa y políticas públicas. Especialista en lenguaje no sexista. Escritora, divulgadora y activista feminista en redes sociales. Fundadora y directora de la Escuela Virtual de Empoderamiento feminista (EVEFEm). Es socia de Clásicas y Modernas, donde ha sido parte de la Junta directiva en los años 2021 y 2022.</p>



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<p>La entrada <a href="https://desdelosmargenes.com/editorial/las-alas-y-la-jaula-mujeres-lenguaje-y-poder/">Las alas y la jaula: Mujeres, lenguaje y poder</a> se publicó primero en <a href="https://desdelosmargenes.com">Desde los Márgenes </a>.</p>
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		<title>Pensar la violencia cultural</title>
		<link>https://desdelosmargenes.com/editorial/pensar-la-violencia-cultural/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Cristina Guirao]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 17 Mar 2023 13:43:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Editorial]]></category>
		<category><![CDATA[Número 1]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://revista.clasicasymodernas.org/?p=88</guid>

					<description><![CDATA[<p>¿Qué procesos hacen que hoy hablemos de violencia cultural? ¿Cómo se produce y reproduce culturalmente la violencia sobre las mujeres? ¿Cuál es el canon que la legitima? ¿cómo podemos visibilizar y legitimar los bienes culturales que producen las mujeres? ¿desde qué voces, lugares, memorias y cuerpos empezamos ya a contar la historia cultural de las...</p>
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<p class="wp-block-paragraph">¿Qué procesos hacen que hoy hablemos de violencia cultural? ¿Cómo se produce y reproduce culturalmente la violencia sobre las mujeres? ¿Cuál es el canon que la legitima? ¿cómo podemos visibilizar y legitimar los bienes culturales que producen las mujeres? ¿desde qué voces, lugares, memorias y cuerpos empezamos ya a contar la historia cultural de las mujeres?&#8230;</p>



<p class="wp-block-paragraph">El primer número de la revista <em>Desde los márgenes</em> -revista de la asociación Clásicas y Modernas para la igualdad de mujeres y hombres en la cultura-, decidimos dedicarlo al tema que nos parece más urgente en nuestro ámbito de trabajo: la violencia cultural sobre las mujeres. Para ello, emprendimos la creación de este número con vocación interdisciplinar, construyendo conocimiento juntas desde ámbitos tan diversos de la cultura y de las artes como la literatura, la filosofía, la poesía, el cine, la fotografía, los estudios culturales y la sociología. A medida que avanzábamos en la producción de este primer número, fuimos más conscientes de que la transversalidad de este análisis sobre la violencia cultural precisaba de un compromiso común.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la historia de la cultura occidental, la violencia cultural sobre las mujeres se ejerce y se ha ejercido no sólo desde los procesos de subalternización inherentes a los enfoques culturales que las estereotipan, cosifican y objetualizan, sino también desde los procesos de dominación cultural implícitos en la deslegitimación e invisibilización de los bienes culturales que producen y han producido las mujeres. Se trata de dos prácticas históricas del canon cultural androcéntrico y sus formas de dominación patriarcal, que revelan las estrategias para perpetuar su capital cultural y simbólico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La violencia cultural no es una la violencia real o directa, no agrede físicamente, sin embargo, fundamenta el sometimiento de un grupo y la reproducción de la hegemonía de unos determinados valores culturales sobre otros. El gran teórico de la hegemonía cultural, Gramsci<sup>1</sup>, la define como un proceso social de imposición de los valores, ideologías y creencias de una determinada clase social. Se diferencia de la dominación, en que esta última es una forma de control coercitiva, explícitamente política y que puede resultar violenta. La hegemonía cultural, en cambio, pertenece al ámbito de lo simbólico. Se basa en la “supuesta” supremacía de una cultura sobre otra, lo que incita y justifica el sometimiento. Constituye una forma sutil de reproducir y naturalizar la sumisión en la dominación.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La hegemonía del varón en la cultura se ha materializado a través de un proceso continuado de construcción y dominio de su experiencia, de la transmisión de significados y valores, así como de la creación de concepciones del mundo profundamente patriarcales ―desde las religiones hasta el psicoanálisis― que lo habilitan para la dirección moral e intelectual de la sociedad. Quien tiene el poder para producir significado y sentido para la comunidad, tiene el poder -como afirma la filósofa Celia Amorós-.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">A lo largo de los siglos, la hegemonía masculina ha permitido a los hombres acumular un capital simbólico, un acervo cultural que recoge todas sus experiencias y los legitiman como sujetos canónicos en la construcción del conocimiento sobre el mundo que compartimos. Esto facilita enormemente su reproducción cultural. Creo que nadie duda ya en afirmar que la experiencia del hombre blanco es el canon sobre el que se ha construido la historia cultural de Occidente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los estudios culturales y decoloniales han analizado las consecuencias de la hegemonización de una cultura sobre otra y las formas de violencia cultural y simbólica que perviven enquistadas en las estructuras sociales de los pueblos colonizados por otras culturas. Salvando las distancias, podemos establecer el mismo diagnóstico cuando hablamos de cómo la violencia sobre las mujeres se transmite y reproduce a través de la educación y las instituciones sociales en formas de sexismo, misoginia y cosificación que desvalorizan la vida y la experiencia de las mujeres y devalúan sus contribuciones a la cultura y al progreso de las sociedades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Subvertir este canon cultural, desnaturalizarlo, exige subvertir las estructuras mismas de la hegemonía cultural. Pero ¿cómo subvertir el orden simbólico? ¿cómo des-historizar este relato? y, sobre todo ¿cómo desaprenderlo?</p>



<p class="wp-block-paragraph">La inquietud ante estas preguntas es el hilo conductor de las contribuciones de este número, hacer de esta inquietud un motivo de reflexión forma parte del compromiso por la igualdad en la cultura que es el objetivo común con el iniciamos este camino. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Conversando con <strong>Alyson Cole, </strong>en la sección de <em>entrevista,</em> hemos descubierto que el concepto de <em>Victimidad</em>, poco conocido en el mundo académico español, ha colonizado el debate de la sociedad americana en los últimos años. El argumento principal es que la sociedad estadounidense está en declive debido al presunto auge de una nueva cultura de la <em>victimidad</em> -auténtica decadencia nacional que ha debilitado al país- y de la que se responsabiliza principalmente a estudios y movimientos sociales étnicos, #BlackLivesMutter y de género, #MeToo.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este argumento de culpabilizar a las víctimas y el sentimiento antivictimista que ha despertado, no se corresponde en el espectro político con un partido en concreto -hasta Donald Trump se declaró hace poca víctima del sistema-; el antivictimismo ha prendido en todo el espectro político norteamericano incluido el intelectual y es necesario comprender las razones de este hecho. <em>El propósito de mi libro </em>-declara la catedrática de filosofía política del Centro de Doctorado de la Universidad de New York (CUNY)-, <em>era explicar este fenómeno: comprender el origen de esta obsesión con las víctimas y, sobre todo, analizar la política del discurso antivictimista. En síntesis, lo que planteo es que dicho discurso sirve para reprimir y silenciar las denuncias de agravios, abusos, opresión, etc… lo cual encaja perfectamente con los objetivos del liberalismo</em>.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">En primer lugar, hay que olvidarse de polarizar el debate sobre las víctimas, a favor del victimismo o en contra. Se trata, como analiza Alyson Cole, de despatologizar a las víctimas y centrar el debate en las estructuras y procesos sociales que crean desventajas, precarizan y vuelven más vulnerables a unos grupos sociales que a otros. La supuesta “fatiga por la compasión” propia del movimiento antivictimismo no es el verdadero problema. <em>El verdadero problema que tenemos que abordar es qué se merecen las víctimas: ¿Qué les debemos a quienes han padecido abusos e injusticia? El antivictimismo nos impide afrontar esta cuestión</em> (…) <em>La vulnerabilidad humana no es una cuestión de riesgo y libre elección, al señalar como factor causante el carácter y/o comportamiento de las víctimas, y no las macroestructuras de la violencia que provocan que unas personas sean más vulnerables que otras</em>. (…) <em>Superar las heridas y combatir la injusticia se convierten en una cuestión individual que hace innecesaria una respuesta externa o una lucha colectiva</em>. Precisamente, continua Alyson, el feminismo nunca ha dejado de enfatizar las condiciones que victimizan a las mujeres ni de formular propuestas de lucha colectiva para la transformación de dichas condiciones. Comprender las causas, restituir la dignidad y devolver el problema a su dimensión estructural.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta cuestión es la misma que está en el fondo del debate sobre la prostitución. Cómo la legalización de la prostitución saca a la luz las formas de la violencia legitima sobre las mujeres en las sociedades patriarcales. La prostitución no es una cuestión individual, de responsabilidad personal o de elección de un modo de vida u otro, más bien es el vacío en la posibilidad de elección de un modo de vida. Dicho de otra manera, hay circunstancias que no son “consecuencia” de la libre elección de las personas y sí de las condiciones reales y materiales de vida en la que se encuentran. ¿Cómo en las sociedades patriarcales llega una mujer a convertirse en mercancía? Justamente este es el análisis que hará <strong>Jacqueline Cruz</strong>, filóloga y especialista en cine y literatura feminista, de la película de Isabel Ocampo, <em>Evelyn,</em> en la sección <em>detrás de la cámara</em>. Un duro retrato de la prostitución alejado del glamour de las películas clásicas de Hollywood; un primer plano de cómo actúa la violencia patriarcal para destruir y someter la voluntad de las mujeres, a través de la brutal inducción de precariedad y vulnerabilidad en sus vidas, lo que acabará destruyéndolas y sometiendo sus planes de vida a la voluntad de la explotación y cómo estos procesos de dominación patriarcal precarizan las vidas de las mujeres hasta reducirlas a un código de barras: pura mercancía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La normalización de la violencia contra las mujeres, su reiteración <em>ad nauseam</em>, como afirma <strong>Laura Freixas</strong> en “¿qué hacemos con <em>Lolita</em>?” y “ La polémica de <em>Lolita</em>”, es el tema que nos lleva a una de las preguntas iniciales: ¿cómo se produce y reproduce culturalmente la violencia sobre las mujeres? ¿cuál es el canon que la legitima?. El análisis de la novela de <em>Lolita </em>nos sirve de ejemplo para deconstruir el canon androcéntrico. Frente a la interpretación clásica de una historia de amor entre un hombre mayor y una adolescente de doce años (!), se propone una lectura con perspectiva de género: ¿es posible la lectura de <em>Lolita </em>como la historia de un pederasta y violador de niñas? Todo clásico, como sostiene Umberto Eco, es una obra abierta, pero el tema no es este. El tema no es si esta obra debe ser juzgada éticamente. Como afirma Laura Freixas, no tiene que ver con <em>pintar un cuadro edulcorado, políticamente correcto, con personajes positivos y acciones moralmente irreprochables</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El tema de este debate es que en la historia de la cultura occidental hay una sobreexposición de un modelo de feminidad construido sobre el deseo masculino que hipersexualiza a las mujeres, las cosifica y las devalúa representándolas reiteradamente desde estereotipos, roles e identidades subordinadas en torno a un modelo de masculinidad fuerte (ciertamente, un modelo de mujer muy alejado de la ciudadanía, con desventajas sociales importantes en el acceso a los recursos y en el posicionamiento en la estructura social), interpretando valores que representan formas propias de la sumisión en la dominación. Y este enfoque cultural reiterado -que no sólo es histórico, sino que es transversal a todos los bienes que produce la industria cultural: desde la última novela policiaca hasta la última serie de Neflix- devalúa a las mujeres y las convierte en objetos de constante acoso y sexismo,&nbsp; es decir, normaliza y reproduce la violencia cultural sobre las mujeres. Y, por tanto, lo que el pensamiento feminista pretende es subvertir el canon que legitima ese modelo de mujer que es violada cada noche. Y esta es una lectura más profunda del texto de Nabokov que la que se queda en la «historia de amor», porque es la lectura de los modelos culturales que representamos desde los bienes culturales que producimos y del abuso de dichos modelos en la cultura occidental. Entonces, como señala Laura Freixas, no se trata de moralizar el arte, se trata de que la novela de Nabokov reproduce la visión patriarcal hasta la náusea.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estudiar cómo las formas de representación cultural ejercen violencia simbólica precisa de un ejercicio previo de política visual que saque a la luz la relación entre formas de representación y sistemas de dominación. De entrada, apuntaremos el hecho de que el patriarcado trabaja las formas de representación cultural como un proceso implícito en sus formas de dominación. Así, ejercer la dominación es estereotipar las representaciones de lo Otro desde la subalternidad; cosificarlo para controlarlo, confinarlo y formatearlo en una representación única, visualizada en y bajo las categorías de la sumisión. En la serie fotográfica de <strong>Natividad Navalón</strong> <em>No lo llamaban hogar, pero era todo lo que ella tenía</em> (2016-2023) que acompañan este primer número de la revista, se muestra una serie de &nbsp; mujeres sin rostro, atrapadas en túnicas, en condición de prisioneras de estructuras patriarcales, uniformadas y formateadas bajo el principio de sumisión. Sin embargo, hay en esta serie elementos inquietantes que cuestionan el relato de la dominación, la puesta en cuestión del discurso heredado; elementos que anuncian que el descubrimiento de los “miedos y los fracasos” traerá nuevas formas de pensar, nuevas formas de combate y rebelión. Para ello, hay que empezar por cuestionar las certezas heredadas ¿alguna vez tuvimos un hogar?&#8230; Las manos cosidas de la fotografía “deberías ser” que es la imagen de la portada de esta revista, nos parece la metáfora visual más clara para representar la violencia cultural en sus formas de invisibilizar y deslegitimar los bienes culturales que producen las mujeres.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Debes conocerlas</em>, precisamente, es la sección de la revista que tienen como objetivo visibilizar las aportaciones de las mujeres a la cultura. Debe su nombre al libro de Marifé Santiago Bolaños y Mercedes Gómez-Blesa, que surge del compromiso común con las creaciones de las mujeres “olvidadas” por el canon, mujeres excepcionales, cuyas obras nos sirve de espejo, inspiración y referencia. <strong>Elena Gallego Andrada</strong>, profesora de teoría de la traducción y traductora del japonés al español, toma el relevo de este compromiso y escribe en esta sección de la revista la biografía de Mitsuko Aoyama, la madre de Europa, mujer humanista y cosmopolita cuya vida sucedió entre la cultura japonesa y la europea y cuya influencia fue un referente en la unidad de Europa.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Tendiendo puentes</em> nos ha llevado hasta <strong>Martha Canseco González</strong>, periodista y experta en violencia simbólica contra las mujeres en los medios de comunicación. Martha Canseco conoce el plus de vulnerabilidad de las mujeres en México. En su historia de vida “una periodista lesbiana y feminista en México” declara su negativa a vivir <em>de hurtadillas y sin hacer ruido</em>. Su biografía intelectual y profesional es un ejemplo de cómo combatir la violencia estructural y cultural: <em>La verdad, no es fácil ser una mujer lesbiana y feminista en México y supongo que tampoco en muchos de los países de Latinoamérica. Por más que te esfuerces por ser la mejor y hacer las cosas bien, pensando que así no te discriminarán y, sobre todo, te permitirán existir gozando de los mismos derechos, lo que obtienes es silencio y omisión, que al fin y al cabo es excluyente.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">El plus de vulnerabilidad que las mujeres llevan asociadas a sus vidas, por el hecho de ser mujeres, es también la tesis principal en el artículo “Esto ha sucedido, una breve reflexión sobre las mujeres víctimas de la shoah” de <strong>Esther Bendahan Cohen</strong>, escritora y directora de cultura del centro Sefarad-Israel. Esther, testigo de los testimonios de los supervivientes del holocausto, narra lo inexplicable que resulta el sufrimiento de personas que por su raza tuvieron que enfrentarse a una violenta extinción. Alguien dijo -refriéndose a la <em>shoah</em>&#8211; que el apocalipsis ya aconteció y sencillamente fue que no estaba equitativamente distribuido. Esta desigual distribución de la violencia es proporcionalmente mayor sobre las mujeres en los conflictos bélicos, como afirma Bendahan: <em>En particular la singularidad del sufrimiento de las mujeres en los conflictos es una manifestación de la pervivencia de factores socioculturales que la siguen manteniendo en situación de vulnerabilidad.&nbsp;</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">“Vulnerabilidad e incertidumbre” son dos vectores que posicionan la condición humana hoy, como sugiere el título del artículo de <strong>Mercedes Gómez-Blesa,</strong> Catedrática de filosofía y ensayista, basado en su último ensayo <em>Estéticas de la ausencia</em> (2020). En él se cartografía la condición humana contemporánea a partir de la pandemia y de la crisis del coronavirus, que nos ha obligado a reflexionar sobre nuestro propio tiempo y cuestionar la insostenibilidad de las formas de producción y su impacto sobre la existencia humana.&nbsp; Tal vez la especie humana sea más frágil y vulnerable de lo que hasta ahora nos ha contado la historia del liberalismo: su relato sobre la naturaleza humana como depredadora con los otros, el lobo que amenaza con despedazarnos; relato sobre el que se articula el contrato social que fundamenta nuestras sociedades. Tal vez, en este contexto histórico, necesitemos otros relatos sobre la naturaleza humana para poder sobrevivir juntos. A partir de la crisis del coronavirus, sostiene Mercedes Gómez-Blesa, hemos llegado a algunas conclusiones sobre nuestro propio tiempo: todos somos vulnerables y nos necesitamos para sobrevivir. Estamos en un escenario y en un momento histórico para pensarnos desde la vulnerabilidad, esta nueva compresión de la condición humana y de su existencia en el mundo nos acerca también a nuevas formas del cuidado: <em>La pandemia nos recuerda nuestra indigencia existencial.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">La precariedad en la escritura es también una forma de indigencia cultural que se hace más real en las mujeres escritoras. En este primer número de la revista de clásicas y modernas no podíamos dejar pasar la oportunidad de testar la realidad y aproximarnos al análisis de las condiciones sociales que pueden ser causa de mayor precariedad de las mujeres escritoras. Como afirma <strong>Laura Palomares Guells</strong> en su artículo “Escritura y precariedad laboral en España: un análisis con perspectiva de género<em>”</em>, hoy en España son necesarias algo más de 500 libras y una habitación propia para ser mujer escritora. Laura Palomares, agente literaria en la agencia Carmen Balcells, analiza dos factores claves que inciden en una mayor precariedad de las mujeres escritoras frente a los hombres. En primer lugar, el menor reconocimiento de los bienes producidos por mujeres, visible en el acceso desigual a la distribución de premios literarios. En segundo lugar, el rol de cuidadora de las mujeres que las apartan de la profesionalización de la escritura. La maternidad, los cuidados y los problemas de conciliación confinan más tiempo a las mujeres en el espacio privado e impiden un mayor desarrollo profesional: <em>La conciliación es agotadora </em>-afirma una escritora entrevistada- (…) <em>No deja de ser significativo que muchas de mis amigas escritoras no hayan tenido hijos. ¿Por qué será?</em> (…) <em>Es dificil compaginar una carrera literaria con la maternidad, especialmente teniendo en cuenta que, en muchos casos, dichas actividades se deben también compatibilizar con sus empleos alternativos remunerados</em>. Si ya es dificil conciliar las tareas del cuidado con un empleo remunerado, la dificultad se triplica cuando, además, hay que buscar horas para desarrollar una carrera profesional de escritora, que precisa no sólo del cuarto propio sino, sobre todo hoy, de la profesionalización y para ello es necesario estar en el sistema cultural y artístico. Bourdieu definió el campo cultural y artístico como un sistema atravesado por posiciones de dominación que se tensiona y entran en conflicto por la posesión de los bienes simbólicos y por el liderazgo de estos bienes. La desventaja histórica de la mujer en este campo de fuerzas, su confinamiento en el espacio privado de la casa y de las tareas del cuidado y las horas de conciliación, le producen desventajas importantes para ocupar posiciones en la estructura del campo cultural.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué debemos cambiar? ¿Qué procesos hemos de cortocircuitar para no reproducir la desigualdad?&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Falla la noche</em>, el poemario de <strong>Noni Benegas</strong>, es un momento de disrupción en la cadena transmisora de la reproducción cultural; un fallo del sistema que pone en evidencia que tal vez la no concordancia entre el objeto y el sujeto sea el instante de verdad o, al menos, el lugar para recuperarnos a nosotras mismas, para sentirnos vivas: <em>el argumento máximo para sentirse viva es sentir que se está perdiendo el tiempo.</em> En esta propuesta de Noni Benegas para <em>Inserto</em>, la sección de la revista dedicada a la creatividad cultural, sentirnos vivas, perder el tiempo, consiste en cortocircuitar la cadena de transmisión de lo aprendido, des-aprenderlo y resistir; a pesar de <em>Los martes de la Salpêtriere &#8211;</em>que es la fotografía que ilustra esta sección<em>&#8211;</em>, a pesar del relato hegemónico que nos formatea o precisamente debido a ello: <em>despojarnos del atributo monstruoso de las profundidades y emerger algo cercano a la armonía, con movimientos reconocibles, tranquilizadores</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Perder el tiempo para recuperarlo, para recuperar el tiempo perdido; en <em>Reflexiones a la orilla del tiempo. Algunos tés imprescindibles</em>, <strong>Marifé Santiago Bolaños</strong>, filosofa, poeta y escritora, nos invita a cruzar a la otra orilla, la del tiempo proustiano, ese lugar desde donde desplegar los recuerdos, desde donde multiplicarse en voces y destinos, nomadizarnos para alejarnos de las voces únicas y de las explicaciones estables. La belleza se descubre a la otra orilla, en la otra orilla está el tiempo tejido con las voces de los amigos y de los recuerdos, el tiempo de la memoria que nos dice quienes somos porque fuimos… En la otra orilla están también los márgenes desde los que nos hemos posicionado en esta revista. Es ahí, en los márgenes, donde surge el pensamiento crítico, la fuerza de la palabra y de la acción, la vulnerabilidad común compartida. Las voces desde los márgenes son sororidades en la frontera que construyen rupturas y se abren a espacios de diálogo frente a los espacios hegemónicos. Los márgenes son los lugares desde los que articular el combate del pensamiento y la palabra.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Cristina Guirao</strong><br>Mayo 2023</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph"><strong>1</strong> &nbsp;Por supuesto que Gramsci no tuvo la perspectiva de género suficiente para analizar la hegemonía cultural de los hombres sobre las mujeres. Esta ceguera de género es consustancial a casi todos los intelectuales que teorizaron sobre el poder en los siglos XIX y XX: ni Karl Marx, ni Gramsci, ni Michel Foucault, por citar tres ejemplos bien representativos del análisis del poder y sus formas de dominación desde lo económico, lo político y lo simbólico, abordaron la cuestión.</p>



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<figure class="alignleft size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="450" height="300" src="https://desdelosmargenes.com/wp-content/uploads/2023/03/Cristina-Guirao.jpeg" alt="Cristina Guirao" class="wp-image-563" srcset="https://desdelosmargenes.com/wp-content/uploads/2023/03/Cristina-Guirao.jpeg 450w, https://desdelosmargenes.com/wp-content/uploads/2023/03/Cristina-Guirao-381x254.jpeg 381w" sizes="auto, (max-width: 450px) 100vw, 450px" /></figure>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>Cristina Guirao</strong> es profesora titular de sociología en la Universidad de Murcia. Catedrática de filosofía en EE.SS., en excedencia. Ha sido directora del máster de gestión cultural UMU, directora del seminario pensamiento y cultura y coordinadora general de cultura en el vicerrectorado de cultura de la Universidad de Murcia. En la actualidad secretaria general de Clásicas y Modernas, asociación para la igualdad de mujeres y hombres en la cultura. Editora de la revista <em>ContraNarrativas</em> (CENDEAC), Nº2, sobre Vulnerabilidad/Fragilidad y autora de numerosos artículos sobre sociología de la cultura y del arte. Es ensayista y escritora, su último libro <em>Crónicas a contrapelo</em> (2022) ediciones Newcastle.</p>



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