Entrevista a Yolanda Soler, actual directora del Instituto Cervantes de Amán*. Escritora y poeta
S.C. ¿Cómo puedes explicar tu relación con la literatura?
Y.S. Para mí, los libros han sido la salvación de mi vida, porque tuve dificultades de aprendizaje. Me diagnosticaron dislexia cuando era pequeña, y aunque leía mucho, no era capaz de escribir, me costaba muchísimo. Mi padre fue al colegio de monjas al que yo iba, y le recomendaron que lo mejor en mi caso, era que me llevara a un sitio para aprender a bordar, porque no había nada que hacer. Solo tenía ocho años. Mi padre les hizo caso, pero al revés. Achacó la falta de capacidad de escribir a posible falta de vocabulario, y me dijo: “Tú vas a leer un libro todas las semanas”. Empecé leyendo un libro cada semana, luego dos y al final tres. Le pedía a mi hermano la paga para gastármela en libros. Siempre he vivido entre libros, con la idea de que escribir era un sueño alcanzable.
La gente que escribía eran personas que vivían en otro mundo para mí. Para mí, era mucho más sencillo pensar en convertirme en astronauta o médico. Pero la vida te lleva por caminos inesperados. Durante mi adolescencia, mi padre me animó mucho, y como me encantaban los viajes y me había criado en hoteles, me sugirió el cuerpo diplomático. Esta idea me gustó, ya que, por ejemplo, en el caso de la política de Allende, la agregaduría cultural, la llevaban a cabo diferentes escritores. Así que empecé a pensar en estudiar derecho para luego entrar a la Escuela Diplomática. Una vez matriculada, sin embargo, iba a las clases de la facultad y, en vez de atender, me ponía a leer sobre la soledad en la poesía de Luis Cernuda. Un día decidí que no, que aquello no era lo mío. Al mismo tiempo, yo ya había empezado a trabajar en un periódico, donde hacía crónicas y columnas. Fue aquí donde me recomendaron que empezara Filología, que me vendría bien para este oficio. Y eso hice, me matriculé en Filología Hispánica y, al final, terminé enseñando español para extranjeros, lengua y cultura, y hasta me doctoré.
S.C. ¿De qué hiciste tu tesis doctoral?
Y.S. Hice el doctorado sobre un poema perdido de José Hierro. Seguí toda su trayectoria hasta llegar a ese poema inédito que había visto. Hierro me enseñó el poema tras un viaje a Nueva York, donde había viajado precisamente para investigar sobre su “Cuaderno de Nueva York”. Estoy hablando del año 2000. Cuando Pepe murió dos años después, aún seguía escribiendo ese poema, pero desapareció mientras él estaba en la clínica. Su nieta Tacha le llevaba folios a la clínica y había unos 40 borradores de un poema largo llamado «Polaco y Caleidoscopio». El poema se extravió y luego recuperamos parte de los borradores. Reconstruí el primer movimiento del poema para mi tesis. Hierro fue muy coherente en su visión poética, presentando reflexiones sobre la poesía en cada uno de sus libros. Aunque parecía fácil, había mucho trabajo detrás, con numerosas versiones de cada página.
S.C Tu trabajo de directora de un Instituto Cervantes te llevará tiempo, pero tienes muchísima obra publicada. ¿En qué, o bajo qué circunstancias escribes?
Y.S. Desde que estoy en el Cervantes, escribo muy poquito. Soy muy lenta escribiendo. Un poema que se llama «Lección de Geografía» lo empecé a principios de 2002 y no lo terminé hasta 2010, y solo tiene 15 versos. José Ángel Cilleruelo, un crítico y poeta, me dijo que el poema parecía esculpido en piedra. Yo lo describí como esculpido con un palillo, porque me llevó muchos años. Tengo un poema en la cabeza hasta que no lo termino. No conduzco por la dislexia, así que pienso en los versos mientras hago otras cosas, como ir en el coche, o cocinando. Con las novelas, también tardo muchos años. «Negra Caridad» me llevó 17 años y mucha investigación. No siempre me siento a escribir, a veces pasan años sin que escriba una línea. Ahora, también he retomado la prensa, escribo columnas de opinión y algo sobre el mundo árabe. Escribo a ratos sueltos porque no duermo bien, me acuesto temprano, pero a las 3 o 4 de la mañana ya estoy escribiendo y leyendo la prensa. Escribo en cualquier sitio.
S.C. ¿Hay alguna figura femenina, ya sea un personaje literario o una mujer real, que te haya inspirado o guiado en tu ambición de escribir y publicar?
Y.S Desde que tenía 8 años, Madame Curie fue mi modelo a seguir en muchos aspectos. Incluso ahora, hablar de ella sigue emocionándome profundamente. Además, tuve la oportunidad de vivir en Polonia y de conocer de cerca esa Polonia que aún pervive en la memoria colectiva. Esto fue un elemento clave para mí, aunque Madame Curie era científica, su influencia fue fundamental. En cuanto a personajes literarios, como muchos de mi generación, devoraba novelas. Uno de los personajes que más me marcó fue Jo de «Mujercitas», la joven escritora. Para mí, escribir ya era algo natural. De hecho, tengo una novelita que escribí cuando tenía 11 años, con capítulos y todo. Recuerdo que los fines de semana nos íbamos al hotel que tenía mi padre en el sur de Gran Canaria, y yo me iba a un local que teníamos allí y me sentaba a escribir. Escribí alrededor de 20 capítulos de una historia que, con los años, se convirtió en «La cueva de Lezama», una de mis novelas infantiles. Aunque la trama cambió, ese primer proyecto me sirvió mucho para desarrollar el punto de vista de los personajes y entender cómo pensaban y sentían.
S.C. Hemos hablado de tu faceta como escritora, algo que me interesaba mucho porque entiendo que la mayoría de las entrevistas que te hacen se centran en tu trabajo como directora del Instituto Cervantes. Sin embargo, yo quería conocer la relación de Yolanda con la cultura en primera persona. Ahora, pasando a tu rol como directora de una institución tan importante como el Instituto Cervantes, has estado en diferentes localizaciones ¿Cómo reflexionas acerca de tu trabajo en cuanto a la divulgación y difusión del conocimiento de la lengua española, específicamente en un lugar como el Líbano? ¿Qué es lo que estás haciendo, qué proyectos estás llevando a cabo y cuál es la filosofía detrás de todo esto?
Y.S. La llegada al Cervantes el 2005 fue bastante fluida en mi caso porque ya tenía experiencia en tareas similares, coordinando los cursos de español para extranjeros en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Esta experiencia previa me permitió manejar con facilidad la misión del Cervantes, que es promover la lengua y la cultura de los países de habla hispana. He dirigido las sedes de Mánchester, Varsovia, Marrakech y Beirut, mandato que se acaba este verano.
En el Líbano, nuestra labor se ha centrado en promover el estudio del español, difundir la cultura hispana y colaborar con embajadas de países hispanoamericanos. Nuestro objetivo es tender puentes entre las culturas y la creación literaria de España, América Latina y Líbano. Por ejemplo, publicando a poetas que han ganado el Premio Cervantes, traduciendo sus obras al árabe, o a través de programas de formación de traducción literaria. Convocamos una serie de concursos de traducción y edición, y seleccionamos una serie de traductores que trabajan con el profesorado durante un año. Finalmente, cada traducción se publica en la colección “Poetas Cervantes en árabe”. Sirve para difundir la obra de nuestros autores y para dar a conocer a la nueva generación de la traducción literaria español-árabe. Encontrarás poemas de Ida Vitale, José Emilio Pacheco, Álvaro Mutis, María Zambrano, José Hierro y Gonzalo Rojas.
También hemos lanzado la colección de libros “Cuadernos de Baalbek”, de formato bilingüe, donde hemos incluido la obra de los poetas libaneses Talal Haidar o de Said Akl, que no se había traducido al español todavía.
S.C. ¿Y cuál es el perfil del alumnado?
Y.S. Líbano es un país muy dinámico, con una población muy culta. Tienen una verdadera obsesión por formarse. Hasta que empezó la crisis, la escuela pública libanesa y las universidades tenían un nivel excelente. Nuestro alumnado, antes de empezar a aprender el castellano, ya hablan árabe, francés e inglés. Cuando yo llegué al Líbano, había 40 universidades, entre públicas y privadas. Ten en cuenta que este país tiene el mismo perímetro que la provincia de Almería. El afán por la excelencia. Y en cuanto al número de mujeres y de hombres, entre nuestro alumnado, tenemos un número bastante más elevado de las primeras. Te diría que el 75% son alumnas.
S.C. ¿Cómo entiendes tu papel como directora de una institución cultural, en tanto que facilitadora de la igualdad, que es el centro de este tercer número de Desde los Márgenes?
Y.S. Al margen de quién se ocupe de la dirección, somos personajes queridos. El nuestro es un trabajo muy agradecido, porque no solo enseñas, sino que aprendes. Las personas que acuden a un Instituto Cervantes no conocen la lengua, pero te van aportando su cultura, su mirada y sus reflexiones sobre el mundo que van conociendo. Yo considero que nuestra labor es la de facilitar, como decías, pero también la de conectar. Es muy emocionante ver cómo esas personas que tú pones en contacto bajo el paraguas de una institución estrechan lazos y organizan algo espontáneo, como un concierto, por ejemplo, como el que hemos tenido recientemente del cantautor Carlos Domínguez con la soprano Hayfa Nour Yeghlayan, o el que organizaron Caco Senante y Vicente Borland con Maher Saidi en el espectacular Templo de Baco en Balbeek. Estos días, pensando en esta entrevista, me acordaba de una iniciativa preciosa que pusimos en marcha cuando estuve en Varsovia, con las poetas Concha García y Marta Eloy-Cichocka, que se llamaba Poetas en la red. Consistía en crear un blog de poesía abierto a poetas españolas y polacas de todas las edades, y luego organizamos un encuentro presencial en la sede del Cervantes en Varsovia, donde se pudieron conocer. Fue precioso.
Para mí, algo fundamental, es que hagamos cosas de largo aliento, cosas que queden. Por ejemplo, las colecciones de traducción, los conciertos que organizamos todos los años en el Templo de Baco para celebrar el Solsticio de Verano, que es el día internacional de la música, y en ese espacio, reunir músicas libanesas y españolas. Crear líneas, y que la dirección de una institución no se limite a “yo simplemente pasaba por aquí”. Yo lo tengo muy claro.
S.C. Qué importante lo que dices.
Y.S. Y en mi próximo destino, que es Jordania, mi objetivo será el de continuar la relación entre el mundo árabe y el hispanohablante de manera tangible, con proyectos de traducción, por ejemplo.
S.C. Me gustaría reconocer, antes de despedirnos, la singularidad de dirigir una institución extranjera en un espacio de conflicto.
Y.S. Sí, la verdad es que es muy diferente. Pero puedo decir que el Cervantes en Beirut nunca ha cerrado, ni cuando se destruyó el edificio por la explosión del puerto, ni con la revolución, que teníamos las protestas en la puerta. Si había cualquier impedimento para acceder, rápidamente trasladábamos todo al entorno online. Se puede decir que aquí empezamos con el famoso Zoom antes de la pandemia. Aun así, antes de decidir dar las clases online, las alumnas sorteaban las manifestaciones para llegar. La sociedad libanesa se rompe y se recompone todo el tiempo.
*Esta entrevista se realizó en julio de 2024, momento en el que Yolanda Soler todavía dirigía el Instituto Cervantes de Beirut.

Yolanda Soler Onís (Comillas, 1964) es una escritora y periodista, Doctora en Filología Hispánica y posgraduada en Dirección y Gestión de PYMES. Desde 2005 ha dirigido varias sedes del Instituto Cervantes (Mánchester, Varsovia, Marrakech, Beirut y Omán), recibiendo en 2014 la Cruz de Oficial de la Orden del Mérito Civil y en 2017 la Orden al Mérito Docente y Cultural «Gabriela Mistral» del Gobierno de Chile. Es autora de diversos poemarios, novelas y trabajos sobre didáctica de la lengua y literatura, destacando premios como el José Hierro de Poesía y el Premio Tristana
