Marina Garcés. «La pasión de los extraños. Una filosofía de la amistad»
Marina Garcés. La pasión de los extraños. Una filosofía de la amistad, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2025.
En su último libro, Marina Garcés ensaya una filosofía de la amistad, enfrentándose a los prejuicios que rodean a esta relación fraterna, auspiciados por los tratados morales del mundo clásico, la psicología moderna e incluso los manuales de autoayuda, que la definen como una relación que busca maximizar los beneficios para el sujeto, en tanto procura una mayor dosis de felicidad, de estabilidad emocional e incluso de una mejor salud. La filósofa catalana cuestiona esta supuesta psicologización de la amistad que nos invita a una gestión emocional ventajosa para cada individuo a través de las relaciones con los demás. Se pregunta si no podríamos vivir vidas perfectas perfectamente socializadas a través de la pareja, la familia, el trabajo o nuestras aficiones, y no tener nunca ningún amigo. ¿Qué papel desempeña la amistad en nuestra vida?
Garcés nos recuerda que es la única relación social estable que no tiene ninguna finalidad, a diferencia de otro tipo de lazos como el matrimonio o las relaciones paternofiliales. No hemos inventado ninguna institución para la amistad. No nos inscribimos ni nos registramos, tampoco firmamos ninguna ley ni ningún contrato para ser amigos. La única finalidad de la amistad es vincularnos con otra persona porque sí, porque nos gusta su compañía, sin ningún otro objetivo. Hemos desarrollado con ella un apego gratuito, desinteresado. De ahí la extrañeza de la amistad, de esa relación que no nos viene impuesta ni por lazos de sangre, ni por relaciones laborales, ni políticas. Es un vínculo basado en la libertad que nace de la simple simpatía, de compartir tiempo que genera vivencias y construye la memoria narrativa de nuestra biografía.
El valor y la magia de la amistad se comprenden todavía mejor si tenemos en cuenta el carácter mercantilista de la mayoría de las relaciones que se establecen en el marco de una economía neoliberal. Hay una capitalización e instrumentalización de los afectos que determina el curso de las relaciones: solo prosperan aquellos vínculos que implican un rédito, una ganancia. En este mundo productivo, iniciar una amistad que no busca beneficio alguno, más allá de la gratificación de una aventura compartida, es un verdadero acto de rebeldía y también de resistencia frente al pragmatismo contemporáneo. La pandilla de amigos ejerce casi de guerrilla frente a lo inhóspito de nuestra realidad. Valores como la honestidad, la fidelidad, la ayuda mutua, básicos en un grupo de amigos, siembran la esperanza de que puedan ser extrapolables a una comunidad más humanizada. Recordemos que el viejo Aristóteles en La Política señalaba que lo que hace a una polis ser una verdadera ciudad no son las transacciones económicas entre sus miembros, ni la comunidad de territorios, ni tener un mismo un ejército. «La decisión de vivir en común es amistad», afirmaba. El origen de la ciudad son los lazos afectivos que desembocan en el deseo de compartir un espacio común, de convivir.
Por otro lado, la amistad es un concepto dinámico, expuesto al cambio en el devenir del tiempo. Ninguna amistad es fiel a sí misma, pues la propia vida va cambiando el curso de la relación, incluso hasta llegar a borrarla, a veces, por razones incomprensibles. La amistad corre paralela al fluir vital: es una experiencia de transformación y de encuentro con el otro.
Hablar de la amistad en el momento presente cobra todo su sentido porque, paradójicamente, a pesar de ser la era de la hiperconexión y de las redes sociales, que supone una perenne exposición al otro, aumenta, sin embargo, el sentimiento de soledad y el miedo a perder las pocas relaciones auténticas que disfrutamos. Somos islas en continua comunicación, pero sin generar un verdadero enlace. Las redes sociales fomentan esta ficción de estar siempre rodeados de gente, en comunidad de amistades que desaparecen cuando más las necesitamos. Se da una banalización de la amistad.
Al experimentar esta precariedad social, esta falta de nexos esenciales, los únicos vínculos que se establecen son desde arriba, desde la figura de un Dios compartido, de una ideología política común o de un evento masivo. Pero estas relaciones no son relaciones entre iguales. Se puede dar la amistad entre diferentes, pero su condición de posibilidad viene marcada por la igualdad. Mis amigos y amigas lo son en la medida en que son mis iguales y no mantengo una relación jerárquica con ellos. Cabe preguntarse, entonces, ¿qué posibilidad tiene la amistad en un mundo que siembra cada vez desigualdades más extremas? Ni el tirano ni el esclavo tienen amigos porque generan una distancia insalvable con el otro. En ese caso, solo sería posible un gregarismo basado en la indiferencia y despreocupación de la otredad. El otro deviene en un ajeno.
Son malos tiempos para la amistad en una sociedad marcada por el uso y abuso del otro, por un hambre de tiempo (Time-famine) que nos lleva a vivir en un angustioso estado de urgencia que escatima el tiempo para los demás, pero no podemos caer en la derrota de su imposibilidad, no podemos renunciar a la pasión que nos atrae y nos sigue acercando a los extraños.

Mercedes Gómez Blesa es doctora en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid y ensayista. Ha centrado sus investigaciones en la obra de las intelectuales y artistas de la Edad de Plata y, muy especialmente, en la de María Zambrano, autora a la que ha consagrado el ensayo La razón mediadora: Filosofía y Piedad en María Zambrano (2008), con el que obtuvo el Premio Gran Vía de Ensayo y ha realizado la edición crítica de muchos de sus libros. En 2007 publicó Las Intelectuales Republicanas: la conquista de la ciudadanía (2007). Realizó en 2018 la edición crítica de La mujer Moderna y sus derechos de Carmen de Burgos y dio a conocer Modernas y vanguardistas. Las mujeres-faro de la Edad de Plata (2019). La llegada de la pandemia y sus consecuencias inspiraron su ensayo Estéticas de la ausencia (2021). Es patrono de la Fundación María Zambrano y miembro de Clásicas y Modernas. Es la nueva directora de las Obras Completas de María Zambrano.
