3. ENTREVISTA Número 4

Entrevista a Ana López Navajas

Ana López Navajas es doctora por la Universidad de Valencia, investigadora y profesora. En la actualidad coordina el proyecto europeo Women´s Legacy, del que nos hablará en esta entrevista. 

  • Querida Ana, ¿en qué consiste el proyecto Women ‘s Legacy?

Women’s Legacy es un proyecto europeo que pretende dar respuesta a una necesidad europea, global y común: la restitución de las contribuciones culturales de las mujeres para incluirlas en el lugar que les corresponde en los contenidos educativos de cada país, así como el reconocimiento de su papel de sujeto protagonista de la cultura y de la historia. Este proyecto contribuye de manera decisiva a esa inclusión de las mujeres y su legado, y busca  promover un cambio significativo en la transmisión de la cultura en las aulas que restituya el legado cultural e histórico de las mujeres y les otorgue el protagonismo social que siempre han tenido, corrigiendo la deslegitimación social que provoca esta ausencia de referentes, con el propósito de construir una cultura verdaderamente universal facilitando el conocimiento de todo ese patrimonio cultural a través de la educación y así contribuir, desde la base, a la erradicación de las desigualdades de género.

Para ello, ofrece instrumentos de intervención didáctica que faciliten la inclusión de mujeres y obras en los contenidos educativos europeos de todos los niveles. 

Estos instrumentos son una web de recursos, tres catálogos de literatura, arte y música      con figuras y obras de autoras,  así como una formación en ciencia y tecnología para actualizar los contenidos de esas materias. 

Son recursos en línea, en abierto y accesibles, que sirven para corregir la visión androcéntrica de la cultura transmitida a través de los sistemas educativos y transformar la visión de mundo que se transmite. 

  • ¿Cómo y por qué surgió la idea? 

Surge a partir de mis clases de literatura, hace ya muchos años, cuando fui comprobando que en los manuales no había casi escritoras, incluso las más conocidas, y que esto pasaba de forma sistemática.  Cuando consultas artículos y estudios, te das de bruces con que las creaciones literarias de autora existen desde la más remota antigüedad y de forma constante, conformando una tradición muy rica, profundamente transformadora. Sin embargo, la excepcionalidad con las que se las presenta y la ocultación de sus obras nos impiden conocerlas. Sin ellas desde luego que no es posible entender la cultura en ningún aspecto. Entonces empecé a interesarme activamente por estos referentes, también en otras áreas: arte, música, ciencias y tecnologías, pensamiento, deporte… y en todas se repetía el mismo esquema: siempre había presencia continuada de ellas,  en todas las épocas, pero no aparecían en los manuales ni escolares ni universitarios. Ahí  me fui dando cuenta de hasta dónde llegaba esa distorsión del relato cultural que compartimos, ese que damos por universal, pero que es completamente parcial y falto de rigor porque solo está focalizado en ellos. Esto lastra de forma tremenda la cultura común de mujeres y hombres, con importantes implicaciones de orden cultural social y educativo. Entendí que se debía realizar una investigación para conocer  la situación en el material didáctico de la etapa educativa que afectaba a la totalidad de la población. A partir de ese análisis se pudo poner de relieve las implicaciones de esa ausencia y, sobre todo, empecé a darme cuenta de que había que hacer algo más que visibilizar a las mujeres y que era necesario comenzar a pensar en un sistema de inclusión que respondiera a las carencias manifestadas en la investigación, transformara ese relato y permitiera ofrecer claves más realistas y rigurosas de interpretación cultural, social e histórica. 

Una larga tradición de estudios feministas y de género, de estudios de mujeres que han sacado a la luz figuras y producciones en todas las áreas, ha dejado firmemente aquilatada esa rica tradición de producción femenina en todas las áreas. En ellas nos basamos, pero falta conocerla e integrarla en el discurso cultural, en las referencias que nos explican. De ahí surgió la idea de comenzar a trabajar en el nivel educativo más básico y general de todos, el que alcanza a la totalidad de la población: la educación obligatoria. Y en un espacio de intercambio real, de transferencia cultural: el aula. Y desde esa posición, comenzamos a pensar qué necesitaría el profesorado y qué le vendría bien. El diseño de los recursos nace de ahí, el del proyecto, de la necesidad de transformar un ámbito, el del relato cultural en los niveles educativos y académicos, que no se aborda suficientemente. No se percibe con claridad la distorsión que produce la ausencia de mujeres y sus obras.

  • ¿Cómo se puede acceder al banco de recursos y otros materiales?

Eso es muy fácil. En la web de difusión del proyecto europeo Women’s Legacy, en la pestaña de Recursos en abierto, está el acceso directo a la web de recursos  y los catálogos de arte, de literatura y de música con las figuras y obra de autoras. Es de acceso libre y gratuito, abierto a todo el mundo. De hecho tienen una licencia que permite usarlo como se quiera: traducirlo, coger fragmentos, usar los textos o audiovisuales para cualquier publicación didáctica o no, para lucrarse con ello, para todo, porque consideramos que ya han estado demasiado tiempo esas producciones sometidas a un sistemático ocultamiento y mistificación como para poner ahora nosotras más trabas. Además,  tenemos obra original creada para la web como la primera traducción al castellano y al catalán de fragmentos de la obra de Metrodora [https://buscador.womenslegacyproject.eu/catalog/100000011_es ]del siglo IV o traducciones de poemas realizados para la web, como la antología de la poeta griega contemporánea Kikí Dimulá. Todo el material lo tenemos en abierto a disposición absoluta de quien quiera usarlo y como quiera usarlo. Solo debe citar la fuente, eso sí.

Por eso proporcionamos la obra directamente o, cuando abordamos la biografía, siempre está enmarcada en un contexto de creación femenina. No hay ni una sola mujer que aparezca sola. Siempre está en un colectivo de mujeres que crean coetáneas. Da igual que sea en el 500 a.C., el 1.300 o la actualidad. Aquí está el ejemplo de Aglaonice de Tesalia, con sus contemporáneas en un antigüedad que nos han hecho creer sin mujeres Una a una conformamos un mosaico de creación colectiva femenina en todas las épocas y áreas, que es una de las mejores herramientas contra la excepcionalidad que se las presenta. 

Todas ellas están siempre enmarcadas en movimientos socio-culturales, tanto los más desconocidos protagonizados principalmente por las mujeres, como los      conocidos -Románico, Renacimiento, Ilustración, movimiento obrero…- donde ellas impactan y hacen cambiar la definición de ese movimiento. Ejemplo de ello es el arte textil en el románico que, con el Tapiz de Bayeux o el Tapiz de las benedictinas en Girona, en manos femeninas, convierte al Románico en otro tipo de movimiento cultural, que integra a través del arte textil la producción femenina, y no solo se centra en retablos e iglesias.  Otro ejemplo puede ser el movimiento obrero, que pasa a tener también otros intereses que integran las necesidades de las trabajadoras, otras líderes y otras actuaciones. Incluimos también los importantes movimientos protagonizados por ellas, los que no se suelen nombrar: la querella de las mujeres, del que no se ha conseguido entender todavía su importancia como la fuente del feminismo que surge tras la Revolución francesa, la cultura de los salones, las beguinas… Todo ello son bases para crear otro relato cultural. Para ello ofrecemos también la obra original de las autoras, que es tremendamente desconocida o conocida muy superficialmente. Son obras que, a pesar de su importancia, no consiguen pasar al canon y formar parte de nuestras referencias y claves interpretativas: poesía, pintura, música. Paralelamente incorporamos otros géneros en los que ellas han creado y no han sido considerados y también otra periodización. Aún cuesta entender que la Edad Media, por ejemplo, fue un periodo más amable para las mujeres que la Edad Moderna.

El mero uso del banco de recursos es muy positivo porque contribuye a conocerlas..

  • Uno de los hallazgos iniciales fue que solo el 7–8 % de los referentes culturales en los libros de texto eran mujeres. ¿Cómo crees que afectó esta invisibilización en la construcción del imaginario colectivo y concretamente al proceso de aprendizaje del alumnado?

Fue, en concreto, el 7,6%. Se analizaron referentes masculinos y femeninos de todas las materias de 1º a 4º de ESO. Había sobre 1.000 mujeres para más de 15.000 hombres. Quedó muy claro de qué hablamos en la educación: de hombres, de sus hechos e intereses. Y este relato lo presentamos como universal. Así, de esta manera, forjamos, desde las aulas, un imaginario colectivo que naturaliza las desigualdades y que considera implícitamente a los hombres los auténticos protagonistas de la cultura y la historia. Nada más lejos de la realidad. Si bien las mujeres han estado sometidas desde hace  unos 4000 años (un periodo no muy largo en perspectiva histórica y además de forma desigual según las épocas) a mayores constricciones sociales, menor acceso a la educación, a los espacios de poder, al espacio público o la profesionalización (cuestiones todas ellas derivadas de la organización patriarcal), ellas han contribuido desde esta posición y de forma sustancial a la cultura y la sociedad. Esta ausencia se da en la educación obligatoria y se extiende a la formación   universitaria, que ve lastrada su docencia y su investigación por la falta de incorporación de esas obras y la perspectiva que aportan. 

Las implicaciones de nuestro primer estudio son muy importantes. A nivel cultural pone en evidencia el tremendo sesgo androcéntrico de la cultura,  que escamotea buena parte del patrimonio cultural común, el producido por las mujeres y es causante de una pérdida y empobrecimiento cultural considerable. Tanto mujeres como hombres somos víctimas de esa pérdida cultural porque a todos nos hurta conocimiento y saber. Este enfoque constreñido nos lleva a otro falseamiento, a considerar “universal” lo que no es más una cultura parcial, masculina, occidental y blanca.

A nivel social, esta ausencia constituye uno de los elementos de deslegitimación femenina más importantes: a quien no se le reconocen las aportaciones culturales, no se le concede valor social. Así las mujeres salen de la educación con la conciencia clara de su secundarización social. No son iguales los que son protagonistas de todos los hechos y producciones que las que parecen no haber hecho nada, puesto que no está recogido en los materiales didácticos.  Esto asienta todas las discriminaciones: desde la violencia de género hasta el techo de cristal. Por último, la educación falla porque no forma atendiendo a la igualdad de oportunidades, pero además se presenta como carente de rigor al no incluir  estos referentes en los contenidos de las diferentes materias. Esto es algo que no se puede permitir el sistema educativo porque el alumnado termina sus estudios con la enseñanza implícita de la desigualdad.

  • Uno de los grandes retos de proyectos como este es pasar de la innovación a la institucionalización. ¿Qué barreras ha encontrado Women’s Legacy para integrarse de forma estructural en los sistemas educativos europeos? 

Hemos determinado una metodología de inclusión de obras y figuras que ha permitido incluir estos referentes femeninos en los contenidos curriculares del sistema educativo español. Este sistema, además, es transferible a cualquier otro sistema educativo, lo que facilita la transferencia y la institucionalización. Trabajamos con las leyes de educación de cada país para permitir, justamente, su cumplimiento. Cuando uno de los objetivos de estas leyes plantea conocer las “referencias culturales básicas” o bien las nombramos también a ellas o, sencillamente, lo hacemos mal. Por no hablar de educar en igualdad  de oportunidades. Este esfuerzo para sistematizar la inclusión, que lleva detrás todo un entretejido de mujeres y contenidos, ha encontrado buena acogida institucional por parte de algunos gobiernos, como ha sido el Ministerio de Educación de España, de Francia o de Bélgica o la Dirección General de Educación y Cultura de la Comisión europea que nos ha facilitado la difusión entre algunos ministerios europeos.

Esta metodología de inclusión sigue tres pasos: 

  1. Se relacionan los contenidos básicos de la materia o el área que se trabaja. 
  2. Se incluyen las mujeres en los diferentes contenidos a través de sus logros o actividades específicas 
  3. Por último, las propuestas didácticas de aula se centran en la materia, no en la figura, es decir, se hace ciencia (o arte o lo que sea) CON ellas, pero no se habla DE ellas. Se coge su obra o sus producciones y se mencionan a bien en el enunciado o se trabaja con su obra, pero el foco está siempre en la materia, no en la figura que aparece en función de la temática tratada. Este enfoque que parece simple proporciona un cambio de timón considerable a la forma de tratar a las mujeres en los contenidos.

Sin embargo, este sistema no ha podido tener el recorrido previsto porque nos hemos topado con agentes políticos que han frenado este camino. Así, desde el gobierno del PP valenciano no solo han cancelado el proyecto, sino que nos retiraron los fondos concedidos para la realización del 1º Congreso Internacional Women’s Legacy cuando este ya estaba organizándose e impidieron que fuéramos al Parlamento europeo a presentar el proyecto, como se había hablado antes del cambio de gobierno en la Comunidad Valenciana. No solo eso. Estamos haciendo formación en centros educativos y universidades: seminarios, cursos de actualización curricular o sobre metodología de inclusión, pero en Valencia, ya nos han cancelado tres cursos porque llevan el nombre Women’s Legacy. 

Estas actuaciones suponen un freno al impulso y las dinámicas que se han puesto en marcha -aunque todavía no han conseguido pararnos-, pero el camino de la innovación a la institucionalización está previsto y ha sido visto con claridad por algunos gobiernos. 

  • ¿Nos podrías comentar las alianzas internacionales y cómo han funcionado en términos de transferibilidad de materiales y perspectiva de género? ¿Qué destacarías del trabajo en red? 

Las principales colaboradoras las tenemos en Lituania, Escocia y Jordania donde las redes de trabajo han permitido ir trabajando en catálogos las obras de autoras de cada territorio. Con mucho por hacer todavía -llevamos un sistema de supervisión de fichas también muy estricto- vamos recuperando ese patrimonio en culturas y lenguas a medida que se incorpora profesorado de ese país. Las obras artísticas o aportaciones científicas de estas autoras, como ejemplo de la ciencia en el mundo árabe, desde la matemática Lubna o la inventora Mariam al-Asturlabi en el siglo X hasta la ingeniera biomédica Habiba Sayeed, en el XXI, o de la pintura flamenca con Catalina Van hemessen, Judith Leyster, Rachel Ruysz o Clara Peeters, todas ellas van dibujando una cartografía en cada área sorprendente y preciosa. Ahora estamos trabajando también con colegas árabes (Jordania, Egipto o Marruecos) y africanas (liberianas y ugandesas). Hemos formado al profesorado de secundaria liberiano en la actualización científica y el uso de los recursos didácticos, con referentes africanas. La web de recursos con los referentes y las obras de las mujeres, está en tres lenguas (castellano, catalán e inglés), en el nuevo proyecto lo íbamos a ampliar a francés y árabe. Esto amplía el alcance de los recursos. La restitución de ese patrimonio, conocer y acercarnos a sus palabras y creaciones es una de las principales aportaciones que se ofrecen. 

El trabajo en red está centrado en colaboraciones de carácter voluntario que se van sosteniendo con el interés de las personas que participan, de forma eventual o un poco más continuada. Son redes fluidas, centradas en grupos de trabajo por áreas, sobre todo nacionales, pero que se convierten en transnacionales con el desarrollo del proyecto. Estos equipos no solo son grupos de trabajo, sino también de aprendizaje donde se comparte información y comentarios y al ser amplios tienen una capacidad de anclaje y permeabilización considerable. Destacaría ese trabajo colectivo que va desarrollándose con un equipo que puede ir desde 100 hasta casi 300 miembros, donde caben todas y todos que estén interesados en participar.

  • El proyecto ha sido nominado al Premio UNESCO. ¿Qué significa este reconocimiento para ti a nivel personal y profesional? 

Creo que es, sobre todo, un reconocimiento al trabajo de todas las participantes porque esto es un proyecto colectivo conformado por las personas que han ido participando desde el principio. Pero es bueno, sobre todo, porque reconoce la necesidad de la reconsideración y la legitimación de todas estas mujeres con las que se conforma una cultura global y una genealogía del conocimiento muy diferente a la que hemos aprendido y seguimos compartiendo. Y reconocen la necesidad de la inclusión en un sistema educativo lastrado por el androcentrismo cultural.

  • ¿Cómo viviste la decisión de la Conselleria de cancelar el proyecto y cómo afectó al equipo y a las redes colaborativas? ¿Qué estrategias se activaron para asegurar su continuidad?

La decisión de Conselleria de cancelar el proyecto, que les obligó a devolver los 400.000 € que habíamos conseguido de la Comisión europea, supuso un golpe importante. En ese proyecto cancelado estaba previsto transferir el sistema de inclusión de referentes femeninos a la educación francesa, contando con la colaboración activa del Ministerio de Educación francés. Asimismo íbamos a incorporar la rica tradición de las mujeres árabes, contando con la colaboración de las socias jordanas, y a traducir la web de recursos y los catálogos al árabe. Contábamos con universidades y asociaciones en Egipto, Qatar, Emiratos árabes, Marruecos y Túnez y. desde luego, era una oportunidad importante para recuperar esa extensa tradición cultural que viene desde el siglo V, con miles de mujeres y legitimar la posición social de las mujeres árabes.  

Con la cancelación, el trabajo de los equipos y las redes colaborativas entre países  que con esfuerzo habíamos puesto en marcha entre instituciones de Lituania, Francia, Escocia, Jordania o Italia se redujo bastante. Sin embargo, no dedicamos mucho tiempo a los lamentos. Solicitamos una subvención al Instituto de las Mujeres que nos permitió seguir con el desarrollo y mantener los equipos en España. También se abrieron nuevos espacios de colaboración y en el último año hemos colaborado con la Ministra de Educación de Liberia para realizar una formación sobre actualización de las ciencias al profesorado de secundaria de todas las regiones de Liberia, gracias al interés de la ministra. Además, estamos trabajando con las ugandesas Because of her.  También hemos presentado de nuevo el proyecto a otra convocatoria de proyectos europeos Erasmus+ y estamos intentando diversificarnos y conseguir nuevas subvenciones.

  • Desde tu experiencia investigadora y como impulsora de políticas educativas con enfoque de género, ¿qué condiciones estructurales consideras imprescindibles para lograr una cultura curricular inclusiva y diversa?

No solo una cultura inclusiva y diversa, sino sobre todo y ante todo más rigurosa, más precisa, más cercana a la realidad. Lo que entendemos como cultura es un discurso masculinizado que intenta mostrarnos que la sociedad la han construido los hombres y el desconocimiento de las obras de las mujeres contribuye a ello y nos lleva a todas, incluidas las feministas, a confusión.

En estos momentos las leyes acompañan a la educación, pero es la preparación del profesorado universitario, de secundaria y primaria la que es deficiente. No ha calado todavía el conocimiento de toda esa obra femenina y su imbricación en la cultura. Su producción es un hecho cultural, pero no se encuentra reflejada ni en la visión de mundo, ni en el discurso académico ni en la metodología de la investigación .

Deberíamos acostumbrarnos a asimilar que lo que llamamos cultura universal (literatura, arte, ciencia, etc) es una cultura androcéntrica. Así, con adjetivo. La única cultura que existe, sin adjetivo, es aquella que lleva incorporado lo que se ha llamado perspectiva de género. Cientos de estudios como he dicho antes, tanto de investigadoras renombradas como de otras muchas no tan conocidas, han demostrado la extensa y fundamental aportación de las mujeres. No existe una cultura sin ellas. Por eso no debemos hablar de hacer una “cultura con perspectiva de género”. Eso parece opcional: la cultura y la cultura con perspectiva de género. La única cultura, sin más, la única ciencia, o literatura mínimamente rigurosa es la que incluye esta producción femenina. 

La perspectiva de género es la que nos ha llevado a esa conclusión. Sin embargo, hay ocasiones en que una cierta dinámica académica lo confunde. Por eso, cuando abordamos el estudio de, por ejemplo, la pintura barroca, o compositores románticos o escritores medievales y preguntamos por ellas cuando no las vemos, demasiado habitualmente, seguimos encontrando la respuesta de que “no hago arte (o literatura o ciencia) con perspectiva de género” o “este aspecto no lo estudiamos desde la perspectiva de género”. Pero, ¡¿de qué estamos hablando?!. Eso es sencillamente hacerlo mal y lastra en muchísimas ocasiones la docencia y la investigación. Debemos hacer una reflexión sobre ello. Se ve como “opcional”, pero no lo es. Debemos tener cuidado con el uso que les damos a estos términos. Solo la cultura que cuenta con las mujeres es cultura. Si no es así, debemos hablar con normalidad de la cultura androcéntrica. Lo que entendemos como “cultura con perspectiva de género” se llama cultura a palo seco.

  • Finalmente, ¿cómo imaginas el impacto a largo plazo de Women’s Legacy? ¿Qué relevancia tiene para el futuro de la educación y de la visibilidad de las mujeres en el espacio público? 

Creo que es un proyecto profundamente transformador. Recuperar ese patrimonio cultural de las mujeres e incorporarlo en la manera que tenemos de comprender el mundo contribuye poderosamente a desarticular las desigualdades y conforma otra normalidad y una cultura más rica para todos, mujeres y hombres.  

Asimismo, el hecho de que sea un proyecto colectivo le da fuerza y voces, porque minar el discurso hegemónico de la cultura no es nada fácil y este discurso tan interiorizado y excluyente sienta las bases de las desigualdades y hace que todas las iniciativas encaminadas a corregirlas queden ralentizadas. No nos quitamos la pasta de los dedos, que diría una amiga. 

Tiene vocación también de reunir iniciativas con el mismo objetivo para crear masa crítica, además de abrirnos a nuevas lenguas y culturas y poner la plataforma al servicio de la recuperación de estas creaciones femeninas en distintas culturas. Integrar en esta acción el ámbito cultural, como hacemos con la estrecha colaboración con Clásicas y Modernas o Mujeres en la Música es una línea muy importante. Hay trabajo para años y esta colaboración contribuye a esa revisión de las claves interpretativas de la cultura y la sociedad. 

Actuar desde la educación, desde el aula en todos sus niveles, es otro de los factores de fuerza para el cambio.  Desde ese espacio de transferencia actuamos de forma muy directa y eso promueve el trenzado de estos referentes femeninos y de sus obras en la visión cultural que se forja. Estamos comenzando a trabajar también con grados universitarios  y Escuelas Superiores de arte, de diseño, de cine o conservatorios. 

Por último, me gustaría señalar que el trabajo de incorporar estas mujeres en los contenidos educativos posibilita alcanzar un nivel de rigor en los contenidos educativos del que hoy en día carece por completo y que es requisito indispensable para una educación de calidad. Por eso es necesario. El lastre de la visión androcéntrica la convierte en un instrumento de transmisión de desigualdades. Pero para ello la participación por parte de todas conociendo e incorporando en nuestra parcela de saber a aquellas figuras relevantes es un aspecto muy importante que con demasiada frecuencia despistamos. Comencemos por nosotras mismas.

  • ¿Quieres añadir alguna cosa más?

Del 13 al 15 de noviembre vamos a celebrar el II Congreso Internacional Women’s Legacy, financiado por la UOC, el Instituto de las Mujeres y la asociación del profesorado Legado de las Mujeres. Queremos instituirlo como un foro de discusión y encuentro. Contaremos con la presencia de algunas importantes figuras como Griselda Pollock, Eliane Viennot o Teresa Vinyoles y quisiéramos animar a participar a las personas interesadas.  

Quiero señalar que Clásicas y Modernas colabora desde el principio de forma muy estrecha y comprometida con el proyecto y algunas de las socias participan en él de forma muy activa. Sería muy interesante poder contar con participación en el Congreso.

Muchas gracias, Ana, por colaborar con nosotras.


Ana López Navajas

Ana López Navajas es doctora por la Universidad de Valencia, investigadora y profesora. Actualmente está coordinando el proyecto Women’s Legacy, [https://womenslegacyproject.eu/es/home/ ] cuya finalidad es recuperar y visibilizar el papel de sujeto protagonista que, en todas las áreas del saber, han tenido las mujeres y facilitar su inclusión en los contenidos educativos de todos los niveles para transformar la visión de mundo androcéntrica.