vista alegre sombra señora

Concha Mayordomo

Hay cierta relación entre la experiencia global de un artista y la obra que refleja… Esa relación es buena
cuando la obra no es sino un trozo tallado de la experiencia, una faceta del diamante que con un brillo
interior se resume sin limitarse. En este universo, es la obra la única probabilidad de mantener la propia
consciencia y de fijar en ella las aventuras.
Crear es vivir dos veces

Albert Camus

Si tuviese que realizar una autobiografía artística, sin duda empezaría por el inicio de mis estudios en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Madrid, en la calle de la Palma. Fueron fantásticos y divertidos años, en los que una casi adolescente soñaba con un mundo en el que la gente se pudiera disfrazar para ser varias personas en una misma. Pero, haciendo caso a la memoria hay un pequeño episodio en mi vida, recordado muy recientemente, que habla de una cierta predisposición y sentido crítico tal vez exagerado para la edad que tenía, pero que, indiscutiblemente, encaminaba toda mi trayectoria.

El episodio ocurrió días después de mi Primera Comunión, a la edad de siete años; cargada con el álbum de fotos (imagino que sería lo habitual en el colegio) estaba dispuesta a presumir enseñando a mis amigas y profesoras la preciosa estampa de mí misma vestida de organza, en medio de bordados y tules, y un gran lazo anudado en la espalda, como la más bonita de las princesas. No me faltaba de nada; una pequeña corona que recogía un moño, un libro de nácar, un rosario hecho de cristales tallados que descomponían la luz en todos los colores… Durante unos minutos admiré orgullosa la foto, para descubrir que no estaba viendo una niña vestida de comunión. En un segundo, y totalmente decepcionada, comprendí que la princesa que me creía se desvanecía ante mis ojos, y que, más bien, la desproporción entre el tamaño de la cabeza y la del cuerpo recordaba a la de una enana disfrazada. Guardé el álbum y no se lo enseñé a nadie.

Fui una niña soñadora que jugaba con muñecas recortables y fantaseaba con personajes de la historia en los que el vestuario era la piel, como más tarde he oído comentar a muchos actores y actrices: se entra en el personaje en el momento en que uno se viste de él.  La falta de medios de los años sesenta y la imaginación te convertían en Cleopatra con apenas una funda de almohadón y un plumero; en Santa Teresa con un par de toallas… o en diosa griega con una sábana, un velo, unas sandalias y un cinturón.

El paso por la Escuela de Artes Aplicadas y la especialización en figurines siguió alimentando ese deseo de transformación de la realidad, y aunque contribuyó a una formación artística, me dejó en el más completo desconcierto profesional. Mi apuesta por el vestuario de época para cine, teatro y televisión se encontró reducido a “la nada” en pocos meses. Imagino que eran malos tiempos para una jovencita, sin experiencia, en un mundo especialmente cerrado. No obstante, y pasados unos años pude tener esa magnífica, aunque breve, experiencia, aprobé una convocatoria de trabajo para RTVE. Recuerdo especialmente un día de verano de 1991 en el quiosco de música del Parque del Retiro, durante el rodaje de uno de los capítulos de la serie Narradores de Ayer, que Pedro Amalio López dirigía para RTVE. En esa ocasión tuve la oportunidad de hacer pasar, con ayuda de dos sastras, por el túnel del tiempo a más de doscientas personas, y todo ello en el tiempo récord de dos horas. Fue una hazaña que recordaré siempre y reconocí en este hecho la magia de la televisión que toda mi vida había buscado.

La recompensa que tenemos las mujeres que hemos sido madres muy jóvenes, es poder vivir una segunda juventud, cuando los hijos han alcanzado una edad de cierta independencia. En mi caso, la recompensa fue compartir los años de universidad con la siguiente generación, con la generación de mis hijos. 

En la Facultad de Bellas Artes recobré la afición por el teatro, por la escenografía, la vocación por la pintura (que había permanecido dormida) … pero sobre todo la confianza en mí misma y el entusiasmo por mis proyectos. Un nutrido grupo de profesores hicieron de mi formación (especialmente en el campo teórico) un motivo de superación día a día, pero fue el contacto con los compañeros el verdaderamente enriquecedor. La gente que se interesa por el arte siempre parece distinta, los estados de ánimo influyen tan fuertemente que no dejan de manifestarse. Esa especial sensibilidad es la que da singularidad a nuestro colectivo.

Durante los años de facultad rondaron por mi cabeza mil proyectos que, por atender a otras prioridades, quedaron aparcados en algún rincón de mi imaginación, por lo que, una vez alcanzada la Licenciatura, se imponía un proyecto. Un proyecto con mayúsculas que resumiera todos los años de formación.

En ese desconcierto, anteriormente sucedido con la graduación en Artes Aplicadas, del fin de los estudios y el paso a la escena profesional, ya lo tenía muy claro: quería aunar los trajes de época (trajes que hicieran soñar) y la tradición pictórica. Por otra parte, disponer de una cierta independencia económica, me beneficiaba a la hora de no dejarme afectar por intereses comerciales. La pintura que más interés me produce y con la que trabajé en los años de Facultad es esencialmente matérica, por lo que se prestaba de manera muy especial la utilización de telas.

Una de las materias dice a sus hermanas: “Hasta ahora no hemos hecho otra cosa que imitar al mundo, no hemos creado nada. ¿Qué ha salido de nosotras que no estuviera antes rodeando nuestros ojos, desafiando nuestros pies o nuestras manos?”. Y ni corta ni perezosa, la materia empieza a imitarse a sí misma y a fascinar con su poder expresivo.

Y aunque la idea pueda parecer descabellada, la solución era tan lógica que podía prescindir de cualquier tipo de aclaración: Utilizaría los vestidos que más hacen soñar para realizar obras pictóricas. Bordados, encajes, puntillas, pasamanerías, perlas, lentejuelas… son de tanta riqueza expresiva como lo son los materiales de carga utilizados en mis cuadros; por otra parte, la gran cantidad de tela utilizada me permitiría hacer cuadros de gran tamaño, aunando así los dos campos que más me han interesado artísticamente. 

Con este proyecto opté por dar una segunda oportunidad, una segunda vida, al traje más importante en la vida de muchas mujeres; el Traje de Novia. Hilvanar, coser, cortar, bordar, realzar… son labores de dedicación, de virtuosismo, de sutileza. ¿Dónde está la línea que separa de las Bellas Artes? Los pigmentos son los hilos, los pinceles agujas, y los bocetos preparatorios… ¿no son acaso los alfileres?

Existían, además, otros retos:

  • Convertir un espacio volumétrico en un bajorrelieve; es decir en poco más de dos planos.
  • Aprovechar la expresión de la materia. Cada vestido, como cada mujer, es un mundo diferente, solo tenía que dejarle contar su historia.
  • Hacer pictóricamente atractivo un cuadro que la mayor carga cromática se encuentra en el color blanco.
  • Resolver composiciones donde el dibujo sólo fuera utilizado como método auxiliar, dando, como objetivo, la prioridad compositiva a las telas.
  • Continuar la obra iniciada ya por un creador, con el absoluto respeto que ello merece.

Si bien la idea artística era suficientemente clara, en la parte técnica existían numerosas dificultades, pero, afortunadamente, pude contar con la ayuda de varios profesionales ya que tenía que trabajar con materiales no convencionales y especialmente delicados, como lo son las sedas naturales, los rasos, las gasas, los tules…

Entre otros estos eran los retos:

  • Utilizar los materiales oportunos para su adecuada conservación “al aire”
  • Tener muy presente su perdurabilidad.
  • Encontrar productos que, aunando las cualidades anteriores, no fuesen agresivos ni con las texturas, ni con el color.

En este proyecto han colaborado generosamente con los vestidos de mujeres anónimas que los utilizaron en su día y, además:

Petro Valverde, Hedera Novias, Agatha Ruiz de la Prada, Victorio y Lucchino, David Delfín, Raimon Bundó, Hannibal Laguna, DiNovia, Lorenzo Caprile, Jesús del Pozo, Hannibal Laguna y Vicky Martín Berrocal.

Se ha expuesto en el Museo del Traje de Madrid, la galería Movart, Museo de las Escuelas de Luzón (Guadalajara), Palacio Ducal Medinaceli (Soria)

https://www.cultura.gob.es/mtraje/dam/jcr:77c02619-8e03-47cc-88e7-cbc1e218e688/catalogo-un-vestido.pdf

https://www.cultura.gob.es/mtraje/museo/prensa/notas-de-prensa/np-historico/2007/un-vestido-dos-vivencias.html


Concha Mayordomo

Nacida en Madrid, es Licenciada en Bellas Artes (UCM) y Graduada en Artes Aplicadas. De claro compromiso por la igualdad, la violencia de género y la visibilidad de la mujer artista, ha participado en muchas exposiciones tanto nacionales como internaciones y su obra se encuentra en colecciones públicas y privadas. Es comisaria independiente con una amplia trayectoria entre ellas cabe citar las realizadas con el Museo de Zaragoza, Ministerio de Cultura y Deporte, el Museo del Traje de Madrid y el Ayuntamiento de Madrid. Es directora académica de cursos sobre arte, figura destacada como divulgadora del trabajo las mujeres en el mundo del arte, habitual en mesas redondas y ponencias en espacios de arte.

Actualmente es presidenta fundacional de la asociación de mujeres artistas BLANCO, NEGRO Y MAGENTA y codirige BLANCO, NEGRO Y MAGENTA – LA REVISTA. Colabora en las ediciones digitales de diferentes medios. Ha sido premiada en el 2019 en la modalidad ARTE Y CULTURA de XII edición de los premios PARTICIPANDO CREAMOS ESPACIO DE IGUALDAD del Ayuntamiento de Madrid y el 2007 PREMIO A LA LABOR CULTURAL del Ayuntamiento de Alcobendas (Madrid).