Detras de la camara DLM-3

Entrevista a Mariana Carballal, actriz, docente y activista feminista

S.C En el 2023 te entregan el premio OUFF Ourense en reconocimiento a una trayectoria, que va desde el escenario a la docencia. Y destacan lo siguiente: “es una convencida de que la ficción crea imaginarios que influyen en la sociedad, razón por la que ética y compromiso forman parte de su bagaje artístico”. ¿Dónde y cómo nace este pensamiento, y esta forma de vida?

M.C. Llegué a Madrid en 1979, en plena transformación social de este país. Yo pertenecía a otros grupos, a otras marginalidades: Era hija de labradores, vivía en el margen geográfico y hablaba una lengua minorizada, como es el gallego. En ese momento, mi lucha no contemplaba lo feminista, porque contaba con otros ingredientes discriminatorios, relacionados con la clase social, en los que me centraba. De hecho, estaba vinculada a grupos políticos de izquierdas. En estos grupos activistas, la lucha contra la discriminación de la mujer no era prioritaria porque nos centrábamos en la lucha por derechos laborales y políticos, por ejemplo. Recuerdo un compañero que decía frases del estilo de “una mujer rica siempre vivirá mejor que un obrero pobre”, que como eslogan y en aquel momento me sonaba bien, pero vista desde mi perspectiva actual, carece de validez. Y, es que, esa mujer seguramente haya sido construida, educada, etc desde que nace con una serie de discriminaciones por el hecho mismo de ser mujer. Pero esto no lo tenía en cuenta entonces. Lo cierto es que yo no tenía conciencia feminista como lo entendemos hoy. Eran los años ochenta, estaba empezando mis estudios de Arte Dramático, y ni siquiera ahí era crítica con lo que veía. Me limitaba a ser consciente de la realidad, de que las obras de teatro, por ejemplo, las escribían siempre dramaturgos. Estaba tan naturalizado que fuera así, igual que estaban naturalizadas las malas praxis, el acoso y los abusos sexuales en las escuelas de arte dramático y en el propio teatro. Ni siquiera una persona como yo, crítica y activista, se detenía a observar la situación y reconocer que las cosas tenían que cambiar. Pero caminas, creces, lees, y, en mi caso, empecé a relacionarme con mujeres sabias que me iluminaron y me ayudaron a entender que hay algo en esa realidad que no se puede seguir tolerando. No es que yo lo permitiera, pero no hacía nada por evitarlo. Mi posicionamiento feminista empieza en los años 2000, cuando regreso a Galicia y tengo la posibilidad de dirigir una serie para la Televisión de Galicia. Fue ahí cuando me di cuenta de que me discriminaban por ser mujer. Es decir, se me pedía diez veces más, se dudaba siempre de lo que proponía, así como del punto de vista bajo el que quería contar una historia. Siempre había alrededor esta sensación de estar en cuestión, de no ser nunca suficiente. Ahí empecé a pensar: Esto va más allá de Mariana como tal. Fíjate que mi conciencia feminista se desarrolla más cuando me posiciono en un lugar de mando, como puede ser la dirección. Hablo de conciencia feminista para referirme a un proceso largo de análisis y de comprensión, que, por supuesto, me llevó también a cambiar mi punto de vista como actriz y, desde luego, como profesora. 

S.C ¿Cómo implementas la conciencia feminista en tu actividad creadora, más allá de la reflexión o del activismo?

M.C. En 2013 dirigí una sitcom llamada «Escoba!» para la televisión de Galicia, con cinco mujeres mayores de 60 años como protagonistas. Aunque no tuvo un éxito arrollador debido a los pocos recursos y la crisis económica, me atreví a contar un relato audiovisual en el que las mujeres protagonistas no eran en exclusiva jóvenes de 20 años. Las mujeres mayores tienen muchas historias y experiencias valiosas que contar. Mi conciencia feminista se refleja en la toma de decisiones al asegurarme de que el medio audiovisual represente todas las posibilidades, comunidades, opciones y diversidades existentes. Es fundamental que las narrativas incluyan diversas perspectivas y experiencias, enriqueciendo así nuestro entendimiento y apreciación de la vida.

S.C. Háblame de tus referentes, y de tu caída de venda de los ojos, de tu espíritu crítico.

M.C. Por ejemplo, la ensayista y crítica de cine, Pilar Aguilar Carrasco, con todos sus estudios sobre la otra mirada, sobre las mujeres en el medio audiovisual, expone sus ideas de manera muy lúcida y clarividente. También empecé a estudiar a Rosa Cobos, por ejemplo, profesora de Sociología de la Universidad de Coruña, o a Luisa Posada y a partir de ellas a revisar nuestra genealogía feminista. Justo la serie en la que estaba, “Libro de Familia”, se rodaba entre Santiago y A Coruña, así que empecé a seguir sus discursos, a interesarme por lo que decía, por cómo pensaba sobre la vida, llenando así la mía de referentes. Y mi descubrimiento fue que todo había que repensarlo o reconstruirlo, o re-reflexionarlo. A partir de aquí, comprendí que somos o queremos ser las imágenes que vemos en pantalla. Esto es lo que llamo el universo simbólico, que no es otra que la suma de personajes, situaciones ficcionales, etc, que te han influido a lo largo de la vida y en las que te inspiras para ser. Y también entendí que los cambios tienen que ser personales, y que una de las decisiones que se puede tomar desde la creación, que es mi espacio, es reflexionar sobre cómo se están contando las cosas. El lenguaje cinematográfico se construye desde muchos lugares. Es decir, más allá del guion, tiene muchas capas: la iluminación, el posicionamiento de la cámara… Puedes contar la misma historia de tres mil formas diferentes. Y quien tiene la capacidad de decidir, elige de qué manera se está mostrando y qué narrativas se están perpetuando. Hablo ahora de casos como cuando un actor de setenta años es pareja de una actriz de treinta y cinco. Ahí ya me estás contando una historia, tomando decisiones, que no es nada inocente. Perpetúaas roles y estereotipos de género.

S.C. Esta no es la primera vez que charlamos Mariana y yo, y me gustaría traer aquí una conversación que para mí fue la luz a muchos temas que atraviesan las artes escénicas en general. He aquí dos reclamos que no he olvidado: nuestro cuerpo es nuestra herramienta de trabajo, y, es necesario que haya guion, como prevención a la vulnerabilidad de una mujer (y de su cuerpo) en escena. ¿Cómo puede ser que algo tan obvio, como saber de antemano lo que va a pasar, no se exija, o no se conciba como algo sine qua una escena no vaya a transcurrir?

M.C. Bueno, yo creo que el hecho de tener naturalizadas las malas praxis nos ha llevado a dar por sentado que no era necesario tener un guion claro o, que una persona que te llama para participar en su película, no te explique detalladamente las escenas de sexo. Antes no se llegaban a acuerdos claros, pero ahora los protocolos contra el acoso recogen que debe haber un guion y que las escenas deben ser consultadas y aprobadas por todas las partes involucradas antes de rodarlas, lo cual es lógico y necesario.

Aun así, fíjate lo que te digo: en el teatro, el guion es algo obvio y es más fácil de entender que lo que pasa en el escenario es lo que está escrito en el guion. Pero en la realidad audiovisual y cinematográfica, la escritura del guion no siempre se traduce directamente en lo que se ve en pantalla. Puedes estar absolutamente vendida si no se respetan esos acuerdos previos, y aunque ahora siempre tienes la oportunidad de pedir ver las imágenes antes de que sean definitivas, es posible que te encuentres con negativas y explicaciones sobre la creación y el arte, que intentan justificar estas decisiones. Y nosotras, actrices, cedíamos. También influye la inestabilidad laboral del medio, la precariedad. El miedo a decir “no” y que no cuenten más contigo. Y sobre todo, creo que esto se debe a que no se tenía en cuenta que nuestro cuerpo es nuestra herramienta de trabajo. Si eres música, entiendes que tu instrumento es tu herramienta de trabajo, pero en nuestro caso, fue difícil llegar a esa comprensión. Como creadora, estás absolutamente en tu derecho de exigir claridad y respeto sobre cómo se utilizará tu cuerpo en una producción, y afortunadamente, esto está empezando a ser reconocido y regulado de manera adecuada.

S.C. Aparte de tu labor activista a favor de la igualdad en Clásicas y Modernas, eres socia de CIMA (Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales). ¿Cuál es tu empeño cuando piensas en lo que haces tanto en Clásicas y en CIMA? 

M.C. Un punto de inflexión para mí fue cuando, en 2016, comenzamos con el proyecto «Temporadas de Igualdad» en Clásicas y Modernas junto a Marga Borja, otro gran referente para mí. Este proyecto me hizo replantearme mi rol como profesora y me llevó a analizar la desigualdad en las programaciones de los teatros nacionales.

Al descubrir la alarmante desproporción entre hombres y mujeres en todas las áreas, comenzamos a trabajar directamente con programadores, instándolos a cumplir la Ley de Igualdad. A menudo, nos enfrentábamos con la excusa de que no había suficientes directoras o dramaturgas, por ejemplo, a lo que respondimos presentando listas detalladas de profesionales cualificadas. Este trabajo constante en Clásicas y Modernas fue crucial para mí y marcó el inicio de mi activismo diario.

En CIMA, mi enfoque ha sido más en el análisis de la realidad audiovisual en Galicia y en la lucha contra el acoso dentro de los espacios de trabajo. Ambas organizaciones me han permitido abordar la igualdad desde diferentes ángulos: en Clásicas, promoviendo una programación equitativa en todas las disciplinas, y en CIMA, trabajando por un entorno audiovisual justo y seguro.

Quisiera nombrar a mis inspiradoras, A Marina Gilabert, Amparo Zacarés, Marifé Santiago, Concha Hernández, Jana Pacheco, a todas ellas siempre mi agradecimiento, por enseñarme cada día a “ver mejor”, a “sentir Mejor”

S.C. ¿Cuál es la situación actual de las directoras en la industria audiovisual y cinematográfica? ¿Cómo ha evolucionado su presencia y reconocimiento?

M.C. Lo que es obvio para mí, es obvio para el público: la llegada de directoras jóvenes ha sido un revulsivo impresionante en el medio audiovisual y cinematográfico. Carla Simón, Nelly Regueira, Paula Ortiz, entre otras, están demostrando que las mujeres pueden contar realidades desde otra perspectiva igual de importante e interesante, lo cual el público necesita. Estas temáticas no solo son narrativas valiosas, sino que también aumentan la audiencia y los beneficios, demostrando que las películas hechas por mujeres no son ruinosas en absoluto.

La irrupción de estas cineastas con una formación técnica impresionante y una sensibilidad maravillosa ha cambiado el panorama nacional. Sus relatos están llegando a una nueva población y ofrecen una manera diferente de trabajar en equipo. Especialmente quiero destacar a las gallegas, como Jaione Camborda, Paula Cons, Sonia Méndez u Olga Osorio quienes están realizando trabajos increíbles en el cine. Además, figuras como Chelo Loureiro, con sus múltiples premios y su trabajo en animación, o Margarita Ledo son referentes del feminismo en Galicia y en el cine.

Proyectos de animación como «Los sueños de la sultana» de Isabel Herguera, producidos por Loureiro, muestran una sensibilidad que no habría sido posible mostrar hace diez años. La creación hecha por mujeres ha conseguido que el público supere sus prejuicios y se abra a ver cine hecho por nosotras, lo cual es fundamental para la evolución cultural y la representación diversa en la industria cinematográfica.

S.C. Volvemos al inicio de la entrevista para cerrarla. Y es que quiero profundizar en eso que sembró en Mariana Carballal el espíritu crítico, protagonista de esta conversación, mucho antes de llegar a Madrid. 

M.C. Desde que recuerdo, sentí la necesidad de luchar por una realidad mejor para mis padres, para mi entorno. Aunque no tenía acceso a la prensa ni sabía cómo articularlo, comprendía que la desigualdad era inaceptable. Por ejemplo, veía a mis compañeros de escuela que tenían zapatos rotos en pleno invierno y sabía que eso no podía ser justo.  A pesar de no estar en la miseria, ya que mis padres tenían tierras y vivíamos relativamente bien, esta desigualdad me marcó profundamente.

El acceso a la cultura fue un cambio crucial para mí cuando llegué a Madrid. De repente, tenía a mi alcance un mundo de oportunidades. Sin embargo, mi verdadero regalo fue el profesorado en el Instituto de Verín (Ourense). Este joven profesorado, la mayoría de Salamanca, apenas mayores que yo, empezaron a sembrar en mí una conciencia política  e incluso feminista, ayudándome a desarrollar un pensamiento crítico sobre la realidad.

Ellos fueron fundamentales en mi formación. Me inculcaron un sentido profundo de justicia social y la necesidad de romper con estereotipos. Gracias a ellos, soy la Mariana que soy hoy. Plantaron en mí las inquietudes que aún mantengo, y por eso siempre estaré agradecida. Sin duda, ellos fueron un privilegio y una inspiración en mi vida.


Mariana Carballal.
Licenciada en Arte Dramático, postgrado en Estudios Teatrales y Cinematográficos y máster en Teatro y Sociedad, su rostro y su voz han alcanzado enorme popularidad entre el público en las últimas décadas. Como actriz ha interpretado numerosos papeles tanto en cine, televisión y en teatro. Sobre el escenario destacan actuaciones como actriz en el Centro Dramático Nacional, el Centro Dramático Galego o el Teatro de Cámara. En televisión la hemos visto en series como “El caso Asunta”, “Fariña”, “Verão M.” (Portugal), “Vivir sin permiso”, “Manos a la obra”, “Nada es para siempre”, “Mareas vivas”, “Terras de Miranda” u “Hospital central”. Además, es profesora en la ESAD de Galicia desde hace más de quince años, imparte clase en la facultad de Comunicación Audiovisual de la Universidad de Vigo y en Universidade do Minho (Portugal). Es socia de Clásicas y Modernas.