Autohistoria y epistemología de la sanación en Gloria Anzaldúa 

Introducción 

Nacida en el Valle del Río Grande, en la frontera entre México y Estados Unidos, Gloria Anzaldúa (1942-2004) escribe desde las grietas de su cuerpo y muestra cómo la escritura que nace desde la herida abierta puede atravesar las fronteras de lo íntimo y derribar los límites que dictan qué, cómo y desde dónde se debe escribir. 

En 1987, escribe Borderlands/La Frontera: La nueva mestiza, una obra que puede considerarse como el paradigma de la autohistoria. Sin miedo a mezclar el español con el inglés, la filosofía con la poesía, la realidad material mexicana con el chamanismo y el hombre con la mujer; Anzaldúa presenta una obra que tiende puentes entre distintos mundos, mundos que tal y como lo demuestra el alcance de la autohistoria, no están tan alejados como queremos creer. 

El objetivo de este artículo consiste en analizar cómo construye Anzaldúa el saber a partir de su propia historia y cómo este saber se configura en una forma de resistencia política. Así mismo, se trata de presentar la autohistoria como un actividad teórica y práctica que a través de una escritura corporal permite sanar las heridas individuales y construir un conocimiento capaz de atravesar las fronteras del pensamiento tradicional occidental. 

En primer lugar, se analizará la autohistoria de Anzaldúa partiendo de su obra Borderlands/La Frontera: La nueva mestiza (1987), obra en la que la autora expone una narración de su vida escrita desde el dolor de vivir atravesada por diversas fronteras. En segundo lugar, se profundizará en la fragmentación del alma que provoca la herida, concepto que Anzaldúa representa mediante la diosa fragmentada Coyolxauhqui (2015). En tercer lugar, se ahondará en la escritura corporal, ofreciendo un diálogo entre las propuestas de Gloria Anzaldúa y María Zambrano. El cuarto apartado concluye con la exposición del mundo zurdo, propuesta que emerge de la autohistoria y construye formas alternativas de comprender tanto la identidad como el mundo. 

Autohistoria: amenaza epistemológica. 

Piensa en mi como Shiva, como un cuerpo de muchos brazos y piernas con un pie en la tierra olor café, otro en lo blanco, otro en la sociedad heterosexual, otro en el mundo gay, otro en el mundo de los hombres, de las mujeres, un brazo en la clase obrera, los mundos socialistas y ocultos. Un tipo de mujer araña colgando por un hilo de su telaraña (Anzaldúa, 1988: 165) 

La autohistoria es una propuesta autobiográfica que consiste en el testimonio de la vida personal. Anzaldúa, fragmentada por diversas fronteras, toma como punto de partida sus vivencias corporales, sus vivencias chicanas y escribe para sanar sus propias heridas y las de otras personas que viven entre otras fronteras. La autohistoria que Anzaldúa narra a lo largo de su obra (1981, 1987, 2009, 2015) y la autohistoria que teoriza como fundamento de su epistemología, transforman la manera de concebir la autobiografía. De algún modo, invita a reflexionar, a partir del dolor, sobre cómo se producen vidas sometidas a la desigualdad estructural y sobre cómo los cuerpos y las vidas se constituyen a partir de todas las diferencias sociales. La autora plantea un desplazamiento epistémico, una propuesta de conocimiento diferente. 

Tal y como lo aclara en su texto La Prieta (1988), cuando nació, su abuela trató de encontrar la mancha negra que la identificaría como india. Anzaldúa era “morena” y, por lo tanto, su negritud la diferenciaba de su abuela y de sus tíos que provenían de familias españolas y aristocráticas. La familia de la chicana no pudo esconder la desgracia que suponía que Anzaldúa se pareciera a una india, es decir, que fuera oscura. Anzaldúa recuerda las palabras de su madre cuando le repetía constantemente que no se acercara al sol: “[s]i te pones más oscura pensarán que eres una india” (1988: 157). Su madre nunca admitió su origen mexicano, tampoco su origen indio. Sin embargo, para Anzaldúa (id.), ser una mujer estadounidense de sexta generación no eliminaba su sangre india, no estaba dispuesta a negarla. Desde que era una adolescente se sintió diferente, su piel oscura la había condenado a situarse en un lugar extraño, no era blanca, no era negra, no era completamente mexicana, era una borderlands

La historia de Anzaldúa contiene una verdad que sirve como impulso para la transformación de la conciencia colectiva de las personas que han sido derrotadas y asimiladas bajo una historia de discriminación. Anzaldúa teje una historia que recoge los distintos movimientos de un pueblo que lucha por sobrevivir y resistir construyendo su identidad. La autora da voz a los relatos de los mexicanos que, tras el Tratado Guadalupe Hidalgo (1848), cruzaron la frontera hacia lo que quedaba de México; a los que se quedaron en los territorios anexados a Estados Unidos y enfrentaron el despojo y la marginación cultural y a los trabajadores y trabajadoras que, décadas más tarde, migraron hacia el norte en busca de mejores condiciones económicas. Anzaldúa escribe desde el dolor que supone haber sido arrojada de su historia. Mediante el relato que nace de sus entrañas, desde su herida colonial, resiste a las narrativas que oprimen su propio cuerpo y el de su pueblo. En este caso, Borderlands permite comprender el alcance que la autohistoria tiene en cuanto herramienta de resistencia frente a las narrativas históricas de los vencedores. Asimismo, ofrece una vía de sanación del trauma que provoca la herida colonial, una vía que permite identificarnos con la experiencia de ser atravesada por diferentes fronteras y, con ello, crear comunidades que resisten ante las distintas opresiones. La autohistoria de Anzaldúa es un camino hacia la construcción de una nueva concepción del mundo, un camino que brota del dolor y camina sin querer superarlo. 

Herida colonial e Imperativa Coyolxauhqui. 

En el caso de Anzaldúa, la frontera representada como la herida, es un concepto fundamental. Anzaldúa se presenta como una escritora fronteriza en todos los aspectos de su identidad. Utiliza la frontera, “la grieta”, “la herida abierta” o “el no-lugar” para describir su propia experiencia de vida. Este espacio fronterizo no es solo un espacio físico, sino su hábitat y su casa, un lugar que la configura y le da forma. Un lugar que le permite construir su propia concepción del mundo y sus propias categorías para articularlo. 

Tanto la “herida” como la “grieta” o la “frontera” representan el trauma colonial y el lugar desde donde plantea su resistencia. Además de estas metáforas, la autora chicana describe su resistencia política mediante su relación con la diosa mexicana de la luna, Coyolxauhqui. Coyolxauhqui representa la acción de reunir las partes que han sido fragmentadas a raíz de un trauma. Como se puede observar en sus textos principales (1987, 2015), la mitología mexica y sobre todo las diosas de esta cultura toman un papel fundamental en la vida de Anzaldúa y, por lo tanto, son de vital importancia en la obra a través de la cual se mira a sí misma y enfrenta sus miedos. Mediante su relación personal con estas deidades, Anzaldúa presenta claves conceptuales que nos ayudan a comprender cómo se produce su proceso de autoconocimiento y de autotransformación. 


Figura 1: Ilustración de la diosa Coyolxauhqui elaborada por Gloria Anzaldúa. 


El origen de la “Imperativa Coyolxauhqui” se encuentra en la mitología mexica. El mito de Coyolxauhqui aparece en el Codice Florentino (Codex Florentino), obra enciclopédica del siglo XVI que documenta la cultura, historia, religión y costumbres del pueblo mexica. Según el mito recogido en Del principio que tuvieron los dioses, libro tercero del mencionado códice, existía una mujer llamada Coatlicue que vivía en la sierra de Coatepec (“Monte de serpientes”). Coatlicue era madre de los 400 indios centzonhuitznáhuah, quienes tenían una hermana llamada Coyolxauhqui. La madre de Coyolxauhqui realizaba penitencia barriendo la sierra de Coatepec. Un día, mientras barría, encontró unas plumas y se las colocó sobre el vientre. Al recoger aquella bola de plumas, Coatlicue quedó misteriosamente embarazada. Cuando los centzonhuitznáhuah se percataron de su estado, reaccionaron con ira y la increparon: «¿Quién la embarazó? Nos ha deshonrado y avergonzado(Sahagún, 1979, lib. III:). Al enterarse de lo ocurrido, Coyolxauhqui, la hermana mayor, ordenó a sus hermanos matar a su madre, pues consideraban que los había traicionado al concebir un hijo ilegítimo. Indignados, Coyolxauhqui y sus hermanos decidieron asesinarla. Sin embargo, antes de que lograran matar a Coatlicue, Huitzilopochtli1 nació de forma milagrosa completamente armado para la batalla. Entonces, el dios de la guerra decapitó a Coyolxauhqui. A modo de castigo por el crimen que quería cometer, el que sería su hermano ilegítimo desmembró su cuerpo y dispersó sus restos, convirtiéndose así en el primer sacrificio humano.  

De la misma manera en que Coyolxauhqui fue fragmentada, Anzaldúa entiende la herida y el trauma colonial como una fractura de la identidad. No obstante, esta fragmentación se convierte en un mecanismo de defensa. En sus obras principales, Anzaldúa deja claro que a pesar de los intentos que hace por reconstruirse a sí misma de la ruptura que ha causado el colonialismo, el machismo, la homofobia… nunca va poder estar a la altura del ideal dominante blanco que fue obligada a internalizar y asimilar. Por lo tanto, Anzaldúa centra su atención en reunir las partes que han sido separadas, pero no con la pretensión de alcanzar una unión homogénea. Más allá de una reconstrucción completa, defiende prestar atención a la grieta que nos atraviesa. Según Anzaldúa, cuando experimentamos abusos contra nuestro propio cuerpo, cambios de frontera y confusiones de identidad “un destello de comprensión nos abrasa, nos sacude y nos lleva hacia nuevas formas de leer el mundo” (2015: 133). En la grieta, los filtros ideológicos desaparecen y podemos “ver” a través de las ficciones de nuestro sistema de creencias. 

La imperativa Coyolxauhqui es el proceso de reconocer nuestras propias grietas y heridas y “re-unirlas” (2015). Anzaldúa parte de esta ruptura para reconstruir su identidad de manera más fuerte y consciente. Coyolxauhqui representa el poder femenino que ha sido reprimido y mediante su invocación, recupera la fuerza de las mujeres y las personas queer que han sido “desmembradas” por la sociedad patriarcal. 

Anzaldúa trata la imperativa Coyolxauhqui como un impulso, un impulso que la lleva a escribir. Coyolxauqui representa la lucha por reconstruirse a una misma y sanar los sustos que han producido la división de su alma. Se trata de un acto que convoca a todas las partes del alma que se han separado o perdido, un proceso continuo de hacer y deshacer. En este proceso, nunca hay una resolución definitiva, solamente el proceso de sanar. Anzaldúa (2015: 137) define el proceso de sanar como una recuperación de la energía del alma que se ha dispersado a causa de las heridas. Por lo tanto, sanar significa usar la potencia y la fuerza de la herida para crear. 

La herida provoca un deseo de integración y, tal y como lo demuestra en su obra, provee el terreno para conseguirlo. Este acto creativo y necesario para sanar se sitúa en la grieta, en la frontera. En síntesis, la herida colonial es una historia marcada por la violencia, el conflicto y la supervivencia, pero también por la creatividad como forma de resistencia. 

Esta resistencia se teje sobre la piel que nos cubre, sobre “la carne de un cuerpo que camina y hace voz para poder interrogar lo que le informan que es real y lo normal” (Palacio, 2020: 47). 

Escritura como gesto del cuerpo: Gloría Anzaldúa y María Zambrano 

Como se ha podido observar, la autohistoria nace de un impulso de unir las partes del cuerpo que se han fragmentado a partir de una herida. La experiencia encarnada de habitar en la herida y de experimentar el cruce de fronteras abre las puertas a un espacio creativo y espiritual que ofrece herramientas para sanar y construir un nuevo mundo. En este caso, la aspiración de Anzaldúa es promover la sanación y la transformación a partir de una escritura que brota desde sus entrañas. Anzaldúa se adentra en su propia herida y trata de ir más allá de la descripción y la representación con el uso de las palabras, imágenes y teorías que estimulan otras formas de comprender la realidad. Mediante lo que ella denomina “corpo-escritura” pretende combinar el trabajo interno del alma con la labor externa del mundo ( 2015: 274), es decir, propone una escritura que permita cambios físicos y psíquicos radicales en sí misma y en sus lectoras. 

Pensar y escribir desde la herida no es tarea fácil. Consiste en iluminar los lugares que la filosofía tradicional ha tratado de abandonar en la oscuridad. En Filosofía y poesía (1939: 27), María Zambrano señala que la filosofía occidental, desde Platón hasta la modernidad, ha buscado la verdad despojándola de toda emoción, de todo temblor y entraña. En ese proceso, ha exiliado al alma y ha reducido el conocimiento a una abstracción capaz de captar la unidad y la verdad del ser. Frente a ello, Zambrano busca recuperar el saber del alma, que no separa pensar de sentir, ni verdad de vida. En esta obra que aborda la relación entre pensamiento filosófico y poesía, Zambrano defiende un pensamiento que, en línea con el pensamiento de Anzaldúa, se sitúa en la frontera entre filosofía y poesía. 

Como punto de partida, Zambrano defiende el conocimiento poético como un conocimiento que no excluye, que no es violento con la realidad y que permite oír el silencio y ver en la oscuridad (1939: 99). Es decir, Zambrano critica a la filosofía tradicional por haber buscado la verdad en la unidad del ser evitando las apariencias como parte del no ser. De la manera que lo relata la autora española, al contrario que la filosofía, la poesía persigue la menospreciada heterogeneidad y la multiplicidad que aterra al filósofo. 


Asimismo, Zambrano (id.) señala que el poeta ama la verdad, esto es, el poeta no rechaza la verdad que anhela el filósofo. Sin embargo, el poeta no busca una verdad excluyente. Según Zambrano, la realidad poética “no es sólo la que hay, la que es; sino la que no es; abarca al ser y al no ser en admirable justicia caritativa, pues todo, todo tiene derecho a ser hasta lo que no ha podido ser jamás” (1939: 23). Así como lo expresa Zambrano, el poeta no teme a la nada, no teme a la falta de unidad y, del mismo modo, no teme a “quedarse sumido en las apariencias” (1939: 21). Al contrario, el poeta logra alcanzar su propia unidad interior a través del poema antes que el filósofo con su pensamiento. Esa unidad del poeta no está escondida, sino que se hace visible y toma forma concreta en el poema. Esto es, según Zambrano, el poeta ya es esa unidad hecha realidad, casi como si estuviera «encarnada» (1939: 23). Tal y como lo argumenta, esto se debe a que la poesía, desde siempre, ha sido una forma de “vivir según la carne” (1939: 45), es decir, vivir conectada con lo humano, con lo corporal, con los deseos. 

En Hacia un saber sobre el alma, Zambrano defiende que escribir es “defender la soledad en que se está; es una acción que sólo brota desde un aislamiento efectivo, pero de un aislamiento comunicable, en que, precisamente, por la lejanía de toda cosa concreta se hace posible un descubrimiento” (1950: 35). No es tanto crear algo nuevo, sino dejar que lo que ya está dentro se manifieste. Es un acto íntimo, muchas veces doloroso, que exige silencio, espera, y una profunda conexión con sí mismo. La escritura nos permite conectar con nuestro ser fragmentado, con nuestra herida que no deja de sangrar y con un conocimiento que habita en la oscuridad de nuestro ser. En síntesis, la razón poética busca entender al ser humano desde la interioridad del cuerpo y desde la interioridad del alma, no sólo desde la lógica o lo objetivo. 

La posición que adopta Anzaldúa respecto a la filosofía tradicional y occidental tiene muchos puntos en común con la “razón poética” zambraniana. Tal y como Anzaldúa lo demuestra en Luz en lo oscuro, escribir es un gesto del cuerpo, es un gesto de creatividad, un trabajo de adentro hacia afuera. De manera similar a Zambrano, Anzaldúa defiende que su escritura no es una escritura lineal y lógica de ideas, sino, por el contrario, un cuerpo arquitectónico que soporta y permite acceso a sus entrañas (2015: 164). En Borderlands (1987), también critica la división occidental entre alma y cuerpo, razón y emoción. Desde su experiencia como mujer chicana, mestiza y queer, su escritura muestra cómo el cuerpo es lugar de conflicto, pero también de conocimiento. El cuerpo herido por las múltiples opresiones es un espacio donde se inscriben las violencias históricas, pero también donde se puede gestar la sanación espiritual. Anzaldúa describe el cuerpo de la siguiente manera: 

El cuerpo material es el centro, es central. El cuerpo es la base del pensamiento. El cuerpo es texto. Escribir no se trata de estar en la cabeza; se trata de estar en tu cuerpo. El cuerpo responde física, emocionalmente e intelectualmente a estímulos internos y externos, y el escribir guarda, ordena y teoriza esas respuestas (Anzaldúa, 2015: 12). 

Comprendiendo el cuerpo como texto, Anzaldúa defiende una escritura corporal como una fuente de conocimiento al igual que lo es la mente. En Luz en lo oscuro, habla del conocimiento corporal” como un conocimiento que nace del dolor, del trauma, del placer y de la intuición. Este saber se manifiesta en la escritura, el arte y la resistencia permitiendo construir un conocimiento que busca comprender al ser humano desde su interioridad. 

El conocimiento corporal accede a verdades que la razón no puede. Esto es, el conocimiento se basa en una forma de saber que no es demostrativa, sino intuitiva, como una revelación que llega por medio del arte, la poesía, la danza, el mito o el símbolo. Según el análisis de Anzaldúa, el “conocimiento” es capaz de abrir todos nuestros sentidos, al habitar conscientemente en nuestro cuerpo y decodificar sus síntomas. Esto es, se trata de un conocimiento que brota en nuestro cuerpo, que se transforma en sensaciones y respuestas corporales. Así lo expresa Anzaldúa mediante la siguiente descripción: “esa picazón persistente en tu cuero cabelludo, que no está causada por piojos ni piel seca, podría ser un pensamiento tratando de llamar tu atención” (2015:184). 

Anzaldúa defiende que escribir supone comprometerse a explorar caminos inexplorados, lo cual “significa voltear todas las rocas, incluso aquellas con gusanos debajo” (2015:153). En este proceso, la autora chicana señala que su sombra y su oscuridad están más relacionadas con su proceso creativo que su “yo” superficial. Del mismo modo, prefiere la noche por ser el momento en que las cosas susurran, cuando se le aparecen en la luz de la oscuridad. En otros pasajes, sostiene que escribir consiste en adentrarse en lo que llama el “cenote”. El cenote es un reservorio subterráneo de conocimiento personal y colectivo (2015: 109), un lugar interno en el que, a través de un acto creativo como la escritura, se accede a una sabiduría oculta y olvidada. Así lo representa Anzaldúa en su cuadro El cenote

Para Anzaldúa, escribir es una forma de soñar y una tarea que consiste en traducir en palabras las imágenes que surgen en nuestro cuerpo, permitiéndoles salir a la superficie por su propia voluntad y capturarlas en el lenguaje (2015: 160). En Anzaldúa, la escritura consiste en crear algo que todavía no existe en el mundo y, por lo tanto, es una tarea que requiere un sacrificio. En este caso, Anzaldúa define sacrificio como “hacer algo sagrado” (2015:153). 

Recogiendo lo mencionado, en el caso de Anzaldúa escribir implica un compromiso con la exploración de lo oculto, un proceso que atraviesa la sombra, la oscuridad y la interioridad. A través de la imagen del cenote, se entiende la escritura como una forma de acceder a saberes olvidados que emergen desde lo más profundo del cuerpo. 

Figura 2: El cenote. Gloria Anzaldúa. Tomado de Luz en lo oscuro (2015: 157) 

El mundo zurdo

A pesar de su potencial creativo y revolucionario, la imaginación suele estar vinculada a la “invención” y a la irrealidad, dos aspectos que se desechan por no encajar en los parámetros racionales. Sin embargo, Anzaldúa (2015: 59) entiende la imaginación como la habilidad que tenemos para generar espontáneamente imágenes en la mente, imágenes que, precisamente, nos ayudan a resolver nuestros conflictos. Para la autora , la imaginación es un saber interno que nos ayuda a “ver a través de las identidades aceptadas y a desaprender las etiquetas que nos oprimen”. Anzaldúa defiende que no debemos sentir vergüenza por usar un vocabulario espiritual ni por guiarnos por las fuerzas espirituales que influyen en nuestros pensamientos, emociones y acciones. 

El mundo zurdo consiste en un espacio imaginativo, político y espiritual donde las personas marginadas por la sociedad capitalista, heteropatriarcal y colonialista, pueden crear resistencias y nuevas formas de conocimiento. En el mundo zurdo, las personas que no tienen lugar, que están atravesadas y oprimidas por distintas fronteras, tienen un lugar donde se les permite vivir. Sin embargo, no se trata de un lugar ideal e inalcanzable, sino más bien de una posibilidad alternativa que surge desde la contradicción, el conflicto y la marginalidad. 

El mundo zurdo es un mundo donde la escritura, el arte, la imaginación y la creación tienen cabida. Es posible que, en cierto sentido, se trate de una realidad de difícil acceso; sin embargo, no constituye una utopía del progreso. Más bien, se trata de permitirnos explorar nuevas posibilidades, abrir otras puertas, otras formas de sentir y de reflexionar el dolor. Anzaldúa no busca imaginar un futuro donde las contradicciones se resuelvan, ni pretende alcanzar un mundo sin tensiones. En cambio, el mundo zurdo representa un proceso continuo de transformación personal y colectiva que se construye desde el dolor, la resistencia y la creatividad. Anzaldúa defiende que la autohistoria – entendida como el saber que adquirimos a través de nuestras vivencias corporales y nuestra escritura– permite cambiar la forma de relacionarnos con el mundo e imaginar otras realidades en las que habitar. 

Creo que al cambiarnos, cambiamos el mundo, que el viaje por el camino de El Mundo Zurdo es el camino de un movimiento en dos sentidos – irse al fondo de una misma y extenderse al mundo, una reacción simultánea de una misma y una reconstrucción de la sociedad (Anzaldúa, 1981/1988: 167). 

Puede parecer difícil acceder al mundo zurdo; incluso resulta extraño imaginar la posibilidad de otro mundo. Con todo, Anzaldúa sostiene que, al adentrarnos en nuestro cuerpo y en nuestro dolor, al permitirnos escuchar otras voces, dejarnos guiar por nuestra oscuridad interior y potenciar nuestra imaginación, creatividad y espiritualidad, el cambio en nosotras puede proyectarse hacia el exterior. La energía que generamos en la reconstrucción de nuestro ser fragmentado nos permite comprender nuestro mundo zurdo, un mundo que no teme a la heterogeneidad, a la oscuridad y al caos de la mezcla. En este sentido, la autohistoria, la escritura que nace desde nuestra herida, nos permite llegar al mundo zurdo que habita en nuestro interior y que puede esparcirse al mundo exterior. 

Conclusión

En conclusión, el objetivo principal de este texto ha sido presentar la autohistoria como una actividad teórica y práctica que, a través de una escritura corporal, permite sanar las heridas individuales y construir un conocimiento capaz de atravesar las fronteras del pensamiento tradicional occidental. Es en la escritura, en el arte, donde alma y cuerpo se unen 

para resistir y curar. Anzaldúa lucha por hablar desde el tajo de su herida; lucha por defender la necesidad de “hacer hablar” a la herida antes de que ahogue todas las voces (2015: 20). Anzaldúa defiende un conocimiento conectado a la carne, un conocimiento que, mediante el acto de escritura, sana. 


1 Huitzilopochtli o “Colibrí Zurdo” es el Dios azteca del Sol y la guerra. 




Maider Lumbreras Otamendi (Pamplona, 2002). Graduada Filosofía en la Universidad del País Vasco y Máster en pensamiento español e iberoamericano (2025).


Referencias bibliográficas

  • Anzaldúa, Gloria. (1987). Borderlands/La Frontera: The New Mestiza. Aunt Lute Books. (Traducción al castellano: (2016): Borderlands/La Frontera: La Nueva Mestiza. Capitán Swing Libros. [Trad: Carmen Valle]). 
  • Anzaldúa, Gloria. (1988). “Hablando en lenguas”. En C. Moraga y A. Castillo (Eds.). Esta puente, mi espalda. (219-231). Ism Press. 
  • Anzaldúa, Gloria. (1988). “La Prieta”. En C. Moraga y A. Castillo (Eds.). Esta puente, mi espalda. (156-168). Ism Press. 
  • Anzaldúa, Gloria. (2009). The Gloria Anzaldúa Reader. A. L. Keating (Ed.). Duke University Press. 
  • Anzaldúa, Gloria. (2015). Light in the dark. A.L. Keating (Ed). Duke University Press. (Traducción al castellano: (2021): Luz en lo oscuro. Hekht. [Trads: Valeria Kierbel y Violeta Benialgo]). 
  • Moraga, Cherri. y Anzaldua, Gloria. (1981). This Bridge Called my Back. SUNY PRESS. 
  • Moraga, Cherri. y Castillo, Ana. (Eds.). (1988). Esta puente, mi espalda: voces de mujeres tercermundistas en los Estados Unidos. Ism Press. 
  • Palacio, Martha. (2020). Gloria Anzaldúa: Postcolonialidad y feminismo. Gedisa. 
  • Zambrano, María. (1939/2016). Filosofía y poesía. Fondo de cultura económica. 
  • Zambrano, María. (1950/2002). Hacia un saber sobre el alma. Alianza Editorial.