Artículo DLM- 3 Laura Linares

Cultura e igualdad en los núcleos rurales

Cultura y transformación social                                  

Atendiendo a la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible de la ONU, nos encontramos que,  uno de sus principales objetivos es alcanzar la igualdad de género, así como el empoderamiento de mujeres y niñas. 

En la instauración de una sociedad igualitaria la cultura juega un importante papel porque, aunque, ciertamente, es uno de los principales trasmisores y perpetuadores de valores, tradiciones, ideas y creencias, a su vez es también una potente herramienta transformadora capaz de promover sociedades diferentes, por ejemplo, sociedades más igualitarias. Por paradójico que parezca, la cultura posee un doble carácter, por un lado, es agente protector y conservador, mientras que, por otro lado, es potencia trasformadora. A esta ambivalencia de la cultura apunta el antropólogo Ralph Linton, cuando afirma que “toda sociedad participa de una cultura, la perpetúa y la modifica” (LINTON, 1983, p.12).

Todo ser humano está dentro de una cultura desde el momento mismo en que nace, incluso antes de nacer, cuando aún somos un feto en la tripa de nuestra madre, ya formamos parte de una cultura. Somos seres sociales y culturales desde que nos engendran porque, aún sin haber nacido, ya tenemos un nombre y se nos espera con el hogar, la vestimenta, la lengua y las costumbres, entre otras, propias de nuestra tribu. La familia es nuestro primer elemento socializador y el primer eslabón en nuestro proceso de enculturación. Sin embargo, la cultura también está sujeta a la coyuntura histórica, y esta se caracteriza por el cambio y el devenir, por ello, las diferentes culturas van variando a lo largo de la historia y lo que en cierto periodo histórico se consideró correcto, véase el ejemplo de los sacrificios humanos en las culturas antiguas, en otros momentos deja de serlo.  A este respecto, los movimientos contraculturales tienen la potencia de cuestionar la cultura tradicional heredada y hacen posible transformarla al proponer nuevas prácticas, creencias y valores humanos que configurarían así el nuevo tiempo histórico. 

Es este carácter transformador de la cultura lo que nos interesa destacar y al que daremos relevancia en adelante.

Expuesto ese interesante doble carácter de la cultura, y centrándonos en las posibilidades que esta nos ofrece para el cambio, se hace ahora necesario comenzar por lo que debería haber sido el inicio, nuestra definición de cultura.

El término cultura, es un término que toda persona entiende y utiliza, pero que cuando nos ponemos a definirlo empiezan los problemas porque nos encontramos con que este posee diversas acepciones. De entre las distintas definiciones de lo que es la cultura hemos seleccionado, por el interés propio de nuestra exposición, la que el antropólogo Edward Burnett Tylor expuso en 1871. Para Tylor, la cultura es “aquel todo complejo que incluye el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las costumbres y cualesquiera otros hábitos y capacidades adquiridos por el hombre en cuanto miembro de la sociedad” (Tylor, 1871, p. 29).

De entre los elementos conformadores de lo que sería la cultura, según Tylor, vamos a centrarnos en dos, en el pensamiento filosófico y en el arte, incluyendo en esta última categoría la pintura, la escultura, la arquitectura, la fotografía, la música, el teatro, la danza, la literatura, y el cine. ¿Por qué nos centramos en estas disciplinas? Porque consideramos que tienen la capacidad de, no sólo perpetuar, sino de crear contracultura y con ello, de innovar, de promover nuevas perspectivas, ideas, creencias y prácticas que contribuyan al desarrollo de ese carácter transformador de la sociedad que posee la cultura. 

Cultura e igualdad en los núcleos rurales 

En relación a los núcleos rurales, sobre todo aquellos más pequeños que sufren la despoblación y el envejecimiento poblacional, (como por ejemplo en el que yo vivo, una aldea pirenaica de unos cincuenta habitantes en el Alto Aragón, Huesca), observamos que la cultura aquí, recordemos que estamos haciendo referencia al arte y a la filosofía, por un lado, es verdaderamente escasa, pues las actividades que se programan para los pueblos son puntuales y muy esporádicas y para disfrutar de la cultura hay que salir del pueblo y acercarse a núcleos más grandes como Jaca o Sabiñánigo. Esta movilidad no es posible para todo el mundo, por ejemplo, para las personas de edad más avanzada. Por otro lado, observamos que lo que se muestra en estas zonas, por lo general, suelen ser obras de carácter folclórico y tradicionalista que tienden más bien a perpetuar tradiciones que a cuestionarlas y modificarlas, lo que acaba provocando la consolidación de las creencias, valores, ideas y prácticas ya establecidas. 

De aquí se infieren dos problemas: el primero, que el acceso a la cultura en los núcleos rurales, a diferencia de lo que ofrecen las ciudades, es muy deficiente, y el segundo, que al mundo rural apenas llegan las innovaciones artísticas o el pensamiento filosófico que se presenta en las ciudades y que permiten cuestionar nuestras narrativas, identidades y tradiciones heredadas, tanto a nivel individual como colectivo. 

En relación al segundo problema, consideramos importante tener en cuenta que cuando se proyecta una programación cultural no se trata simplemente de llenar un espacio de ocio, sino que se ha de intentar que los espacios culturales se llenen con piezas que, más allá del entretenimiento o la muestra y valoración de los saberes y tradiciones de cada pueblo, también motiven el cuestionamiento y la crítica de la herencia cultural adquirida.

Estos dos problemas, el deficiente acceso a los servicios públicos fundamentales, en este caso apuntamos a la cultura, y la escasa muestra de obras de pensamiento contemporáneo y de arte vanguardista en los núcleos rurales genera una desigualdad de oportunidades entre las mujeres y hombres que viven en los núcleos rurales con respecto a los habitantes de las ciudades. En este sentido, tal como afirma María Sánchez en su obra Tierra de mujeres, “los habitantes de los pueblos son ciudadanos de segunda” (SÁNCHEZ, 2019, p. 54). Estoy completamente de acuerdo con ella. Partiendo de esta premisa, se torna necesario trabajar por una ciudadanía de primera también en los espacios rurales tomando como horizonte el acercamiento y la hibridación de la ciudad y lo rural para tratar de estrechar sus desigualdades. 

Además de la desigualdad en el acceso a los servicios y a la calidad de los mismos entre los habitantes del campo y los de la ciudad que acabamos de mencionar, queremos prestar especial atención a otra forma de desigualdad muy acusada dentro de los núcleos rurales, la desigualdad de género. 

Según las conclusiones extraídas del Diagnóstico de la Igualdad de género en el medio rural (DIGMR) realizado en 2021 y publicado en 2022, por el entonces Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino, se concluye que: “Las mujeres del medio rural resultan determinantes para su vertebración territorial y social, y son un vector para la innovación y el emprendimiento rural. Sin embargo, en el medio rural todavía se mantienen escenarios de desigualdad entre mujeres y hombres en un grado más acusado de lo que ocurre en el medio urbano” (DIGMR, 2021).

Entrando en el análisis más pormenorizado de este estudio es importante tener en cuenta algunas de sus conclusiones en relación a los roles y estereotipos de género. A este respecto, en el informe se expone que:

Entre la población rural sigue existiendo una fuerte identificación de las mujeres como poseedoras de destrezas y capacidades innatas para la realización de las tareas de cuidados y con las tareas domésticas. En este sentido, el 97,8% de la población rural está en desacuerdo con que los hombres pudieran hacerse cargo de los cuidados mejor que las mujeres, y el 62,8% piensa que las mujeres tienen una capacidad natural para realizar las tareas domésticas. (DIGMR, 2021, p. 203).

Y esta convicción se mantiene a pesar de que “existe una mayoría de la población rural que no está de acuerdo con que la asignación diferenciada de roles (56,6%) se haga en función del sexo biológico” ((DIGMR, 2021, p. 203).

Así mismo, “se detecta un grado de acuerdo mayoritario entre la población rural en relación al estereotipo de belleza femenino y derivado de este, el deber de las mujeres de atender a su aspecto físico –con el 66,1% de la población de acuerdo–.” (DIGMR, 2021, p. 203).

El informe señala también que, si atendemos a los usos del tiempo que hacen mujeres y hombres, estos “continúan reflejando la asignación de roles y estereotipos de género: son las mujeres rurales quienes más tiempo dedican a las tareas de cuidados familiares y domésticos. Mientras los hombres se dedican más a la vida pública”. (DIGMR, 2021, p. 18). 

Los estereotipos y roles de género se dan tanto en ciudades como en las zonas rurales, pero, concluye el estudio, “continúan manifestándose con especial intensidad en el medio rural, lo que supone, sin duda un importante obstáculo para la consecución de la igualdad de género” ((DIGMR, 2021).

Tras lo expuesto, hemos de identificar tres formas de desigualdad en los núcleos rurales: la primera, el desigual acceso a servicios básicos, en este caso hablamos de la cultura, entre hombres y mujeres de los núcleos rurales con respecto a los que viven en las ciudades; segundo, la desigualdad de género entre hombres y mujeres dentro de los núcleos rurales, y tercero, la desigualdad, en relación a estereotipos y roles de género, entre las mujeres y niñas del mundo rural con respecto a las mujeres y niñas de las ciudades. 

Es importante señalar que, en relación a la desigualdad entre lo rural y las ciudades, se está produciendo un interesante diálogo y una cierta hibridación entre ambas que puede contribuir a que las desigualdades disminuyan. En el caso de las ciudades nos encontramos una planificación de ciudades verdes al alza o la proliferación de los huertos urbanos, mientras que, en el caso de la población rural la presencia de personas que vienen de las ciudades (turistas, segundas residencias, la neorruralidad, o la migración, entre otras) han permitido incluir nuevos modelos de vida y nuevas miradas más cosmopolitas que contribuyen a la modernización de los núcleos rurales. 

En relación a la igualdad de género, volviendo al Diagnóstico de 2021, es esperanzadora también la transformación a la que está contribuyendo la juventud rural. Al tener acceso a educación, salir a cursar estudios superiores a núcleos urbanos, estar interconectados, al menos digitalmente, con el mundo más allá de lo rural, al viajar y tener más contacto con las ciudades y sus habitantes, ha hecho que su imaginario y sus valores se modernicen observándose en el estudio “la posición menos conservadora de la juventud rural, lo que hace pensar en un futuro alentador en términos de una sociedad más igualitaria” ((DIGMR, 2021).

Cada territorio y su población tiene sus propias peculiaridades, y partiendo de esta base se hace necesario seguir fomentando medidas que hagan viable la igualdad de género y la igualdad en el acceso a servicios públicos de calidad con respecto de las ciudades, dado que alcanzar una sociedad igualitaria es una cuestión de justicia social. 

En relación al objetivo de alcanzar la igualdad, la cultura juega un papel importante. Si presentamos pensamiento y obras filosóficas, así como piezas artísticas que cuestionen los roles y estereotipos de género, que cuestionen los cánones de belleza, que hagan partícipes a las mujeres de todas las edades, podemos contribuir a crear nuevos imaginarios, relaciones y prácticas, tanto individuales como colectivas, y así acercarnos al objetivo de la igualdad y el empoderamiento femenino en el mundo rural, a la par que colaboramos en hacer de sus habitantes ciudadanas y ciudadanos de primera categoría. 

Lograr este objetivo no pasa sólo por iniciativas de asociaciones, entidades o personalidades privadas, sino que para lograr la accesibilidad y promoción de una cultura innovadora y transformadora en los núcleos rurales es necesario desarrollar políticas culturales capaces de dar respuesta a estos objetivos, lo que implica un fuerte compromiso político e institucional.

Algunos ejemplos de proyectos artísticos en núcleos rurales:

1. «Lo recordaba la más vieja del lugar»

Acorde a esta necesidad de trabajar por la igualdad en los núcleos rurales, desde nuestra Asociación, Clásicas y Modernas. Asociación para la igualdad de mujeres y hombres en la Cultura, (por cierto, promotora también de la revista que estás leyendo) creamos un grupo de trabajo orientado a la realización de actividades culturales en dichos espacios. 

En este marco, hemos organizado unas jornadas que llevan por título “Lo recordaba la más vieja del lugar”. El proyecto es una idea original de la filósofa y escritora Rosa María Rodríguez Magda que fue presentado y aceptado por el Ministerio de Cultura en la convocatoria de 2024 para la Promoción de la Lectura. 

Nuestra propuesta se ha dirigido a las mujeres rurales, especialmente a las de edad más avanzada. Las mujeres rurales, en sus tareas diarias, son las principales mantenedoras de la cultura popular. Han trasmitido el patrimonio cultural de forma oral, han asegurado los cuidados, han conservado y transmitido sus canciones, sus remedios, sus recetas, sus labores, sus saberes populares y tradiciones. Ellas han jugado un papel esencial en la construcción de la memoria y la historia de los núcleos rurales. 

Atendiendo a este punto de partida, entre los objetivos principales del proyecto se encuentran: primero, la promoción de la lectura; segundo, la recuperación de la memoria oral de las mujeres; tercero, el que sean capaces de validar y valorar su trabajo, su vida y su memoria viendo cómo su narración, identidad y vivencia es digna de formar parte de la literatura; cuarto, fomentar el diálogo y la convivencia intergeneracional. Quinto,  fomentar el vínculo entre cultura, núcleo rural e igualdad de género.

En la actualidad esta actividad se llevado a cabo por ahora en tres núcleos rurales: Banaguás (Huesca), Benitatxell (Alicante) y Verín (Ourense), y prevemos que muy pronto llegue a La cabrera (Madrid), Vegas del Condado (León),  Albocásser (Castellón) y en un núcleo rural, a determinar, en Barcelona.

Los talleres se han desarrollado en tres sesiones, las dos primeras dirigidas a mujeres de todas las edades, pues queríamos que ellas tuviesen la palabra y fuesen las principales trasmisoras de la memoria oral femenina, y la última fue una sesión mixta. 

En la primera sesión, se realizó una lectura, en la lengua propia de cada lugar, de una serie de textos seleccionados previamente. Los textos elegidos fueron textos en los que las mujeres pudiesen sentirse reconocidas, que hablasen de ellas desde una sencillez que permitiese su disfrute y comprensión. Tras la lectura, se hizo una puesta en común de lo leído. Acabamos la sesión con un conversatorio, al hilo de los temas mostrados en los textos y acorde a la cultura de cada población, sobre diferentes temas relacionados con la memoria, vida, trabajo e identidad de la mujer rural. Al terminar esta sesión se les pidió que, para la segunda sesión, trajesen algún texto escrito sobre algo que recordasen que contaba la más vieja del lugar. 

En la segunda sesión, las mujeres trajeron los textos escritos y las que no pudieron escribirlo, nos contaron sus relatos y los escribimos todas juntas. Compartieron canciones, refranes, anécdotas. juegos, trabajos domésticos, cuidados, experiencias, usos y costumbres, vivencias y, sobre todo, la sororidad que siempre ha habido entre ellas. Escribimos, leímos sus relatos, los ordenamos y juntas conformamos nuestra narración transformando la trasmisión oral en memoria escrita.

Finalmente, en la última sesión, en la sesión mixta, se leyeron los textos escritos por las mujeres, se hicieron preguntas, se estableció el diálogo y se reflexionó acerca de las diferentes narrativas, la masculina y la femenina, tomando con ello conciencia de su diferencia. Reflexionamos también sobre el importante papel de las mujeres en el mundo rural, dando con ello valor a su vida, a su memoria y a su persona. 

Tras los talleres, nuestra previsión es plasmar el material recopilado en un libro o en un documental.

Para terminar, comentar que ha sido muy interesante ver la ilusión, la colaboración y la implicación de las mujeres en las jornadas. La participación ha sido muy elevada, superando las expectativas con las que arrancamos esta iniciativa. En este sentido, entre nuestras conclusiones más importantes ha sido la necesidad de seguir dando voz a las mujeres rurales y seguir trabajando desde la cultura por la igualdad en estos territorios olvidados.

2. Rumbos peripatéticos. Arte y filosofía en el mundo rural

Como acabamos de mostrar, recoger el testimonio, la cultura y la memoria oral de los habitantes de los pueblos, en especial de las mujeres, como hicimos en el taller “Lo recordaba la más vieja del lugar”, es una tarea interesante que contribuye al objetivo de alcanzar sociedades más igualitarias. 

Sin embargo, como dijimos anteriormente, también es necesario que la cultura más vanguardista e innovadora llegue a los núcleos rurales. En el marco de este deseo he colaborado junto a otra persona en el desarrollo de un proyecto de arte y filosofía desde el año 2012. 

En nuestro proyecto, hemos trabajado diversas corrientes y pensamientos filosóficos a partir de heterogéneos formatos artísticos. Inicialmente, y lo que más hemos trabajado, ha sido la performance, pero también hemos realizado instalaciones y exposiciones de pintura y texto filosófico. 

A largo de todos estos años hemos reflexionado sobre temas de interés filosófico a partir de lo que hemos llamado performances filosóficas. En nuestros trabajos hemos acercado los planteamientos sobre el devenir de Heráclito, la filosofía de Hegel, el vitalismo de Nietzsche, la importancia de la democracia y su nacimiento en el ágora griega, hemos aclamado la vida tranquila y el hacer lento, o hemos pensado sobre las reglas del juego que silenciosamente despliega el capitalismo. Aunque hemos expuesto algunas de estas piezas en ciudades como Madrid o Zaragoza, fundamentalmente las hemos realizado en núcleos rurales y en espacios naturales. 

En el año 2013 participamos en el Festival Periferias en Huesca dedicado ese año al horror, con una instalación titulada “El horror como experiencia íntima” que expusimos en el núcleo rural de Apiés. 

Lo más recientemente que hemos realizado ha sido en julio de 2023 la exposición titulada Imágenes de un mundo en el marco del Festival Núcleo, que se organizaba en Jaca hasta este año. En este trabajo expusimos en el Palacio de Congresos de Jaca una serie de obras pictóricas y de textos filosóficos que nos animaban a disfrutar del arte contemporáneo a la par que alentaban a la reflexión sobre el malestar que sufre el sujeto contemporáneo debido a la productividad que nos ahoga.

Algunos de los objetivos principales de nuestro trabajo, siempre ha estado el cuestionar y motivar la capacidad de crítica, el placer estético y fomentar una cultura innovadora en los núcleos rurales para con ello contribuir a la modernización de los mismos y estrechar las desigualdades con respecto de las ciudades.

Entre mis planes de futuro está el poder crear un espacio cultural dedicado al arte, las humanidades y el pensamiento en el pueblo en el que vivo. Con ello, podría seguir contribuyendo a impulsar la cultura en nuestra Comarca, fomentar la igualdad entre la ciudad y los pueblos, y acercar el pensamiento y el arte contemporáneo crítico a los núcleos rurales motivando así esa capacidad transformadora que posee la cultura. 

No obstante, como dije anteriormente, para que estos y otros proyectos culturales salgan adelante es necesaria la colaboración y el compromiso de ayuntamientos, Comarcas, instituciones y políticas culturales. 

Bibliografía


Laura Linares Abadía
Doctora en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid. Es vocal de la Asociación de ética y Filosofía Política, miembro de la Asociación Clásicas y modernas, y de la Sociedad Aragonesa de Filosofía. Ha realizado diversas conferencias en Congresos nacionales e internacionales de filosofía. Es autora de varios artículos publicados en revistas especializadas de filosofía y también en prensa; Es coautora de la última edición del libro de Historia de la Filosofía de 2º de bachillerato de la editorial McGraw Hill. Desde 2013 lleva a cabo un proyecto de arte y filosofía con el pintor Juan Casbas; su último trabajo, expuesto en julio de 2023, se titula Imágenes de un mundo. Actualmente trabaja como profesora de Educación secundaria y Bachillerato. Es socia de Clásicas y Modernas.