Esto ha sucedido, una breve reflexión sobre las mujeres víctimas de la shoah.


Vosotros que vivís seguros/ en vuestras cálidas casas /vosotros que encontráis volviendo por la tarde, un caldo caliente y rostros amigos:/Considerad si esto es un hombre/
Quien trabaja en el fango/Quien no conoce la paz/ Quien lucha por la mitad de un trozo de pan/ Quien muere por un sí o por un no./ 
Considerad si esto es una mujer/sin cabello ni nombre/ sin fuerzas para recordar/ ojosvacíos y vientre frio/como una rana en invierno./ Pensad que esto ha sucedido:/os ordeno estas palabras./Esculpidlas en el corazón/Estando en casa, caminando por la calle,/acostados, levantados./Repetidlas a vuestros hijos./Si no lo hacéis que la casa se arruine,/Que la enfermedad impida/ a vuestros hijos desviar el rostro de vosotros

(Primo Levi, 2025,7)1

1. Considerad si es una mujer

El poema de Primo Levi tiene ecos de oración bíblica, el mandato de recordar, de trasmitir a los hijos. Me conmueve, me hiere y, como todo lo relacionado con la shoah, me interroga, en este caso me pregunto: ¿Hay en relación a las víctimas de la shoah características especiales en torno al género?  Estos versos nos encontramos una llamada a un otro a quien se cuenta, a quien se busca, a quien se interroga; por otro lado, hay un foco en la víctima, donde se separa a hombres de mujeres.  Considerad si es una mujer/ sin cabellos ni nombre (Levi, 2025,7).  Sobre las mujeres intuitivamente el nombre y el cabello surgen como identidad. El cabello que se oculta en muchos grupos religiosos por considerar que es una parte expuesta de la sexualidad, de la incitación al deseo masculino, que es y no una característica de la feminidad.  Vacía la mirada y vientre frío. A qué se refiere exactamente: Vientre: un vacío, un frio de ausencia. En el libro Como una rana en invierno, de Daniela Padoan, Liliana Segre dice: “Conocí a una chica que descubrió que estaba embarazada allí dentro y después no la vimos más. (…) son cosas que a un hombre no le podían pasar.” (Padoan, 2021, 19)

Al llegar, el afeitado del cabello, la obligación de desvestirse frente a los soldados, el cuerpo desnudo, la inspección genital durante produjeron en las mujeres sentimientos significativos diferenciados, “Las mujeres desfilaban desnudas entre soldados uniformados, y alguien decidía si les permitía seguir viviendo o las enviaba a la muerte. Este abuso tan grave, tan humillante, para mí es un recuerdo inolvidable entre los millones de cosas que no he olvidado jamás. (Padoan, 2021, 23) 

Los investigadores sobre la shoah han estudiado diversos aspectos y entre ellos las particularidad de la mujer en esa catástrofe.  En la actualidad es considerable el esfuerzo en este sentido de las investigaciones sobre la Violencia contra las mujeres durante el Holocausto que lleva a cabo Marta Havryshko, Doctora en Historia por la Universidad Nacional Ivan Franko de Lviv (Ucrania), quien analiza los patrones, la dinámica,  especialmente las consecuencias de la violencia sexual contra las mujeres y niñas judías en tiempos de la (D.Nešťáková, K.Grosse-Sommer, B.Klacsmann, 2021, 221-242). En la actualidad centra su estudio en la violencia en la guerra contra Ucrania. Su proyecto va más allá, también analiza las ideas sobre el cuerpo, la sexualidad, la reproducción etc.  Así como el origen e ideas de los perpetradores para la violencia sexual y las experiencias de víctimas/sobrevivientes de estos procesos. Porque hay una peculiaridad en el sufrimiento de las mujeres en tanto mujeres. Se puede escuchar la entrevista en el canal de YouTube del Centro Sefarad- Israel.

Por otro lado el periodo en el que se ejecuta la violencia y aniquilación de los judíos es en la primera mitad del siglo pasado, donde los patrones sociales y culturales mantienen las tensiones del patriarcado, lo que supone una percepción de la mujer y del hombre según estructuras, donde la mujer cumple una función en muchos casos limitada a tradicionales roles femeninos y su cuerpo está sometido al deseo del hombre sobre todo en situaciones de guerra y violencia. Esto lo vemos incluso ahora en la Guerra de Ucrania, desde la violencia sexual a la venta de mujeres. Por otro lado, este uso de la mujer también se da como reivindicación de muchas mujeres alemanas quienes aceptan voluntariamente el rol de procreadoras asumiendo la maternidad como elemento patriótico. Es necesario señalarlo aunque en este breve artículo me centraré en algunas de las entrevistas que he mantenido con las víctimas judías y no en los llamados verdugos voluntarios de Hitler, por la responsabilidad del hombre común, como señala la tesis central de Daniel J. Goldhagen (Golhagen, 1997). “Ese proceso de eliminación no distinguía niños, mujeres ni hombres”. (Sanchís Muñoz, 2005,178).

2. Sin fuerzas

La realidad es como señalan los historiadores consultados, ambos sexos estuvieron sometidos a una extrema violencia, antes de ser entregados a los campos de exterminio sufrieron agresiones, humillados, desposeídos de sus cargos y de sus bienes, hambre, frio, persecución y violencia. Una vez dentro del campo abusos, trabajos forzados, hambre, enfermedad y asesinato. Todo ellos con un método que quería ordenar la crueldad. Pero solo las mujeres tuvieron que hacer frente a embarazos, abortos y exámenes ginecológicos invasivos. La mayoría de las víctimas y supervivientes de violaciones son mujeres, aunque algunos hombres también las sufrieron, no olvidemos además que el régimen perseguía también a los homosexuales que tuvieron como en Mauthausen un distintivo especial.

En los campos nazis se separaron a hombres de mujeres. Al llegar en primer lugar se hacía una selección, unos iban al campo y otros directamente a la cámara de gas. Esta selección, Quien muere por un sí o por un no, la selección que separaba evidentemente a madres y padres de hijos, se hacía atendiendo a edades o estado de salud según las necesidades y arbitraje del momento como señalan muchos testigos les impulsaba dentro del orden una voluntad caprichosa.

Todo ocurrió muy deprisa, en medio del estupor, del desconcierto. Separaron los hombre de las mujeres y comenzó la selección. El grupo femenino se iba reduciendo a medida que eran excluidas las mujeres ancianas, las más jóvenes y las madres con niños.

(Padoan, 2021, 163)

Los perpetradores de las violaciones eran en su gran mayoría hombres. Pero en los campos de mujeres muchas guardianas Kapos de los países colaboradores eran vigilantes de las barracas de las mujeres y ejecutaban con violencias las órdenes nazis.

El aumento de la violencia sexual contra las mujeres se atribuye a varios factores, entre otros el considerar el cuerpo de la mujer como territorio enemigo. La invasión de este territorio es una conquista que humilla al otro. Los perpetradores que se consideraban de la raza superior no vieron un delito racial abusar de las mujeres judías, por lo que a pesar de atribuir a los judíos elementos raciales que impedirían cualquier unión entre ambos, ellos no dejaron de abusar de las mujeres ni de violarlas. En el caso de los judíos, no se trata de territorio sino de aniquilación, el poder ejercido de este modo se amplía por el absoluto de la negación del otro. Por lo que en esas violaciones también está el sentimiento de posesión del poder absoluto sobre el destino del otro. Mujeres violadas a las que posteriormente se va a aniquilar. Era una consecuencia inevitable de las deshumanizadoras teorías raciales nazis. La noción de que las relaciones sexuales con una mujer judía constituirían una “profanación racial» la Rassenschande o “vergüenza de sangre”   Blutschande  -un concepto anti-mestizaje en la política racial alemana nazi regulada según sus leyes- no evitó por lo tanto la violación.  Esto indica cómo fuera de la ideología hay un sustrato de violencia extrema que se radicaliza en las situaciones de guerra y caos, como si las fronteras cayeran y se dejara a los instintos depredadores ejercer su voluntad primaria. 

A las violaciones se añaden los estudios y experimentos médicos, los embarazos o la pérdida de la menstruación por el hambre fue también una consecuencia que alteró el cuerpo de la mujer. Por otro lado esta pérdida impidió embarazos no deseados. Las violaciones a mujeres se favorecieron en los países ocupados, el aumento se debe a la misoginia,   al uso del alcohol y las drogas que les desinhibían.  

Los testimonios recogidos en diversos en el Yad Vashem, Museo de la Shoah en Jerusalem (mano en el nombre) van recomponiendo la geografía del horror, violaciones brutales a las mujeres que se resistían era trato habitual en los campos. 

3. Vientre Frío. La madre

Durante varios años he sido testigo de los testimonios de varios supervivientes. Algunos de ellos eran niños o muy jóvenes durante ese tiempo. Para ellos en tanto niños la presencia de la madre era parte esencial de la memoria y del relato más que otros familiares. No olvido cuando escuché a Rahel Abecasis dando testimonio en un acto en el Centro Sefarad Israel, quien con su esposo es traductora de Singer, escritor premio Nobel con quien compartió lugar de nacimiento en la misma calle de Varsovia. Recuerdo su historia de huida y supervivencia. Llegado un momento cuenta que su madre se ve obligada a dejarla en un campo de refugiados, son los primero momentos del final de la guerra, el desorden, el caos impide volver a un lugar tranquilo y razonable. Muchos que volvieron a Polonia fueron asesinados como el caso de un joven de la familia amiga, los Goldewich. Los polacos que así actuaron quizá por el odio que aún conservaban o porque creían que los judíos volvían para vengarse. Nada más lejos de sus intenciones, desesperados, buscaban saber qué sucedió con sus familias. Rahel Abecasis cuenta que en el campo de refugiados donde estaban niños huérfanos un día escucho una voz de mujer gritar su nombre, cuando ella repite su nombre ¡Rahel, Rahel! como si fuera de nuevo la voz de su madre me recorre un escalofrío ante la escena. La madre había ido de campo en campo buscando a su hija. Cuando se encuentran se abrazan. También Irene Sasha, que ha dado testimonio en el acto de la shoah organizado en el senado de Madrid en este año 2023, una superviviente que era una niña muy pequeña, cuenta que fue encerrada en el gueto de Varsovia. Su padre se quedaba en la pequeña estancia que habían conseguido, probablemente, ella no lo sabe porque, guardando y protegiendo sus pertenencias, la madre y ella iban en busca de comida. Recuerda que encontraron una patata y la madre la partió. La limpió y le dio la mitad. Ella supuso que la otra era para la madre también hambrienta. Pero cuando acabó su mitad, la madre le entregó el otro trozo de la patata. Cuenta que un día al volver a su digamos casa, si a esos lugares donde les habían confinado se puede llamar así, encontraron al padre asesinado. Poco después emprendieron la huida. Milagrosamente escaparon del gueto y la madre encontró trabajos diversos de sirvienta escondiendo su identidad. La niña debía permanecer escondida en armarios con la promesa materna de que volvería un día a jugar en un parque. Al final de la guerra en un orfanato veía a su madre los domingos, la madre llegaba con dulces para todos los demás niños, y ella estaba feliz, iba a estar allí un tiempo hasta que la madre pudiera ocuparse de ella. Pero la madre murió y un domingo se quedó inútilmente esperando, un familiar se hizo cargo y viajó a Latinoamérica hasta vivir en Israel. Su historia es la historia de una superviviente. Se salvó de niña gracias a la fuerza protectora de su madre. 

En un texto, Vida y Destino de Vasili Grossman, que considero fuera de cualquier canon, fruto del siglo pasado, uno de los únicos libros capaces de mantener el germen de cada voz sufriente, en un capítulo dice así: “Y ahora Debora, la mujer del mecánico caminaba pensativa   con su hijo en brazos, y aquel bebé que lloraba día y noche estaba callado” (Grossman, 2007, 695).  Con su hijo en brazos camino de una cámara de gas. Ella que había robado comida para el niño caminaba ahora hacia la cámara de gas. Por más que quisieran ignorarlo ¿no tendrían la intuición de lo que les iba a suceder? ¿No habían oído los rumores y los murmullos? En el mismo libro, cientos de páginas antes, la madre de Vitia le escribe una carta. Le habla del gueto de Varsovia, pero como si saber al hijo a salvo contuviera su miedo y su angustia.  Aunque es claramente una despedida. “Vitenka…Ésta es la última línea de la última carta de tu madre. Vive, vive, vive siempre… Mamá” (Grossman, 2007, 110). Mamá, un nombre, mamá y en ese vive siempre está su consuelo.  Violeta Friedman en sus memorias, cuenta cómo vio alejarse a su madre en la “otra fila” su madre le había dado sus zapatos de tacón, probablemente eso la salvó (Friedman, 2015,10).

Rafael Lemkin es quien tras la matanza de armenios, y después de la Shoah se dio cuenta de la necesidad de una ley internacional que castigara la matanza de un grupo de personas de una misma etnia o región: el genocidio. Cuenta su huida hacia los EE.UU. en la Europa del principio de la segunda guerra mundial. Un amigo pasa unos días en casa de sus padres para encontrarse con él posteriormente en Vilna tras su paso por la casa de sus padres refugiado de Varsovia. La madre le envía pasteles con el amigo. Imagino el camino, sus peligros y una caja de pasteles.

Benjamin Tomkiewicz llegó, con unas botas altas y con innumerables pasteles. Trajo consigo el cálido entorno de la casa de mis padres y el olor familiar del horno de mi madre, que emanaba de ellos pasteles.

(Lemkin, Editorial, 2018, 123). 

Durante las guerras los hombres son movilizados, las mujeres mayoritariamente quedan al cuidado de los niños. La shoah no era una guerra contra los judíos, los judíos eran ciudadanos de los países que se volvieron contra ellos, sus propios ejércitos, quienes debían de protegerles, donde muchos habían servido, se encargaba ahora de acusarlos. Los hombres no eran movilizados porque como las mujeres y niños, ancianos eran también perseguidos. Pero en la división de roles que asumían las madres quedaban al cuidado de los niños. Eran todos perseguidos, sin embargo, en la huida, según los testimonios y textos escritos, las madres quedaban al cuidado de sus bebés y sus hijos. Me pregunto si el dolor puede medirse, si el sufrimiento de uno tenemos derecho a cuantificarlo. Pero sí está claro que los judíos encerrados en campos a diferencias de otros prisioneros de guerra sabían que sus sufrimientos también los estaban sintiendo del mismo modo sus hijos y sus familias. No puedo imaginar la desesperación de saber y preguntarse cómo y dónde estarían. Por otro lado, las madres llevando a sus bebés en brazos tenían la visión de su sufrimiento de manera inmediata sin capacidad para atenuarlo. Así, a su desesperación se añadía la de la mirada ya cansada y sin lágrimas de un niño que tiene hambre y ha dejado de llorar.    

También recuerdo mi conversación con Anette Cabelli, superviviente quien confesó en un acto organizado por el Centro Sefarad Israel que lo que no perdona de haber sufrido el internamiento en un campo es no poder dar todo su amor a sus hijos. Recuerda a su madre quien le habló de España, por eso quiso obtener el pasaporte Español por amor a su madre, y vino en varias ocasiones a dar testimonio.

Si es importante conocer, si debemos hablarles a nuestros hijos que esto sucedió es para recordar sus nombres y también para generar una nueva cultura que impida el ejercicio de la violencia contra hombres o mujeres. En particular la singularidad del sufrimiento de las mujeres en los conflictos es una manifestación de la pervivencia de factores socioculturales que la siguen manteniendo en situación de vulnerabilidad. Cómo educar para que se generen controles de la violencia, para que la indiferencia, el miedo no sea un factor común del grupo que mira al otro lado debe ser una prioridad en las estrategias educativas.   

BIBLIOGRAFÍA

Golhagen, Daniel J (1997). Los verdugos voluntarios de Hitler, Madrid: Editorial Taurus.
Grossman, Vasili (2007). Vida y Destino, Barcelona: Editorial Galaxia Gutenberg.
Lemkin, Raphael (2018). Totalmente extraoficial, autobiografía. Editorial BERG, Institute. 
Levi, Primo (2005). La tregua, editorial Einaudi Tascabili.
D.Nešťáková, K.Grosse-Sommer, B.Klacsmann (2021). Listening to Women’s Voices: Jewish Rape Survivors’ Testimonies in Soviet War Crimes Trials,” If this is a Woman. Studies on Women and Gender in the Holocaust, eds. Boston, Academic Studies Press. 
Padoan, Daniela (2021). Como una rana en invierno, Madrid: Editorial Altamarea.
Friedman, Violeta, (2015). Mis memorias, Madrid: Editorial Catarata.
Sanchís Muñoz, José R. (2005). Historia Las víctimas del Holocausto honradas por las Naciones Unidas, Artículo Nuestra memoria, año XI, número 26, diciembre.
Marta Havryshko (2020).  Sexual Violence in the Holocaust: Perspectives from Ghettos and Camps in Ukraine, 18 May 2020. Disponible en: https://ua.boell.org/en/2020/05/18/sexual-violence-holocaust-perspectives-ghettos-and-camps-ukraine.

 1 (Traducido del original de Esther Bendahan y Marife Santiago)


Esther Bendahan Cohen. Escritora.  Directora de Cultura del Centro Sefarad-Israel, consorcio del Ministerio de exteriores, Comunidad de Madrid y Ayuntamiento de Madrid. Doctora en Filología francesa.  Es autora entre otras de las de las siguientes obras: -Deshojando Alcachofas, Editorial Seix Barral (2005). Premio Fnac autor revelación. -Déjalo, ya volveremos, Editorial Seix Barral (2006) y reeditadfa por Nagrela recientemente.. -La cara de Marte, Editorial Algaida. XXIX Premio Tigre Juan  — El Tratado del alma gemela.  Premio Torrente Ballester de Novela 2011. Ediciones del viento.  -Si te olvidara, Sefarad, Editorial La huerta grande, ensayo (2020  -La autora, editorial Confluencias (2022). -Maledicencia, colección los pecados capitales, PPC editorial.