Estudio psicolingüístico y social sobre el sexismo en el Diccionario de la Lengua Española (DLE)


1. Introducción

Esta investigación observa el comportamiento de la población general ante un fenómeno: el sexismo lingüístico en el Diccionario de la Lengua Española (DLE) de la Real Academia Española (RAE). El diccionario es el reflejo de una realidad y el modelo de la realidad que transmite (Forgas Berdet, 1999) y “si la lengua es el principal vehículo conformador de ideología, el diccionario viene a ser el recipiente de dicha ideología” (Guerrero Salazar, 2019). A pesar de estas afirmaciones, surge el debate en torno a las valoraciones lingüísticas que dan cabida en el diccionario, sobre todo en torno al sexismo lingüístico en el DLE. La visibilidad de la mujer ha sido un tema de interés entre los estudios lingüísticos con aspectos ideológicos, sobre todo, tras la publicación del informe “Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer”, llevado a cabo por Ignacio Bosque con el respaldo de la RAE (Bosque 2012). Sin embargo, para este trabajo lo que interesa es la asimetría sexo-social materializada en el comportamiento sexo-lingüístico (Buxó Rey, 1978), es decir, aquellas palabras en las que se incluyen diferentes significados mostrando el “vivo reflejo de connotaciones sociales diferenciadas para ambos sexos” (Buxó Rey, 1978:98). La hipótesis de partida presupone que sí hay conciencia por parte de la población del sexismo lingüístico que se muestra en el diccionario académico DLE y que, en ocasiones, la Academia no recoge el reflejo de una realidad general, sino una específica, la suya propia.

2. Metodología

Se presenta un experimento conductual a través del desarrollo del cuestionario. Dicho cuestionario se realizó a través de Formularios de Google y se difundió por redes sociales y encuentros de divulgación. Las personas encuestadas han supuesto un total de 667, de manera anónima y sin incluirlas en ningún grupo determinado de edad, género o nivel educativo (entre otros), ya que lo que interesa en este estudio es la percepción de la población en general. Para hacer el ejercicio atractivo y dinámico, se planteó de tal manera que fuera un juego para la persona encuestada. La finalidad era demostrar quién es más sexista, el diccionario o quien habla. Si la puntuación que se obtiene está entre 0 y 50 puntos significa que la persona es más sexistas que el DLE, mientras que de 50 a 100 puntos el sexismo se encuentra en el diccionario. Al final del cuestionario obtenían su puntuación y comentarios acerca del DLE en cada pregunta. El cuestionario consta de tres subsecciones que abordan tres tipos de campos semánticos: la vestimenta, el plano sexual y de género y las profesiones.

3. Análisis de datos

Sexismo lingüístico y la vestimenta

El lema escogido sobre vestimenta es braga. El DLE indica que es una “prenda interior infantil”, mientras que de calzoncillo solo indica el sexo al que corresponde la prenda, es decir, “masculina”. En el cuestionario se ha escogido la definición de braga proporcionada por el diccionario y se ha dado a elegir entre braga, calzoncillo y pañal. Pese a no ser una prenda de ropa, un 80,4% vota pañal. Esto se puede deber a la connotación que se le ha atribuido con el adjetivo infantil, que nos recuerda a la infancia.

Sexismo en el plano sexual y de género

En el campo semántico que abarca lemas relacionados con el plano sexual y de género, se muestra en el cuestionario parte de la definición que propone el DLE para el lema maruja/o: “hombre que se dedica solo a las tareas domésticas”. En realidad, lo que aparece en el diccionario es lo siguiente:

marujo, ja
De Maruja, hipocorístico del n. p. María.
1. f. despect. coloq. Esp. Mujer que se dedica solo a las tareas domésticas y a la que suele asociarse a ciertos tópicos como el chismorreo, la dependencia excesiva de la televisión, etc. U. t. c. adj.
2. m. irón. coloq. Esp. Hombre que actúa como una maruja (‖ mujer que se dedica solo a las tareas domésticas). U. t. c. adj.

Tan solo un 4,8% selecciona el lema real. De las 667 personas que han participado, un total de 407 (es decir, el 61%) prefiere relacionarlo con el lema hombre. Un 25,3% lo relaciona con ama/o (de casa) o un 8,7% con chacha/o. Esta pregunta estaba diseñada para que se seleccionase alguno de los dos últimos mencionados (ama/o, chacha/o), ya que la definición propuesta es más socialmente vinculada a estas, y no maruja, que se relaciona socialmente con ser cotilla, chismorrear. No obstante, se observa un alto grado de conciencia de lo que implica, de sus connotaciones sexistas.

Aunque no aparezca en la última edición1, se ha escogido la definición de gozar de la 22ª (2001), donde se posiciona en tercer lugar “conocer carnalmente a una mujer” (RAE, 2001).

La propia RAE indica en la página web2 que “debe tenerse en cuenta que esta versión electrónica da acceso al texto de la 22.ª edición del Diccionario de la lengua española, publicada en 2001” (RAE, 2023) y, a continuación, el enlace actualizado del lema en el DLE. Centrándonos en las respuestas del cuestionario, la mayoría (70%) selecciona que la definición más acorde sería relacionada con el lema follar. Cabe la teoría de que se deba a la asociación con el acto sexual, carnal.

El último lema seleccionado, con la actualización en el DLE más reciente, es cunnilingus. Aunque ya no se encuentra en esta 23ª edición, constaba hasta hace pocos meses3. Se puede leer en la 22ª edición:

cunnilingus.
(Del lat. cunnilingus).
1. m. Práctica sexual consistente en aplicar la boca a la vulva.

Hay que destacar el verbo de la oración “aplicar”. Si se busca en el diccionario no hay una sola acepción que pueda parecerse a lo que se refiere en la entrada cunnilingus:

aplicar
Del lat. applicāre.
1. tr. Poner algo sobre otra cosa o en contacto de otra cosa.
2. tr. Emplear, administrar o poner en práctica un conocimiento, medida o principio, a fin de obtener un determinado efecto o rendimiento en alguien o algo.
3. tr. Referir a un caso particular lo que se ha dicho en general, o a un individuo lo que se ha dicho de otro.
4. tr. Atribuir o imputar a alguien algún hecho o dicho.
5. tr. Destinar, adjudicar, asignar.
6. tr. Der. Adjudicar bienes o efectos.
7. intr. Am. Presentar una solicitud oficial para algo, como un puesto de trabajo, una beca o una plaza en la universidad. La joven aplica A varias universidades.
8. intr. Am. Tener validez o relevancia para algo. La norma no aplica A las compras hechas en el extranjero.
9. prnl. Poner esmero, diligencia y cuidado en ejecutar algo, especialmente en estudiar

Por ello, finalmente se ha cambiado por “estimular”, verbo que sí se mostraba en la práctica sexual para el hombre:

felación.
(Del lat. mod. fellatĭo, der. de fellāre, mamar).
1. f. Estimulación bucal del pene.


Un total de 624 personas encuestadas (93,6%) elige en el cuestionario la opción que inserta el verbo estimular.

La siguiente pregunta tiene que ver con el sexo, pero no con el acto sexual. Es socialmente conocido que la mujer ha sido considerada como “el sexo débil” (Neira Campoverde, 2016). En el DLE aparece vinculado a “sexo bello”, refiriéndose al “conjunto de las mujeres” (RAE, 2023). Al contrario que el “sexo feo” que, atribuido al “fuerte”, se refiere a los hombres. La población prefiere asociar el sexo bello con “un hombre bello o una mujer bella”, es decir, haciendo alusión a la belleza.

Además de los lemas, nos interesan las marcas4 que utiliza la Academia para designar marimacho. En primer lugar, hay que destacar que este lema también se encuentra con la terminación del género femenino, marimacha, procedente del español de Hispanoamérica (Cuba, Perú y Venezuela). Mientras el nombre masculino contiene la marca “coloquial”, la palabra hispanoamericana utiliza “coloquial y despectivo”. Pese a que la población encuestada prescinde de una teorización de los términos utilizados, en líneas generales y con mayorías absolutas eligen para marimacho las marcaciones “despectivo y coloquial”.

Sexismo y las profesiones

La feminización de puestos de trabajo y cargos relacionados con la sanidad, la ciencia, la música o la política, entre otras, es tal que, en su totalidad, existe una mayor proporción que siglos atrás de profesionales femeninas en este ámbito (Miret-Mestre, 2014; Smith Avendaño de Barón, 2012). El femenino de estas profesiones que sí se recoge en el diccionario no correspondía hasta ahora con el ámbito profesional, sino que remitía a “la mujer de” quien sí ejercía el puesto, o bien se consideraba como insulto, burla, contenía una connotación machista. Así es el ejemplo de bachillera, nombre despectivo que asignaba a las mujeres que estudiaban o tenían inquietudes intelectuales (Angulo Ejea, 2011). Para este trabajo, se ha escogido, siguiendo este caso anterior, coronela y sargenta. Se expone en la Nueva Gramática (27, cap. 11) que

«son varias las razones que explican la ausencia de sustantivos femeninos terminados en -a en ciertos nombres de profesiones, ocupaciones o actividades […] No se suele crear esa variante, en primer lugar, cuando podría resultar inconveniente su confluencia con la connotación depreciativa de alguna voz homónima ya existente.”

Estos dos lemas presentan dificultades porque, tal y como se argumenta en la Nueva Gramática (27, cap. 11), se registran antecedentes lexicográficos. Con respecto a generala ya se mostraba en algún diccionario una voz homónima que hacía referencia al toque con algún instrumento musical para anunciar la toma de armas en una guarnición militar; en cuanto a sargenta, ocurre lo mismo, por un vocablo homónimo con una connotación despectiva referida a la mujer (Smith Avendaño de Barón, 2012).

Si buscamos en el Nuevo Tesoro Lexicográfico de la Lengua Española5, el sustantivo coronela aparece en su forma femenina para designar a la mujer del coronel. En el DLE (23ª ed.) aparece actualizado, aunque sigue presenciándose la definición anterior (esta vez marcada como “coloquial” y “poco usada”) y sigue vinculándose al masculino:

coronela
1. adj. Perteneciente o relativo al coronel (‖ jefe militar). Bandera coronela. Apl. a bandera, u. t. c. s. f.
2. f. coloq. p. us. Mujer del coronel.

Por el contrario, en coronel sí se aprecia una definición acorde con la profesión. Es destacable la marca de femenino y masculino, pues ya nos está aludiendo que el sustantivo masculino es el que aborda ambos sexos:

coronel
Del fr. colonel, y este del it. colonnello, der. de colonna ‘columna de soldados’.
1. m. y f. Jefe militar que manda un regimiento.

Estas definiciones se han expuesto en el cuestionario para que la persona encuestada escoja entre una de ellas como la menos sexista para atribuirla a coronela. En ninguna de las que se presentan se especifica el femenino, ahí la razón por la que un 32,4% de las respuestas marquen “jefe militar que manda un regimiento”, llevándose de diferencia un 4,6% con la respuesta “ninguna”. Efectivamente, ninguna sería correcta siempre y cuando no se añadiese al menos la marca de femenino.

En los diccionarios del NTLLE, entre las ediciones de 1739 hasta 1822, aparece el sustantivo en femenino, sargenta, para designar a la monja lega de la Orden de Santiago. Más tarde, en 1832 comienza a recogerse “mujer del sargento”. Entre 1970 y 1984 se añade la acepción “mujer corpulenta, hombruna y de dura condición”. En 1992 se añaden todas ellas. En ninguna de las ediciones encontradas se presenta la forma femenina para designar a la mujer que porta este grado militar (Smith Avendaño de Barón, 2012). En el DLE vuelven a encontrarse estas definiciones, con sus respectivas marcas de despectivo, coloquial y/o poco usado. En esta ocasión vuelve a formularse el mismo proceso que en coronela y coronel, apreciándose en el sustantivo masculino la marca de femenino:

sargento
De sargente.
1. m. y f. Suboficial de graduación inmediatamente superior al cabo mayor e inferior al sargento primero.

En el cuestionario, con mayoría absoluta (73,2%), se elige como menos sexista la definición “mujer suboficial de graduación inmediatamente superior al cabo mayor e inferior al sargento primero”.

En la última parte del cuestionario interesa saber la respuesta de la persona a través de la escritura. Se expone una definición que atañe una profesión precedida de “en femenino” y la persona debe escribir cuál es. Con esta actividad se pretende analizar si hay conciencia o no sobre la posibilidad de nombrar las profesiones en femenino, incluyendo las que provocan controversia, independientemente de que la persona lo utilice o no en su vida cotidiana. Se aprecia lo esperado. Al preguntar por el femenino de “persona que gobierna en un ámbito determinado”, la población general responde lemas como presidenta (52,8%) o directora (30%). Ninguna respuesta obtenida corresponde al lema real propuesto por el DLE:

señor, ra
Del lat. senior, –ōris ‘más viejo’.
1. m. y f. Persona que gobierna en un ámbito determinado. La señora de la casa.

Las profesiones a las que se alude en las siguientes preguntas son “especialista en física”, “quien ejerce la medicina”, “quien dirige una orquesta”, “quien hace prendas de vestir o a crear modas o modelos de ropa” y “quien conoce el arte de la música o lo ejerce, especialmente como instrumentista o componiendo la música”. Todas ellas se relacionan con los ejemplos de coronela y sargenta en cuanto a la formación del sustantivo femenino: la forma masculina acaba en -o y forma normalmente el femenino sustituyendo esta vocal por una –a. Entre las respuestas, solamente prescinde de esta regla la profesión relacionada con la música, cuyo femenino termina en –o, “músico”, con un 18,8%, y, con un 0,2%, contiene el artículo femenino, “la músico”. Tras analizar los demás datos, atendemos a un fenómeno esperado, la población general escoge la formación del femenino de las profesiones a partir del proceso morfológico de añadir –a a la terminación –o, de ahí la física, la médica , la directora de orquesta —también se encuentra con la terminación en -ista, orquestista con un 0,6%—, la modista6, estilista o diseñadora y la música (con porcentaje menor que en las demás profesiones, pero, aun así, superando el 40% de las encuestas) para quien conoce el arte de la música o lo ejerce, especialmente como instrumentista o componiéndola.

4. Resultados y conclusiones

Una vez analizadas las respuestas se visualiza la puntuación total obtenida por la población en el juego. Esta da una pista de si la población general es consciente del sexismo lingüístico en el diccionario. Si observamos la distribución de las puntuaciones totales (imagen 1), el valor medio está en 71 sobre 100 puntos y la puntuación más alta obtenida (un total de 40 personas) es de 76 sobre 100, que supera con más del 20% el límite para asignar a las personas encuestadas como “más sexistas que el DLE”.

Imagen 1. Distribución de las puntuaciones totales

No es baladí que la pregunta con mayor frecuencia de fallo sea la que corresponde a la definición que no incluye marca de femenino en coronela. Pues, como sí se aprecia en los demás enunciados, se ha mostrado siempre una opción que aúne el femenino y se ha escogido con porcentajes altos. En cuanto a la hipótesis de la Academia, este estudio nos demuestra que no solo recoge y describe la forma de hablar de la población, sino que también prescribe e incluso, en ocasiones, con sesgos. Razón por la que encontramos que braga sea una “prenda infantil”, que gozar sea “conocer carnalmente a una mujer”, cunnilingus no fuera “estimular”, sino “aplicar” o que, en las profesiones quede aún por reformular las definiciones y aunar el femenino y el masculino.

5. Bibliografía

Angulo Egea, M. (2011). Hombre o mujer, cuestión de apariencia un caso de travestismo en el teatro del XVIII. En Anales de Literatura Española, 23, pp. 11-34

Bosque, I. (2012). “Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer”. El País 4-3-2012: 14-17

Buxó Rey, M. J. (1978). Antropología de la mujer. Cognición, lengua e ideología cultural. Barcelona: Anthropos.

Forgas Berdet, E. (1999). «La (de)construcción de lo femenino en el diccionario». En M.D. Fernández de la Torre, L. Taillefer & A. M. Medina (coord.). El sexismo en el lenguaje, Málaga: Diputación, II, 577-590.

Guerrero Salazar, S. (2019). Las demandas a la RAE sobre el sexismo del diccionario: La repercusión del discurso mediático. Doxa Comunicación, 29, pp. 43-60. https://doi.org/10.31921/doxacom.n29a2

Miret-Mestre, T. (2014). La denominación de las profesiones sanitarias en masculino y femenino: ¿cuestión de género o de sexo? Panace, 15(39), 103-108.

Neira Campoverde, A. V. (2016). La violencia a la mujer dentro del vínculo familiar, en nuestra sociedad. Tesis Doctoral. Universidad de Cuenca

Real Academia Española (2001) Diccionario de la lengua española (DRAE), 22.ª ed., [versión en línea]. <https://www.rae.es/drae2001/>

  • (2008) Nueva gramática de la lengua española (Prepublicación: Capítulo 11: («El género»). Madrid: Espasa.
  • (2023). Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.6 en línea]. <https://dle.rae.es>
  • (2023) Institución. En línea: https://www.rae.es/la-institucion

Smith Avendaño de Barón, G., (2012). Sustantivos que plantean dudas sobre su formación en femenino cuando se trata de profesiones, títulos y actividades. Cuadernos de Lingüística Hispánica, (19), 63-112.

1 La última actualización a fecha de escritura de este artículo es la 23.6, que seguirá actualizándose digitalmente hasta la 24. ª edición de la obra, que se publicará en 2026.

2 DRAE en línea: https://www.rae.es/drae2001/gozar

3 Este trabajo de investigación se está escribiendo en 2023.

4 La mayoría de los diccionarios utiliza las marcas mediante abreviaturas. Para más información acerca de la marcación teórica véase Aguirre, A. F. (1994). La marcación técnica en la lexicografía española. Revista de Filología de la Universidad de la Laguna, (13), 131-144.

5 Nuevo Tesoro Lexicográfico de la Lengua Española (NTLLE). En línea: https://apps.rae.es/ntlle/SrvltGUILoginNtlle

6 En cuanto a esta terminología, ocurre como en sargento-sargenta y coronel-coronela. Se muestra en DLE una distinción entre el masculino y el femenino. Mientras en masculino es el “hombre que se dedica a hacer prendas de vestir o a crear modas o modelos de ropa, principalmente para mujer” (RAE, 2023), en femenino es “la persona” que se dedica a ello.


Paula Barriendo Cebrián.
Contratada predoctoral FPI en el Departamento de Lengua Española y Lingüística General de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) donde realiza su tesis bajo la dirección de la Dra. Nuria Polo Cano y codirección de la Dra. Marina González Sanz. Es graduada en Filología Hispánica (2022) y en Máster en Estudios Hispánicos Superiores (2023) por la Universidad de Sevilla. Desde 2023 forma parte del Proyecto «Estereotipos de género en la voz y el habla de las mujeres» (ESTEREOFeM) [PID2021-122607OA-100] financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación.