Performance, feminismo y espacio público

Introducción

El espacio público ha sido históricamente un terreno de disputa simbólica, política y social en el que se inscriben las relaciones de poder entre géneros. Durante siglos, las mujeres fueron confinadas al ámbito privado, relegadas a la esfera doméstica y apartadas de la visibilidad social y política de la esfera pública. Esta relegación no solo limitó su participación en la vida pública, sino que también consolidó estereotipos que justificaron su subordinación.

En este contexto, la performance se erige como una herramienta privilegiada para reclamar y ocupar el espacio público, denunciando problemáticas poco afrontadas desde los poderes oficiales. Al situar el cuerpo femenino en el centro de la acción, las artistas logran interpelar directamente a la sociedad, visibilizando problemáticas que van desde la objetivación sexual hasta la violencia de género y la exclusión de las identidades disidentes. La presencia corporal en la calle, en instituciones o en lugares comunes interrumpe la normalidad y obliga a repensar los límites de lo aceptable, transformando la cotidianidad en un acto político. Así, el arte performativo pone de relieve un dispositivo de denuncia que permite a las mujeres reapropiarse de espacios históricamente masculinos, resaltar las desigualdades estructurales y proponer nuevas formas de convivencia. Lejos de ser un gesto artístico aislado, estas acciones dialogan con las urgencias de las sociedades actuales, la irrupción de la mujer en el espacio público a través de la performance se presenta, por tanto, como un acto de resistencia y de gestación de mundos alternativos.

Este trabajo propone reflexionar sobre el papel de la mujer en el espacio público a partir del análisis de tres acciones performativas emblemáticas: la acción pionera Genital Panic (1969) de Valie Export, que confronta la objetivación femenina en la pornografía; Cuerpos en construcción (2014) de Lía García, conocida como La Novia Sirena, quien visibiliza la exclusión que sufren los cuerpos trans en un sistema regido por el binarismo de género y La última cena (2017) de Verónica Ruth Frías, acción contra la violencia machista. En conjunto, estas prácticas analizan la capacidad del arte para actuar como herramienta de antagonismo y transformación social, desplazando los regímenes de visibilidad y constituyendo el espacio público en escenario efectivo de lucha y emancipación.

Valie Export: Genital Panic 

La artista austríaca Valie Export irrumpió en un cine porno de Múnich armada con una ametralladora y vestida con una cazadora de cuero y un pantalón que dejaba al descubierto su pubis, con pasos amenazantes se dirigió a los asistentes a la proyección ofreciendo su sexo mientras apuntaba con el arma a la cabeza de la gente, gritando que ella era una mujer real, a diferencia de las que aparecían en la pantalla. Valie Export pretendía así subvertir la cómoda situación de los asistentes e instarles a reflexionar y a analizar sus propios paradigmas dominadores; sin embargo, los espectadores no solo no accedieron a participar en sus provocaciones, sino que desalojaron la sala precipitadamente. Export planteó una protesta radical frente a la industria pornográfica y al consumo pasivo del cuerpo femenino por parte de los hombres (2021).

El valor de esta acción radica en su capacidad para resignificar el espacio público. El cine pornográfico, espacio tradicionalmente reservado al placer masculino, se transformó en escenario de confrontación feminista. Export rompió con la pasividad asignada a la mujer, obligando a los espectadores a reconocer que lo que consumían en la pantalla tenía consecuencias directas sobre la vida de las mujeres. Como señalan MacKinnon y Dworkin (1988), la pornografía no es un entretenimiento inocente, sino un dispositivo que refuerza la desigualdad y legitima la violencia contra las mujeres.

Valie Export. Genital Panic (1969). Foto: Peter Hassmann
Fuente: MOMA New York

La performance de Valie Export supuso un antes y un después en el arte acción ya que, a través de su cuestionamiento de la creación y su representación, genera un discurso comprometido con la sociedad que recupera el espacio público, no se puede negar a Export el mérito de ser una de las precursoras del performance con perspectiva de género. Así, Genital Panic se convertiría en un hito en la historia del arte feminista, al trasladar la denuncia a un espacio compartido y tensionar los límites entre lo privado y lo público.

Lía García (La Novia Sirena): Cuerpos en construcción

La mexicana Lía García, artista trans, presentó Cuerpos en construcción en el hall principal de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) caracterizada como La Novia Sirena, mitad mujer mitad pez. La utilización del uso de la sirena plantea una gran fuerza simbólica generalmente asociada a las transgresiones corporales, bien a planteamientos físicos irrealizables o bien a un marcado erotismo a través de su canto o de la belleza de todas sus facetas. García se apropia de toda esta mitología y le añade otros significados en torno al cuerpo y al género para poder plantear las configuraciones de la normativa social. 

En su acción, la artista aparecía sentada en el suelo y pedía a las personas que pasaban que tomaran apuntes de su cuerpo, como si fuera una modelo de las clases de arte, para así captar su atención y hacerles pensar en su condición. Su colocación en un sitio de mucho tránsito alteraba los usos y los movimientos del espacio, interfiriendo en las estructuras de la universidad, un espacio hegemónico en el ámbito del conocimiento. Esta interacción, aparentemente simple, obligaba a los participantes a confrontarse con un cuerpo que no encajaba en los moldes binarios de género ni en los estereotipos tradicionales de feminidad y masculinidad

Lía García (La Novia Sirena). Cuerpos en construcción (2014)
(Imagen cortesía de la artista)

Su performance buscaba simbolizar el rechazo al sistema heteronormativo y a la violencia institucional que margina a las identidades trans no solo en México sino en muchas sociedades contemporáneas. El espacio universitario, símbolo de conocimiento y progreso, se convirtió en escenario de resistencia afectiva, donde la artista puso de relieve la fragilidad y al mismo tiempo la fuerza de los cuerpos trans. Según Leibold (2015), la figura de La Novia Sirena funciona como una interrupción afectiva que cuestiona las narrativas patriarcales del cuerpo. García abre así una grieta en el espacio público, mostrando que la construcción de ciudadanía debe incluir la diversidad de cuerpos e identidades más allá del binarismo impuesto tradicionalmente.

Verónica Ruth Frías: La Última Cena (Vigo, 2017)

La artista cordobesa Verónica Ruth Frías reescenifica el icono renacentista de La Última Cena como una representación actual en el que sustituye a los apóstoles por un colectivo de mujeres –apóstolas– vinculadas a la vida cultural de la ciudad. La acción, realizada en el marco del programa Mulleres en Acción: Violencia Zero que tuvo lugar en espacios públicos el 25 de noviembre, fecha simbólica del Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Frías toma como modelo iconográfico el célebre fresco de Leonardo y traslada su escenografía a un cuadro viviente dondelas intérpretes, vestidas de rojo, ocupan la mesa en inmovilidad solemne hasta que, en un momento dado, la irrupción de las hijas de algunas participantes introduce movimiento y rompe el orden de la escena. Este desplazamiento del icono canónico al elenco feminizado, del estatismo a la interrupción doméstica, reescribe el régimen de visibilidad de un relato histórico masculinizado y lo trae al presente de la vida cotidiana.

En términos críticos, la pieza no representa la agresión de forma explícita; interviene sobre los marcos culturales que la posibilitan, señalando la exclusión histórica de las mujeresde los relatos y de la autoría. La elección del vestido rojo activa una semántica del duelo y la herida, evocando la violencia ejercida contra las mujeres (con frecuencia presenciada por sus hijos) y en otras ocasiones, la violencia ejercida directamente contra los hijos. Al emplazarse en la calle, la obra prescinde de mediación museística y convoca a públicos diversos: laidentificación del icono actúa como llamada de atención, mientras que el reparto feminizadoy la irrupción infantilorientan la interpretación hacia el presente social y la persistencia de violencias estructurales que exceden el ámbito doméstico. En esta línea, la acción articula pedagogía y protesta, desplazando el problema a la esfera cívica, donde puede abordarse como responsabilidad compartida (Hurley, 2017).

Como en otras prácticas feministas en el espacio público, la elección de una plaza concurrida y de un dispositivo accesible convierte a las y los transeúntes en testigos de una corrección histórica traída al presente. La performance articula pedagogía y protesta: cumple la función de activar un reconocimiento cultural que des-desnaturalizar las jerarquías de género y desplazar la violencia del ámbito doméstico a la esfera pública, para visibilizarlo como un problema común y compartido. Como afirma Guirao: «La historia cultural de las mujeres es inseparable de esta lucha. “Lo personal es político” es un lema de acción política feminista que alude a la inclusión de la vida y la experiencia de las mujeres en los asuntos que importan a la comunidad. Para formar parte de la comunidad, ejercer la ciudadanía y estar políticamente en el mundo, es necesario transitar los espacios en los que suceden los asuntos comunes» (Guirao, 2024)

Conclusiones: Arte performativo, feminismo y resignificación del espacio público.

Las tres acciones analizadas – Genital Panic, Cuerpos en construcción y La última Cena – evidencian cómo el arte acción o performativo resignifica el espacio público, transformándolo en territorio de disputa política y social. Valie Export denunció la objetivación de la mujer en el porno, Lía García puso en el centro la exclusión de las identidades trans y Verónica Ruth Frías visibiliza la violencia de género y la violencia vicaria.

En todas ellas, el cuerpo se convierte en soporte de resistencia y en vehículo de memoria colectiva. El espacio público deja de ser un lugar neutro para mostrarse como escenario de poder, control y violencia, pero también de emancipación y posibilidad. Estas artistas demuestran que ocuparlo es un acto político que reescribe las narrativas dominantes, visibiliza la violencia del patriarcado contra las mujeres. Asimismo, estas prácticas ponen de relieve que el arte no puede considerarse aislado de las estructuras sociales que lo atraviesan. Export, García y Frías nos recuerdan que los cuerpos son textos vivos que narran las tensiones entre opresión y libertad y que la visibilidad en el espacio público constituye un paso fundamental hacia el reconocimiento. El performance, al situarse fuera de los límites del museo o la galería e irrumpir en los espacios públicos, logra conectar directamente con la vida cotidiana, con comunidades que rara vez acceden a los discursos académicos o institucionales, y sobre todo asalta el lugar tradicional de exclusión de las mujeres, el espacio público, para hacer de los problemas “personales” una cuestión política. 



Dolores Galindo es investigadora, comisaria de exposiciones y crítica cultural. Profesora de Danza, es licenciada en Geografía e Historia por la Universidad de Murcia y Máster en Arte y Política por Goldsmiths University of London donde permanece durante dos años como investigadora asociada. Finaliza su doctorado en Estudios Culturales (becada en Birkbeck University of London) y en Sociología del Arte (Universidad de Murcia). 


Bibliografía

  • Diputación de Pontevedra (2017). «Mulleres en acción. Violencia zero 2017–2018». Catálogo del programa (pp. 8–9: Verónica Ruth Frías, A última cea).
  • Galindo Carbonell, D. (2021). Estereotipos, Activismo y Subversión de Género en el Performance Mexicano. Universidad de Murcia.
  • Guirao Mirón, C. (2024). Transgresoras. Una historia cultural de las mujeres. Los libros de la Catarata.
  • Hurley, I. (2017). «A propósito de La última cena, performance de Verónica Ruth Frías». Boletín de Arte, 38, 203–210. Universidad de Málaga.
  • Leibold, V. E. (2015). La Sirena decolonial: Lia La Novia y sus interrupciones afectivas. Extravío. Revista electrónica de literatura comparada, nº 8. Universitat de València.
  • MacKinnon, C. & Dworkin, A. (1988). Pornography and Civil Rights: A New Day for Women’s Equality. Minneapolis: Organizing Against Pornography.