Cixous: El Imperio de lo Propio


Antes de funcionar como poder, el lenguaje se acercó a los mitos fundacionales para señalar pulsiones cercanas al conocimiento aunque movidas por la necesidad de levantar la realidad en sentido inmediato, en desigual medida, mezclando un mar de significaciones donde percibir un mundo vinculado a códigos extremos, inverso, manipulado, caótico. Un desplazamiento tenaz donde todo nos es dado pero nada nos pertenece. Bajo esa premisa se ha ido construyendo la historia de la mujeres hasta que una puesta en común articuló otros principios con los que sentirnos vivas y conectadas. Atravesadas, empujadas, resistiendo; un efecto tentador largamente acariciado. Abertura que nos reinventa y nos hace pensar libres para expresarlo todo hasta encarnar, en el espacio de la cultura, un pensamiento que nos constituye con su esplendor y en su contrariedad frente al reto de las exigencias sociales, porque la acción ya no es temblor en las palabras pues la experiencia alzó su vuelo.

Relación de fuerzas disidentes. El desorden como ley en el movimiento de lo simbólico, una dialéctica del valor y sus conceptos en oposición al despertar una y otra vez de la razón desestimada. Clausura o castración en el reduccionismo de lo social. Mujer performada así, jerarquizada. En vuelo el hilo de la reflexión. Un margen liberador escapa, legitima los significados como potencial trasgresor en ese Imperio de lo Propio que impregna toda asertividad y esconde el poder bajo una huella.

…Y me pregunto, ¿la historia rebasa los límites para la sublimación antes o después de fijar en la memoria otra subjetividad abierta que la regenera? ¿O hay una laya en el lenguaje que lo quiebra y lo equilibra todo a la vez? Por ese grave sentir, cerca del bien, pausa la luz. Y nosotras mismas en esa turbulencia nos damos a lo extraño. El cuerpo se moviliza entonces. La escritura no descansa, no necesita una pausa de comprensión. Algo sucede en una lengua extraña que intimida y se ha dejado seducir por un texto líquido, de pronto audaz. El impulso entonces no tiene sombras, es el canto de las letras, primero mío, por exceso, que lleva mi voluntad a esa orilla donde se fantasea y crece sin rivalizar hasta que su ritmo interior palpita y nace en las palabras, que son espejos, torrentes, ríos y manantiales pues, a pesar de todo, es el agua en el ojo quien nos proyecta.

Saltan los deseos en lo no escrito. Exhiben su venganza. Exigen su control. Traducir nuestras acciones ocultas a través del vínculo social del lenguaje, con sus formas de expresión, constituye un intercambio humano. El hecho de comunicar tiene su lógica propia. Pero para las mujeres, la relación de dominación por los juegos del lenguaje no es un juego de intenciones, dado que en las estructuras sociales compiten las palabras con un viejo sistema de apropiación. ¿Cuantos espacios necesitan reconstruirse aún hasta lograr una aprehensión formal? Dar el salto sobre un discurso que privilegia por asegurar lo que nos pertenece es una acción razonable y necesaria para que toda posibilidad de transmisión, punto por punto, con sus divergencias, no sea más un encuentro anulador fente a un poderoso estatus ejercido per se.

Borradas por el lenguaje en un proceso de exclusión de nuestra identidad, el puente sobre el vacío es una imagen de valor, pues aún caminamos sobre estructuras de carácter patriarcal desafiando los ángulos de la historia. ¡Demasiado tiempo! Conjugamos el anhelo autorreferente de los extremos donde se equilibran verdad y vida. Pero las violencias también se sumergen en el lenguaje, se sumergen con todas sus posibilidades: anudan escenas: se enfrentan: se superponen: asumen una práctica, y simultanean los resultados en las representaciones culturales hasta crear desajustes en las distancias. Las palabras presionan o reafirman categorías desde el dilema de lo privado, que parte siempre, a su vez, de un presente dado; así se ensalza o desvanece su fortaleza. Pero a la luz del entendimiento cuestionamos esta paradoja pues, paralelamente, escribimos por un impulso esencial. Una simple cuestión, en lo primario, mimetiza y modifica la idea con su habilidad lingüística; hay por tanto algo más que esa inversión subjetiva, ya que, asímismo, somos capaces de crear un corpus luminoso que nos vuelve transparentes. Esta relación, evoca claramente una transformación en la lengua donde se da lo propio de todo presente en la voluntad única de esa causa por venir que llamamos invención emancipatoria. Aparece entonces la creación literaria, favorable a los cambios y dispuesta a cualquier beneficio evidente. Y ya no hay objetivación posible dado que todo empieza de nuevo. Su exigencia apela a la verdad sin perturbar el movimiento de lo sensible. Y cuando algo parece perdido, renace como fuente poética de significante pleno. La escritura se vuelve espejo, aún con su estructura de abismo, flechas de un sueño de incertidumbre, valles de interferencias, en el tiempo, colisionando. Por ese principio se llenan hermosos infinitos, porque ahora, ante lo inquietante ya no hay miedo, y nuestra naturaleza de mujer despierta arrogante como el fuego y el aire sobre el cuerpo, la expresión, la lengua y el sentido.

Una mezcla de bondades ha encendido entendimiento y pasión en el territorio del gozo estético. Texto, mi cuerpo; si escribes mujer lo sabes tanto como yo, un discurso materializado de alguna forma: voz y canto a la vez, depositario de tantas metáforas. La llegada a la escritura es más una metonimia que transforma la vida y marca una apertura allí donde está el movimiento de todos los misterios, sus derivas talladas por el ritmo de otros gestos, no para llenar el abismo, un impulso que censura el aliento, que transcribe el impetuoso silencio, ese volver al punto de partida, sino para albergar otra génesis que ha ocupado su vacío, tal vez, consumado por un reconocimiento. Avanzamos hacia ello, evoluciona nuestra mirada pues nos hemos asomado al fondo de las cosas. El secreto ya no esconde su posesión. En el orden filosófico presente, somos herederas del lenguaje y el lenguaje tiene género, y en su hegemonía lo envolvemos, y es herramienta de crítica: ¿figuras, modelos, imágenes desapropiadas? Pensar-mujer, pensar el alma de mujer en el acontecimiento de la lengua es una lógica permeable para dar lugar en el tiempo, por esa evocación, a un movimiento de ideas que incluye nuevas estrategias y hace funcionar una deconstructiva con sus rasgos de adscripción: nombrar(se), afirmar(se), identificar(se). Incorporar el lenguaje del cuerpo hace estallar otros conceptos. Dice Cixous, nunca te faltará el buen vértigo: sus diferencias, que movilizan y bordean otros marcos de referencia cuando nos atraviesan. Siempre habrá algo más que describen las mujeres, en la convicción de haber sido anteriormente atenuado por un principio establecido y que ahora reconstruye ese vínculo magistral con el que sentirse enraizadas, estimuladas en el borde del ser, alejado de la provocación y como ejercicio necesario en el desvelamiento de toda presencia.

Hélène Cixous, Filósofa, feminista, activista por los derechos de las Mujeres, referente en los Estudios de Género desde los años 70, fundadora del Centre d´Études Féminines de la Universidad de Paris VIII. Reconocida por la crítica, sus trabajos han merecido distinciones de numerosas universidades de todo el mundo, siendo considerada una de las intelectuales francesas más influyentes. Asociada al posmodernismo, su ingente obra abarca cerca de 60 títulos y más de 100 ponencias. Sólo una decena de libros han sido traducidos al español; animamos desde aquí a corregir este desequilibrio y también a leer su prosa imponente, populosa y sutil desde la que aboga por un compromiso con la escritura de la différence y que atraviesa la lingüística y la antropología para instalarse en el deconstrucionismo filosófico-poético (tres libros escritos junto a Jacques Derrida) donde el significado se abre en todas direcciones. No sólo reflexiona, reescribe atenta a lo inesperado, a lo que está por venir. A punto de cumplirse 50 años de su Llegada a la Escritura y La Risa de la Medusa, ofrecemos estas breves reflexiones sobre unas obras tan vigentes como inspiradoras que exigen su reelectura. Hèléne Cixous propone pasar a la acción para inventar las formas de una mujer en marcha.


María Muñoz

María Muñoz
Gestora Cultural, poeta y editora. Interesada en la Filosofía del Lenguaje, la Critica de la Cultura y la Escritura de Mujeres. Del Consejo Editorial de ALMUD Ediciones. Colaboradora en “Tertulia de Letras” Radio Cultural de la F. Ortega y Gasset de Toledo. Obra poética publicada: Raquiá-Bará (Colección Voz de Mujeres), de Letrúmero. Felicidad Resite en Biblioteca Añil Lirteraria; El Mar de la Alturas, Literaria2 de Almud Eds. de CLM; de próxima aparición: Oda para una Plataforma de Jade. Pertenece al Colectivo Clásicas y Modenas y coordina e impulsa actividades literarias en la Asociación Feminista Mujeres Progresistas de Retiro. Mantiene activa la web/blog www.lashilanderasprodigiosas.com