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Mary Cassatt, Berthe Morisot y Eva Gonzalès: Ilustradoras impresionistas de la cotidianidad femenina

Hablar de los grandes genios de la pintura a través de los siglos es hablar, incluso en nuestros días, de arte masculino, dejando de lado a las mujeres que brillaron por su talento artístico. Si las pintoras querían ser parte de un grupo conocido de artistas, tenían que sortear la crítica masculina, estrictas restricciones educativas que no les permitían acceder a una formación artística adecuada, prejuicios de género en el mundo del arte dominado por los hombres y grandes dificultades para vender sus obras y ver reconocidos sus éxitos, ya que el valor artístico y económico de una obra estaba establecido por los propios hombres. Muchas se quedaron por el camino al permanecer a la sombra de sus colegas masculinos, al dejar para siempre el arte debido a imposiciones sociales y familiares, o simplemente porque su clase social no se lo permitía. Sin embargo, algunos nombres de excelentes pintoras han llegado hasta nuestros días como la formidable Artemisa Gentileschi, que ejerció una gran influencia en el mundo del arte del siglo XVII; Elisabeth Louise Vigée, conocida por sus retratos de la aristocracia francesa; Louise Catherine Breslau, pintora alemana que fue muy reconocida en París y cuyo estilo fue pasando del Naturalismo al Impresionismo, o Tamara de Lempicka que se atrevió con una libre interpretación del cubismo sintético de la segunda década del siglo XX.

La gran mayoría de los críticos de arte de Europa del siglo XIX opinaban que si la pintura femenina no entraba en los clichés establecidos, es decir, pintar flores o naturalezas muertas, era «masculina». Y si se asombraban del talento de una mujer pintora, la tachaban de diletante, ya que para esa sociedad era impensable que una mujer pudiera pintar con una técnica y precisión tan exactas como lo hacía un hombre.

Sin embargo, hubo en el Impresionismo tres pintoras que consiguieron, a pesar de diferentes   dificultades, dedicarse al arte; tres pintoras que pintaban con la técnica «masculina» y cuyo estilo seguía los cánones de este movimiento, siendo, por lo tanto, tan válido como el de sus colegas masculinos. 

Tres pintoras del Impresionismo

Mary Cassatt (1844-1926), Berthe Morisot (1841-1895) y Eva Gonzalès (1849-1883) vivían en París y exponían junto a Monet, Manet, Renoir, Degas y Cézanne. A pesar de que sus familias eran de clase alta, el camino para llegar a ser reconocidas como pintoras no fue nada fácil para ninguna de ellas. Y aunque eran consideradas como iguales por sus colegas impresionistas masculinos de más reconocimiento, sólo la obra de ellos se hizo más famosa. Las relaciones de parentesco y amistad entre los componentes del grupo originario del Impresionismo ayudaron a que estas pintoras no se rindieran y siguieran pintando. Berthe Morisot era cuñada de Édouard Manet y Eva Gonzalès fue la única alumna que tuvo el propio Manet. Además, el importante galerista impresionista Paul Durand-Ruel representaba no sólo a Édouard Manet sino también a Berthe Morisot ya que creía en el valor artístico de esta pintora. 

Mary Cassatt (1844-1926)

Se matricula en la Escuela de Bellas Artes de Filadelfia, una de las más emergentes en ese tiempo en Estados Unidos, gracias a que su familia pertenece a una familia de banqueros de la sociedad de Pensilvania. Sin embargo, su padre siempre se opuso a que ella fuera pintora. Cassatt mostraba la feminidad natural y la maternidad, temas inadecuados para una pintora, según los cánones de la época. Nada de flores ni naturalezas muertas. Las escenas que podemos ver en su obra son mujeres en su tiempo libre, tomando el té, con sus hijos, disfrutando del momento. Lo que hoy no nos resulta tan innovador, como es pintar la maternidad de una manera natural y sencilla durante escenas tranquilas y cotidianas, en su época rompía con lo establecido, ya que la figura de la mujer como protagonista absoluta de un cuadro era un tema pictórico que no se aceptaba que fuera ilustrado por mujeres. Mary Cassat buscó siempre ser una artista diferente al querer romper con los motivos tradicionales de la pintura, como se puede ver en su obra Woman with a Pearl Necklace in a Logede 1879, en el que una mujer segura de sí misma es la protagonista de la escena. En este cuadro el espejo posicionado detrás de la mujer crea un espacio que muestra diferentes dimensiones: el reflejo de detrás de ella y el reflejo de lo que está enfrente de ella. Cassat consigue darle otro valor a la figura de la mujer, no solo como elemento pictórico, sino como parte de la sociedad, dándole más presencia en la pintura de su época [FIGURA 1].

Berthe Morisot (1841-1895)

Fue la única de las tres pintoras que perteneció desde sus inicios al grupo de impresionistas y expuso sus obras en siete de sus ocho exposiciones en el Salón de París. Como Cassat, nació en una familia de la clase media alta, en este caso francesa, y esto le confirió muchas ventajas. Tuvo la suerte de contar con los medios económicos suficientes para recibir una formación correspondiente a su clase social (música, cursos de dibujo, etc.) Al contrario de sus colegas hombres, no pudo asistir a la École des Beaux Arts de París, una de las escuelas de arte más importantes en ese momento, ya que, hasta el 1897 no les estaba permitido a las mujeres el ingreso en la institución. Por ello, Morisot no llegó a recibir una formación artística oficial. Sin embargo, y por suerte, tuvo el respaldo de sus padres para convertirse en pintora. Su hermana Edma y ella se construyeron un atelier en el que podían pintar sin tener en cuenta los cánones establecidos a finales del siglo XIX para la pintura femenina. Allí pintaban y practicaban las técnicas que copiaban al reproducir las obras del Louvre. Con su maestro privado, el reconocido paisajista Camille Corot, Edma y Berthe Morisot aprendieron a pintar paisajes al aire libre, actividad que también les estaba prohibida a las mujeres ya que se consideraba una técnica reservada a los hombres.  Cuando conoció a Édouard Manet en 1868, Morisot ya había desarrollado una técnica perfecta y exquisita en el arte de pintar paisajes al aire libre. Su relación con Manet fue una relación de admiración recíproca y de aprendizaje mutuo. 

La obra de Morisot, al igual que la de Mary Cassatt, se caracteriza por esas escenas de cotidianidad femenina, por pintar a trabajadoras, madres, esposas, mostrando los momentos privados, pero universales, de las mujeres. Morisot, como Mary Cassat, decide ilustrarlas, convirtiéndolas en el tema principal de su obra. Como no se le permitía pintar al aire libre sin compañía masculina, se especializó en escenas femeninas de interior que era lo que conocía y las que podía observar sin prohibiciones. El modo de pintar estas escenas es revolucionario: la mujer posicionada en el centro del cuadro, con una autoestima y fuerza que hasta ese momento no se había visto [FIGURA 2]. Sus colegas hombres pusieron en valor su trabajo, incluyéndola a ella en el grupo originario del Impresionismo y tratándola de igual a igual. Fue la pintora más conocida y reconocida en su tiempo y era impensable acudir a una de las exposiciones del grupo del Impresionismo en el Salón de París y que no hubiera alguna de sus obras para admirarla. 

Eva Gonzalès (1849-1883) 

Al igual que Cassat y Morisot, la francesa Eva Gonzalès nació en el seno de una familia pudiente que le facilitó dedicarse al arte desde edad muy temprana. Estudió con uno de los maestros más importantes del momento, Charles Joshua Chaplin, pasando de una pintura más convencional al Impresionismo bajo la tutela de Édouard Manet, siendo la única pupila que aceptaría. Y, es que, Manet admiraba profundamente el trabajo de Gonzalès y la apoyó incondicionalmente para que se convirtiera en una respetada artista. En 1870 Gonzalès expuso la obra L’Enfant de troupe en el Salón de París mostrando una belleza delicada con una evolución técnica pictórica más cerca del Impresionismo que de cualquier otro estilo, y en la que se puede ver la influencia de Manet Siguió exponiendo en el Salón de París hasta el 1883. Sus cuadros captan, al igual que en la obra de Cassat y Morisot, a la mujer en momentos fugaces y privados, pero a diferencia de las otras dos pintoras, Gonzalès aporta a sus obras la elegancia de la cotidianidad con una delicada exquisitez como se aprecia en Le Réveil (1876) [FIGURA 3]. De sus obras emana un fresco y realista acercamiento a la vida privada de las mujeres. Desgraciadamente muere muy joven, a la edad de 34 años, dejando una obra llena de feminidad delicada y puntillosa, obtenida de una perspicaz observación de la vida cotidiana de la mujer de la época rompiendo así con los cánones tradicionales y estableciéndose como una de las pintoras impresionistas más importantes del movimiento.

Conclusión

El pertenecer a una clase social alta, tener formación académica y apoyo familiar, prohibirles que pintaran lo que pintaban sus colegas y no poder asistir a los centros de formación de arte que frecuentaban sus colegas masculinos son factores determinantes para que estas tres pintoras pudieran desarrollar su temática artística rompedora en esa época y ganarse el reconocimiento que merecían asegurando su lugar en la historia del arte. Rompieron con los cánones establecidos al pintar a la mujer en sus escenas cotidianas y abrieron un camino para las grandes artistas que vendrían después de ellas, a pesar de todas las dificultades y prejuicios sociales. 

Bibliografía

  • Bona, Dominique (2002). Berthe Morisot, Le Secret de la femme en noir. Le Livre de Poche, Vanves: Editorial Hachette
  • Pfeiffer, Ingrid y Hollein, Max (2008) Impressionistinnen. Berthe Morisot, Mary Cassatt, Eva Gonzalès, Marie Bracquemond. Ostfieldern (Catálogo de la exposición).
  • Fath, Manfred et al. (1997) Vom Licht zur Form, Múnich: Editorial Prestel
  • Tamar Gab (1986) Femmes impressionnistes, New York: Editorial Rizzoli 
  • Muhlstein, Anka (2024) Camille Pissarro oder Von der Kühnheit zu malen, Berlín: Editorial Insel
  • Wolf, Norbert (2023) Impressionismus: Eine Welt aus Farbe und Licht, Múnich: Editorial Prestel
  • Walther, Ingo F. (2023) Malerei des Impressionismus, Colonia: Editorial Taschen, Bibliotheca Universalis

Artículos:

  • Müller, Hans-Joachim (2019) Édouard Manet, Berthe Morisot und das Schlüsselbild der Moderne, WELT
  • Richter, Peter (4 de abril de 2024) Die Erfindung des Jetzt und Hier, Stuttgart: Süddeutsche Zeitung

Alicia González Mangas

Licenciada en Filología Alemana por la UCM y en Filología Hispánica por la UNED, ha sido profesora en la Universidad de Bamberg, Alemania, del 1999 al 2003, y en secundaria del 2003 al 2021 en Núremberg y en Neubrandenburg. Actualmente dirige AGM-Language, Servicio Lingüístico de Inglés, Alemán y Español, empresa fundada por ella misma. Ha escrito varios artículos sobre pragmática, literatura, arte y enseñanza de idiomas. Actualmente compagina su actividad docente con la formación de profesores y la ilustración.