Patrizia Fiocchetti. Nombrar para mirar. Soñar como derecho universal.

Giorgia: Ciao Patrizia, benvenuta. Me gustaría comenzar preguntándote dónde creciste, y ¿de dónde (sientes que) eres?

Patrizia: Buena pregunta. Nací en Roma y crecí en Roma hasta los veinte años: en Roma tuve mis estudios, mis amistades, mis grupos, mi educación – incluida la educación política. Soy del 1961, así que me involucré en los movimientos estudiantiles de aquella época y en el movimiento feminista. Soy de una familia, sobre todo por parte de madre, antifascista: mi abuelo políticamente —también por su estructura moral—, fue lo que más me influyó, incluso mucho más que mi madre y mi padre. El antifascismo, y el no tolerar todo lo que concierne a la opresión de derechos, los he experimentado políticamente en un sentido amplio, así como el hecho de ser mujer y la doble represión que también sufrimos a mediados de los setenta cuando yo era estudiante, ya que no era un tema superado, ni mucho menos lo es ahora. Todo esto se me ha quedado imbuido: hice mía la intolerancia hacia la injusticia, hacia la opresión, la hice mía tanto en sentido individual — en mis relaciones interpersonales con hombres, en mis relaciones políticas, y también en las familiares— cuanto en un sentido político, filosófico, vita (existencial, me atrevo a decir), que luego me guio en los encuentros que tuve, también en las elecciones de vida un tanto imprudentes, quizás. A los veinte estuve en Inglaterra durante cuatro años, de camarera y estudiando a la vez, y para mí fue muy importante la experiencia, porque salí del gueto italiano, por llamarlo así, y tuve la oportunidad de tener contactos internacionales, pero dentro de un contenedor —otro, otro que Italia, en el que yo también era otro, o sea, ya no estaba en mi país—, allí también yo era extranjera entre extranjeros, y también fui juzgada como tal por la gente de allí. Necesité despegarme de lo que estábamos viviendo en Italia, la fase, en definitiva, final de los movimientos de bases, de los movimientos estudiantiles y de transformación de las reivindicaciones en lucha armada, que no sentía que fuera parte de mí. Siempre he tratado de ser muy fiel a mi identidad, y a lo que te enseñan los encuentros que tienes en la vida, las historias pequeñas, no las historias grandes, de los grandes nombres, de la gran personalidad, sino lo que te enseña la gente como tú, como yo, las así dichas “normales”. Las que he conocido, en mi opinión, eran todas fuera de lo común, aunque nadie sepa sus nombres y no hayan aparecido en los periódicos. Lo que enseñan precisamente es la búsqueda, incluso en el cambio que una normalmente tiene en la vida personal. Incluso fisiológicamente: una envejece, hay una carga física, hay un cansancio, una es diferente, hasta la mente cambia, esa te moldea de otra manera, aprendes otros recursos, pero lo importante es seguir siendo fiel a ciertas líneas centrales, que para mí siguen siendo irrenunciables.

G: Identidad y Nombres: el Nombrar. ¿Quién es Patrizia Fiocchetti?, ¿Cuántos nombres tienes? y ¿Qué nombres eres?

P: Esa es otra buena pregunta. Patrizia Fiocchetti diría que es una loca, en el sentido positivo, ¿eh? Las mujeres crecemos con lo de princesa y hada. Yo siempre me sentí bruja y Befana, que es parte de mi cultura de origen. Las mujeres tenemos estas sensaciones, esto que afinamos, y afina nuestros instintos, afina nuestros sentidos en todos los sentidos. Me he movido siempre fuera del coro, una independiente fundamentalmente. Tanto en mis ideas, cuanto en mi forma de ser. Odio los cánticos de estadio, odio el partidismo, e incluso cuando estaba en una organización estructurada tanto política como militarmente, siempre mantuve mi autonomía: fundamental, y muy necesaria la mental, para poder lograr cambios reales, y que tengan un impacto positivo en el mayor número de personas. Me identifico con mi nombre en la Resistencia: Mahshid. No es posible quitarme la persona que he sido. También porque todo ese período fue formativo, así que seguiré siendo Mahshid que está aquí y morirá conmigo, cuando yo me muera. Reivindico mucho este nombre, porque esa personalidad siempre me ha dado la posibilidad, y también las herramientas, para poder mirar las cosas que circulan en mi vida, y también en la vida de los demás, o en contextos geopolíticos: tener la posibilidad de una doble mirada. La externa occidentalizada con la que filtro, y una mirada interna que siempre es mía, pero que se compone de mucho más. Se compone de toda esa experiencia que me enseñó a no ceñirme a los parámetros cultural-educativos aprendidos en mi país de nacimiento, sino también a hacer míos todos esos sistemas, esos parámetros, esa forma de pensar que es de otros mundos. No me detengo en la superficie de lo que nos rodea, entiendo que la realidad es tridimensional, por lo tanto, todo lo que sucede hay que analizarlo profundamente, y por eso para mí esto es algo muy importante, esto lo he aprendido, y no lo quiero dejar. Por supuesto lo que siempre quise tener es autonomía: después de mis años en la Resistencia intenté unirme a partidos políticos en Italia, y en asociaciones, pero no pude. Eran contenedores muy estrechos donde muchas veces el pensamiento libre no se ve de manera positiva. Yo había estado en una situación muy estructurada, donde ser mujer no era un valor a restar, sino un valor a sumar, de hecho, se convirtió en un valor funcional y fundamental en una lucha por la Liberación de la opresión. Es imposible para mí permanecer en contenedores donde haya un protagonismo y un individualismo desconcertantes. Así que me considero una bateadora designada, y para mí es importante, porque lo que creo que puedo hacer ahora es precisamente ser testigo: pasé de ser activista, a combatiente política y militar, a testigo, pero feminista siempre.

G: En este transitar de activista a testigo, ¿cómo contarías el transitar por lenguajes y lenguas que encarnaste?

P: El cruzar se dio en varios niveles de conciencia que también reflejan las fases de la vida. Creo que es muy importante garantizar que ciertas luchas también se lleven a cabo a nivel de activismo por parte de las generaciones más jóvenes, porque debe haber una transición real y debe haber quienes, de alguna manera, apoyen y den testimonio de lo que luego sucede en Italia, y en otros Países, y partes del Mundo. Que muchas veces encontremos que las palabras solo las expresan mujeres mayores que yo, siempre me deja perpleja, ¿por qué? Porque ciertos objetivos han cambiado en la era contemporánea desde el feminismo, y hay nuevas perspectivas, discusiones, que históricamente a lo mejor no me representan, pero hay que dejar espacio al futuro – al pasado, presente y futuro.

Los tres idiomas que vivo me pertenecen, ciertamente el inglés es el idioma de mi último período de despreocupación y diversión antes de entrar en la Resistencia. El italiano es el que nombra, el que me dio los instrumentos iniciales, pero hay muchas cosas que pienso en persa, que fue la lengua de lucha, la lengua de una determinada época política, la que me representa mucho mejor… mucho mejor. Muy a menudo también en mi trabajo — trabajo con solicitantes de asilo, especialmente con mujeres — hablando con mis colegas, palabras persas vienen a mí para representar estados de ánimo o como expresiones muy difíciles de traducir, pero que siento que son más encarnadas, precisamente que tocan la esencia de la persona que tengo en frente a mí, cualquier sea su lugar de procedencia. El persa tenía un sentido político, militar y físico de compromiso total, que ni el italiano ni el inglés claramente tenían. Durante mis años en la Resistencia para las compañeras comunicarme ciertos pasajes de carácter político-ideológico era muy complicado, aunque hablaran inglés o italiano perfectamente, porque era algo que nació dentro de una cultura determinada, dentro de un sistema determinado que necesitaba de ciertos términos que traducidos se perdían. Recuerdo exactamente el momento que viví como una especie de ruptura de un techo (ojalá un techo de cristal de los que como mujeres tenemos encima, pero era otro), el momento en el que mi cerebro hizo un clic, y de repente comencé a entender bien el persa. Fue como si se abriera, como si hubiera sido un nuevo nacimiento, fue el nacimiento de una nueva versión de mí, de una parte de mí que iba a descubrir. Porque yo estaba descubriendo esa parte de mí, porque iba a conocer un mundo desconocido a través del lenguaje de ese mundo, no a través de mi idioma o un tercer idioma, y es una cosa completamente diferente.

G: Y en aquel mundo desconocido te aparecieron dos palabras-claves en tu vida y en tu libro “Variazioni di Luna”: Mah y Khaharan, luna y hermanas. También escribiste que “el vínculo que nos une a todas es la clave para derrotar al sistema opresor”. Entonces, ¿cómo definirías y describirías la sororidad?, ¿Cómo crees que es necesario que sea elegida, construida y cuidada la sororidad en Occidente?

P: Sin duda estos dos términos, Mah, que es exactamente luna, y Khaharan, que es hermanas, tienen un vínculo muy, muy fuerte también por el simbolismo de esta unión: escuchen los sonidos en khaharan, hay algo visceral en ellos, este sonido “kh” hay que sacarlo de las entrañas, es de una fuerza increíble, así como la “h” final de Mah. No lo pensé antes de escribirlo, a quienes creamos pasa así, escribes, en mi caso, y luego mira a lo que has escrito…y te conoces. La pregunta que hiciste es importante, la gente así puede pensar en ello. Relaciono este simbolismo con el sentido de los nombres propios iraníes para indicar esta concatenación entre nosotras: como mujeres tenemos la misma raíz natal que no viene del sol, sino que viene de la luna, porque es la increíble luna que nos mueve. Estas dos palabras son preislámicas, son persas y están ligadas a la naturaleza, que es lo más preciado que tenemos como mujeres, y la sororidad tiene que ver con todo esto, el hecho de llamarnos khaharan fue formal, sí, pero era el vínculo de pertenencia. Nosotras discutíamos, también teníamos sesiones de crítica y autocrítica muy fuertes, pero nunca destructivas, siempre constructivas. En Occidente es prácticamente imposible que se cree la sororidad, por cómo crecemos, cómo nos educan, siempre debemos ser competitivas con las otras, debemos ser competitivas en todo, es decir en la belleza, en el rendimiento, y a nivel profesional. Cuando se dice que sexismo, patriarcado y misoginia están en la base del sistema capitalista, es incuestionable. La primera esclava en el planeta tierra fue la mujer. La sororidad en la Resistencia, o entre las combatientes kurdas, o incluso dentro de las asociaciones de mujeres afganas que conocí, es compartir un objetivo: el objetivo es importante, el objetivo es la oposición al sistema misógino-patriarcal-represivo-opresivo, que sea el régimen iraní, el Isis, o los aviones de Erdogan en Kurdistán, o los talibanes, o los señores de la guerra en Afganistán, la unión hacia estos objetivos no la arrastra una política masculina, quienes deciden son ellas. La idea es que liberamos el país, pero lo liberamos liberándonos a nosotras mismas. Entonces en este contexto hay una comunidad y una comunión de intenciones para la cual la sororidad se vuelve fundamental. Al querer avanzar en la Liberación, somos el pilar insustituible, y somos nosotras las mujeres las que damos esos pasos, no hay alguien que nos diga cómo hacerlo. En un sistema occidental es prácticamente imposible, porque ahí también estás luchando contra un sistema de pensamiento poscapitalista, es muy complejo dar este salto, pero como no tenemos un objetivo común utilizamos instrumentos masculinos que son performativos, y eso se convierte en individualismo. Realmente necesitamos un cambio profundo de perspectiva, a partir del autoconocimiento. Necesitaríamos aprender de todas ellas, pero necesitaríamos quizás de un enemigo más concreto.

G: Ya… ¿Qué no sabemos realmente de estas realidades vivas en Oriente Medio y en Asia central, y del feminismo de otras latitudes, y qué deberíamos saber?

P: Yo tampoco sé muchas cosas, pero creo que primero deberíamos partir de un supuesto básico que es ante todo darse un gran baño de humildad, realmente todas nosotras (los hombres deberían hacerlo todos los días), ya que como occidentales blancas no tenemos la clave de todas las respuestas. Está la lucha por la tierra de la que son protagonistas las mujeres rurales. Son protagonistas absolutamente poco conocidas. Son movimientos basados en cosas extremadamente concretas, tal vez incluso muy vitales, donde también arriesgan sus vidas, y donde están llevando a cabo un experimento importante que se hace con actos y no con teorías. Yo creo que en los años 80 en Occidente es cuando comenzó la caída, con todo el sistema thatcherista y reaganiano. Allí empezó la caída libre del feminismo occidental, por esto aún más es importante dar testimonio del antes, de lo que hemos conocido. Deberíamos de tener intercambios, y sobre todo debemos entender que en la defensa de esos derechos que dábamos por sentados nos estamos perdiendo, porque ya no estamos unidas en esto. Hablando del cuestionar el derecho al aborto en Italia deberíamos preguntarnos: Pero ¿cómo es posible?, el derecho al aborto obtenido con lágrimas y sangre, este derecho cómo no se ha convertido en patrimonio del tejido social italiano, ¿dónde está el error? ¿Significa esto entonces que el feminismo sigue siendo algo elitista, ajeno al sentimiento de una sociedad como la italiana?, ¿Se han hecho esos pasajes que se hacen en otras realidades, de involucrar – lo recuerdo perfectamente – desde abajo a las mujeres, a las mujeres sin instrucción, a las abuelas con sus conocimientos, reconociéndolas como portadoras de los mismos? Este paso no lo hicimos en su momento, y en este estamos jugando a la defensiva. En Italia hay una mujer gobernando e intentando modificar la Constitución. Este intento es absurdo, ya que parece impulsado solo por las necesidades de votantes actuales, sin considerar que la Constitución garantiza derechos para generaciones, preservando el pasado y preparando el futuro. Esta acción tendrá consecuencias negativas, especialmente para las mujeres. Las mujeres han sido una parte activa en la creación de esta Constitución, la han votado, y tratar de modificarla equivale a negar tanto el pasado como el futuro. Se trata de un ataque a la memoria y la planificación en una sociedad que está retrocediendo en términos de derechos civiles y cívicos. Como mujeres, podríamos hacer mucho para contrarrestar esta situación. Estamos directamente involucrados, pero parece que nuestra voz pierde importancia en esta situación borrosa e incierta. Es cierto que el sistema patriarcal existe, está aquí, pero ¿En qué hemos fallado las mujeres? Quizás esta sororidad no haya tenido un impacto tan fuerte en el cambio de un País. Deberíamos aprender lo que se ha hecho y se está haciendo en otras latitudes, y reconocerlo.

G: A tus preguntas me vinieron a la cabeza tus palabras sobre la Generosidad y el Amor como elementos de acción, y el actuar como único camino para una verdadera deconstrucción y reconstrucción, y también me acordé de las miradas que describes en “Variazioni di luna»: quizás deberíamos (re)encontrarnos todas en las miradas a nosotras y al mundo.
Ay, Patrizia, ¿Qué cuenta tu mirada del lenguaje con el que se narra la vida hoy en día? ¿Qué sientes y observas desde un punto de vista lingüístico de la narración de los conflictos, de las violencias?

P: Un lamento, para echarse las manos a la cabeza: hay una narrativa tóxica con pocas excepciones, en Italia la labor periodística está ahora basada en el juzgar, es un posicionarse continuado lejos de la imparcialidad, hay una superficialidad aterradora. Los medios de comunicación mainstream siguen líneas editoriales y políticas muy definidas y no se apartan de ellas. Francesca Mannocchi, una periodista muy muy buena, ha tenido que rematar algo aparentemente obvio, es decir que el periodismo se hace con hechos verificados, hay que consultar múltiples fuentes antes de difundir una noticia, sobre todo cuando se habla de conflictos muy complejos y con raíces que se remontan a decenas de años atrás. Las noticias a menudo se expresan en un lenguaje cargado de agresividad y juicios hacia aquellos que expresan una idea diferente. Además, porque del otro lado, es decir, en las redes sociales, se dispara información no verificada. En los casos de violencia de género, el monstruo de la portada es siempre la víctima, más que el hombre violento, se narra como una pelea de vecindario que salió mal, cuando deberíamos profundizar en el discurso educativo y cultural: cada vez hay una oportunidad perdida. Quien escribe tiene una gran responsabilidad. No soy periodista, soy una testigo que escribe, que espera poder aportar profundidad, y no dar noticias planas y superficiales, sino ir más allá, analizar, examinar, porque hice una elección: la elección de ser testigo. Las palabras son importantes, los términos correctos son imprescindibles siempre, incluso cuando se habla de fútbol, imagínate cuando se tocan temas de geopolítica internacional. Las pequeñas historias son mucho más porque hacen historia con mayúscula. Hay actos, frases y miradas, como dijiste antes, que son mucho más significativos. Estos llegan a las personas porque logran empatizar. Mi editor Luigi me dijo que al menos escribiera diez frases en mi último libro para contar cómo acabé en la Resistencia iraní, para mí fue muy difícil sacarlo, pero entendí lo que él decía. Debes involucrarte: mi pequeña historia va junto con la de otras personas, y con el lenguaje das, y reconoces, su dignidad, que es igual a la tuya.

G: ¿Cómo y dónde continúa tu búsqueda, Patrizia?

P: La búsqueda está vinculada a otra palabra: la curiosidad, usada en el sentido de acción, es un motor, es positiva, impulsa el conocimiento, el deseo de aprender, de conocer, de saber. Por lo tanto, esta no me abandona, tengo mucha curiosidad por la vida de los demás. Para mí, ahora, las personas son mi campo de investigación. Trato con personas que tienen un sueño, y creo que tiene una importancia enorme dar dignidad a los sueños de las personas, porque nos reconocemos en ellos, en nuestros sueños, el sueño que es un sueño/deseo. Pero el sueño es algo que tiene ese lado onírico, muy importante porque está vinculado a nuestra parte infantil, a nuestro lado positivo en cierto sentido. El deseo a menudo parece casi más comercial como palabra, en cambio el sueño es algo que trasciende la parte material, y para tratar de realizar el sueño pasan por retos muy difíciles que ponen el sueño a prueba, pero también corren el riesgo de ni siquiera alcanzar a pensar de poderlo realizar este sueño, porque cuando terminas pasando años y años a lo largo de una ruta balcánica que suspende tu crecimiento, o terminas en manos de despiadados extorsionadores, o terminas en cárceles libias, el sueño que tienes de hacer una nueva vida está en riesgo. Por lo tanto, creo que soñar es un derecho. En mi opinión es un derecho universal. Detrás de todo esto, hay un ser humano, una mujer, un hombre, un joven, una joven, un niño, una niña que, de alguna manera choca, con la imposibilidad de realizar este sueño. Si le quitas el sueño, si le quitas esta posibilidad a una persona, a un ser humano, es como si le quitaras una parte integral de su vida emocional. Y esto es lo que veo cuando hablan con nosotras, y hablan de sus deseos, de sus sueños, y lo que buscan es la posibilidad de estar en un lugar seguro y recuperar, casi, la capacidad de respirar, y recuperar ese sueño que tenían. Esto devuelve dignidad a la persona, recuperan su dignidad que realmente se pone a prueba debido a las políticas públicas europeas, las políticas internacionales, y también la mezquindad y crueldad de mucha gente que se enriquece a expensas de estas personas. Entonces, el sueño, esto es algo que me da, que es una búsqueda, tal vez un poco menos en movimiento en cierto sentido, pero creo que a las personas les hace bien saber que los sueños son patrimonio de la humanidad, no son patrimonio solo de una parte de ella.

M: A quienes dicen que las mujeres que llevan un arma están ejerciendo poder patriarcal, ¿qué les diría, Patrizia?

P: Dar esta respuesta es importante para mí porque he reflexionado mucho sobre esta pregunta. Te agradezco, María, por brindarme esta inspiración porque me ha llevado a pensar en algunas de las cosas que ya he expresado. Me refiero a la discusión sobre el objetivo de la sororidad, que implica luchar por un propósito específico.

Cualquier acción emprendida por nosotras, las mujeres, puede ser juzgada de alguna manera, incluso las acciones armadas o de Resistencia, ya que a menudo siguen líneas o principios patriarcales establecidos por los hombres. Esta observación es válida si analizamos la historia de varias Resistencias, como la italiana o la argelina. En estos casos, el papel de las mujeres ha sido crucial y siempre se ha dedicado a la causa de la Liberación, sin buscar su propia Liberación personal. En la lucha de estas Resistencias, no se ha logrado una emancipación individual. La Resistencia italiana logró expulsar a los nazifascistas, pero las mujeres recibieron un «gracias», y se les pidió que regresaran a casa. Este es el contexto en el que destaco la importancia de la Constitución italiana, Giorgia, ya que es allí donde las mujeres han tenido un papel político crucial, primero en la elección entre monarquía y república, pero luego en la Constitución, por eso es un baluarte.

Cuando se trata de la lucha armada, desde mi perspectiva, debe considerarse como el último recurso en cualquier escenario. Empuñar un arma es una acción complicada y apretar el gatillo contra otra persona es un acto absolutamente innatural. Por lo tanto, siempre debe considerarse como último recurso. Cuando era más joven, me opuse a la lucha armada en Italia, yendo a Inglaterra porque consideraba que no tenía sentido. Sin embargo, reconozco que hay situaciones en las que no queda otra, no hay opción. Allí yo, como mujer, me convierto dentro de la lucha de Liberación en un pilar, en el eje para el cambio, para mi cambio, y a través de mi cambio lo de mi País. ¿Qué significa mi cambio? La realización de mi igualdad de estar al mismo nivel que el hombre, incluso superior a él en algunas situaciones.

Yo mujer soy quien dicta las líneas a través de una lucha de Resistencia en la que no sólo soy ejecutora, sino que también soy quien decide, quien lidera, teniendo un objetivo claro, en liberar a mi País de un opresor o de una invasión. Soy libre y me propongo adquirir los mismos idénticos derechos que los hombres: esta es la forma en que se cambia una sociedad, no se hace después, se hace mientras tanto, esta es la clave para entenderlo.

La sociedad, como hemos visto, la cambian las mujeres porque transformamos el sistema, ya que la única manera verdadera para la sororidad y el compartir es derribar al sistema capitalista, en cualquiera declinación que se manifieste, ya sea como fundamentalismo religioso, una dictadura, un gobierno de tipo dictatorial ya sea laico o militar, pero las bases son las mismas, siempre se trata de patriarcado y solo la mujer puede —en ese sentido—, asumir la responsabilidad, y la fuerza para lograr el cambio en todo el sistema, reconociéndose a sí misma como protagonista, y no como alguien que regresa a casa después de que termina la lucha. ¡No, yo me quedo aquí! Creo que es importante entender esto. Soy la protagonista todo el tiempo porque eso lo es todo, sino estaría reafirmando el poder del varón contra otro varón. No, por favor.

M: Te doy las gracias un millón de veces.

G: Grazie, Patrizia.

P: Gracias a vosotras. Grazie. A presto


Patrizia Fioccheti

©Patrizia Fiocchetti es abogada, activista feminista, excombatiente en el Batallón 14 de Muyahidín del Pueblo Iraní – batallón militar integrado exclusivamente por mujeres– por el que ha sido condenada a muerte por una fatua. Lleva más de veinte años trabajando con refugiados políticos. Ha publicado “Afganistán fuera de Afganistán” y “Variaciones de la luna – Mujeres combatientes en Irán, Kurdistán, Afganistán”y ha participado en los libros Una mattina ci siam svegliamate (Round Robin, 2015), Si può ancora fare (Safarà, 2016) y ¡Fuego! (Red Star Press, 2018). Ha publicado artículos con Il Manifesto y las revistas Laspro, Confrontations y Wars and Peace. En diciembre de 2023 ha sido galardonada con el premio especial Franca Fraboni del premio de escritura femenina Il Paese delle Donne por su novela «Cosa c’è dopo il mare».


Giorgia Pordenoni

Giorgia Pordenoni es lingüista y traductora por la Universidad de Pisa y la Universidad La Sapienza de Roma. Compagina crianza y latir feminista con nostalgias actorales y poéticas. Arteterapeuta integrativa por la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, vive en Andalucía donde trabaja como profesora de Lengua y Cultura Italiana en el Centro de Lenguas Modernas de la Universidad de Granada.