«Dominatio culturae: ecos de poder, resistencia patriarcal y blacklash antifeminista»
La gran mayoría de los adolescentes creen en el mito de la media naranja, la idea de que la pareja está predestinada y que uno está incompleto hasta encontrar su «otra mitad». Este mito es parte de un concepto más amplio: el amor romántico. Hablar del amor no es problemático en sí mismo; la verdadera incógnita surge cuando se interpreta como algo predestinado, exclusivo, sacrificado y totalizador (Salander, 2024).
Al pensar en historias épicas de amor, vienen a la mente películas, canciones, obras de teatro y libros. Así se puede observar cómo la cultura, en su sentido más amplio, abarca las creencias, valores, costumbres y comportamientos que definen al conjunto de la sociedad, es un fenómeno dinámico que influye y es influido por los individuos que lo componen. La importancia de la cultura en la sociedad no puede ser subestimada; actúa como un tejido conector que unifica a las personas y ofrece un marco de referencia compartido para interpretar el mundo (Salander, 2024).
Infrarrepresentación en la cultura: ¿dónde están las mujeres?
Pese a los avances, la infrarrepresentación de las mujeres en la cultura sigue siendo un problema significativo en la construcción de identidades de género, además de los roles y las expectativas asociados a hombres y mujeres. Aunque las mujeres están ganando cada vez más protagonismo en ámbitos históricamente dominados por hombres, su presencia sigue siendo limitada en muchos sectores como la política, el deporte, el mundo empresarial, la ciencia, el cine y la música. Tal y como recoge Julia Salander en su obra Tu argumentario feminista en datos (2024), solo el 33% de los personajes de dibujos animados son chicas. Además, únicamente el 29% de las actrices mayores de 40 años consiguen papeles, reforzando la idea de que el declive de las actrices comienza a los 30 años, mientras que el de los hombres a los 46. De los 979 premios Nobel otorgados, solo 62 han sido para mujeres, y en España, solo 24 mujeres lideran restaurantes con tres estrellas Michelin.
Desde 2017 hasta 2022, se nominaron 45 filmes a Mejor Película en los Oscar, y el 43% no pasaron la prueba de Bechdel. Este test, creada por Alison Bechdel a partir de su publicación de 1983 Dykes to Watch Out For. Se mostraba una viñeta en la que dos mujeres, al pasar por delante de un cine, tienen la siguiente conversación: una le pregunta a la otra “¿Quieres que veamos una película chula?”, y la otra responde “Yo solo veo películas si cumplen estas tres reglas: 1) que aparezcan al menos dos mujeres, 2) que hablen entre ellas y 3) que el tema de la conversación no sea sobre un hombre” (Salander, 2024).
En el festival de Eurovisión 2024, Nebulossa presentó una propuesta clara y audaz: Zorra, una canción que desafía los estereotipos de género y reivindica el empoderamiento femenino. Aparentemente destinada a ser un hito por su mensaje contundente y reivindicativo, la atención mediática se desvió inesperadamente hacia los 12 puntos que el voto popular español otorgó a Israel, eclipsando en gran medida la trascendencia cultural y política de la participación de Nebulossa.
“Cuando consigo lo que quiero (zorra, zorra)
Jamás es porque lo merezco (zorra, zorra)
Y aunque me esté comiendo el mundo
No se valora ni un segundo” (RTVE Música, 2024)
La resistencia al cambio hacia la igualdad de género: cultura blacklash
En la actualidad, la Cuarta Ola del feminismo se percibe como una resistencia frente a la violencia patriarcal, buscando la emancipación social, política, cultural y personal de las mujeres (Posada, 2018). Este movimiento es la última de cuatro olas distintas en la historia del feminismo, cada una avanzando con fuerza hacia la igualdad.
De esta manera, se puede observar que, a medida que las mujeres siguen abriendo camino en la literatura, el arte, la música y los medios de comunicación, desafiando y reconfigurando las narrativas tradicionales que limitan su rol en la sociedad, el patriarcado reacciona. Esta reacción se evidencia en la denominada cultura blacklash, un retroceso negativo frente a los avances de la llamada «ideología de género» y otros aspectos de la diversidad cultural (Inglehart y Norris, 2016). Se percibe como una defensa de los «derechos» masculinos, privilegios de una estructura patriarcal predominante (Bates, 2023).
Este término fue popularizado por Susan Faludi en su obra Backlash: The Undeclared War Against American Women (1991), donde describe cómo, a lo largo de la historia, cada avance significativo en los derechos de las mujeres ha sido seguido por una fuerte reacción en su contra. En lugar de ser una simple resistencia pasiva, este retroceso se manifiesta como una campaña activa y organizada para reinstaurar las normas y roles de género tradicionales. Esta oposición se presenta a través de diversas formas, como la adopción de políticas regresivas y la promoción de estereotipos negativos sobre el feminismo y las mujeres que luchan por la igualdad.
De este modo, se puede observar cómo la oposición al feminismo también ha sido una constante histórica. Virginal Woolf, en su obra Un cuarto propio (1932), sugiere que “la historia de la oposición de los hombres a la emancipación de las mujeres es tal vez, más interesante que la propia historia de la emancipación” (2022, pp. 83-84).
A finales del siglo XIX y principios del XX, el movimiento sufragista de la Primera Ola del feminismo buscó la igualdad representación en la esfera pública y política, enfrentando discursos antifeministas que defendían los roles tradicionales de género y relegaban a las mujeres al ámbito doméstico (Pérez Serrano, 2013).
La Segunda Ola del feminismo, que surgió en los años 60 en el contexto de la Guerra Fría y la lucha por los derechos de diversos grupos marginados, se enfocó en el lema «lo personal es político». Este movimiento abordó el patriarcado como un sistema de dominación sexual, promoviendo la igualdad en el ámbito laboral y reproductivo (Garrido-Rodríguez, 2021). La oposición a estos avances se tradujo en una resistencia feroz de sectores conservadores que vieron estos cambios como una amenaza a los valores tradicionales. Durante este periodo, surgieron organizaciones antifeministas como la Fundación de la Familia (1970), que defendía la estructura familiar tradicional y argumentaba que el feminismo contravenía principios religiosos y morales (MacLean, 2015).
La década de los 90 marcó el inicio de la Tercera Ola del feminismo, caracterizada por una liberación sexual y una mayor inclusión de identidades sexuales, razas y clases sociales (Garrido-Rodríguez, 2021). Este período también vio un auge del antifeminismo, que comenzó a victimizar al hombre y justificar la discriminación institucional en respuesta a los avances feministas. Los medios de comunicación y los foros de Internet jugaron un papel crucial en la difusión de estas ideas (Wodak, 2015).
Hoy en día, la Cuarta Ola del feminismo se caracteriza por un enfoque global contra las diversas formas de violencia hacia las mujeres, donde se incluye la violencia sexual, la prostitución, la pornografía y la gestación subrogada (Posada, 2018). En este sentido, Rosa Cobo (2019) afirma que esta ola ha llevado a una mayor conciencia social crítica sobre la desigualdad de género, con presencia de organizaciones feministas presentes en casi todos los países y rincones del mundo.
Transformación de la lucha feminista y el auge del antifeminismo
Según Sosa Sánchez y Brandariz Portela (2022), la Cuarta Ola del feminismo se distingue por su activismo digital, que ha impulsado la expansión global del movimiento. Las redes sociales permiten conectar testimonios de denuncia y ofrecer herramientas de apoyo a las víctimas, consolidando esta ola como un movimiento masivo. Como resultado, Beatriz Ranea, en su obra Desarmar la masculinidad (2021), sostiene que la virilidad está en crisis debido al debilitamiento de los pilares patriarcales tradicionales.
Este fenómeno está relacionado con el aumento de la polarización ideológica en las redes sociales. Estas plataformas tienden a crear burbujas ideológicas, fomentando la radicalización de los usuarios a través de algoritmos que personalizan el contenido según sus hábitos y preferencias. Este hecho, conocido como «cámara de eco,» limita la exposición a ideas contrarias y reduce la reflexión crítica (García-Bullé, 2019).
Este contexto ha favorecido el incremento de posturas antifeministas entre los jóvenes, influenciados por ideologías de extrema derecha. Un artículo del Financial Times de principios de 2024 señaló que la brecha ideológica entre hombres y mujeres jóvenes ha aumentado en países como Estados Unidos, Reino Unido y Corea del Sur. Mientras los hombres jóvenes tienden hacia posturas conservadoras, las mujeres jóvenes se inclinan más hacia posiciones liberales y democráticas (Burn-Murdoch, 2024).
En España, varios informes del Centro Reina Sofía revelan una notable prevalencia de discursos antifeministas en el ámbito digital, reflejando un rechazo significativo a los avances feministas entre los hombres jóvenes, quienes los perciben como amenazas a la masculinidad tradicional y la sociedad patriarcal.
Estos hallazgos coinciden con la Encuesta del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) de enero de 2024 sobre la percepción de la igualdad de género en España, que muestra una polarización marcada según la afiliación política, especialmente entre votantes del Partido Popular (PP) y Vox. Además, el 51.8% de los hombres jóvenes de 16 a 24 años perciben una creciente discriminación hacia los hombres debido al feminismo, mientras que el 48.2% considera que esta percepción no refleja la realidad actual (CIS, 2024).
Tradwives: un reflejo de las normas tradicionales de género
La tendencia de los hombres jóvenes hacia ideologías conservadoras puede entenderse como una reacción patriarcal ante los avances de la Cuarta Ola del feminismo y otros movimientos sociales. La resistencia no solo representa un freno para el progreso hacia la igualdad de género, sino que también busca reinstaurar y reforzar las normas patriarcales.
Esta respuesta patriarcal puede relacionarse con el movimiento tradwives, el cual ha ganado visibilidad en los últimos años como una reacción a los cambios socioculturales impulsados por el feminismo. Historias como la de Hannah Neeleman (@ballerinafarm), quien dejó su carrera como bailarina en Juilliard para convertirse en una esposa tradicional y madre de ocho hijos, o la de Rocío López (@roro), quien en sus videos muestra detalladamente el proceso para cumplir los deseos de su novio, como cuando dice “Hoy a Pablo le apetece…”, han sido protagonistas de debates en redes sociales recientemente.
El término tradwives (abreviatura de «traditional wives», esposas tradicionales en inglés) se refiere a un movimiento contemporáneo que promueve la adopción de roles de género tradicionales. Su origen se relaciona con la crisis económica del 2008 en Estados Unidos y una naciente incertidumbre global, que contribuyó a que algunos sectores de la sociedad busquen refugio en los roles de género tradicionales. Por tanto, las tradwives son mujeres que eligen ser amas de casa y cuidadoras de su familia, emulando el ideal doméstico de las décadas de los 50 como una opción tanta estética como ideológica.
En su estudio, Tradwives: Las amas de casa que mercantilizan la ideología de derecha, publicado en 2023, las investigadoras Sophia Sykes y Veronica Hoppner de Massey University analizan la relación entre estas mujeres y las ideologías de derecha. Así, se determina que las tradwives emplean las redes sociales para mostrar su estilo de vida y construir comunidades en línea donde se apoyan y refuerzan mutuamente sus creencias y decisiones de vida, fortaleciendo así su postura ideológica. A través de su contenido, que va desde consejos para el hogar hasta mostrar su día a día, las tradwives promueven ideales patriarcales y antifeministas que se alinean con ideologías que van desde el conservadurismo dominante hasta la extrema derecha, o la derecha alternativa.
La derecha alternativa es una categoría política ha surgido recientemente en Estados Unidos, asociada con el discurso del expresidente Donald Trump. Se trata de una subcultura heterogénea y sin líderes definidos, que fomenta el racismo y la supremacía blanca (Mudde, 2021). En España, Eva Anduiza y Guillem Rico (2022) vinculan esta corriente con el partido de extrema derecha Vox. Estos partidos son reconocidos por sus discursos antifeministas y su oposición a la diversidad cultural.
El impacto de las redes sociales: la Manosfera
Tomando como marco el debilitamiento de la masculinidad hegemónica, la Manosfera se convierte en un refugio para millones de hombres. Laura Bates en Los hombres que odian a las mujeres: Incels, artistas de la seducción y otras subculturas misóginas online (2023) define la Manosfera como una red interconectada de grupos diversos pero relacionados, cada uno con sus propios sistemas de creencias, vocabulario y métodos de adoctrinamiento.
El punto de partida común de estas comunidades es la filosofía de la Píldora Roja («Red Pill»), que conecta a los diferentes grupos a través del victimismo y la ideología antifeminista. Esta doctrina surge de una escena en la película Matrix, en la que Morfeo le presenta a Neo dos opciones: la pastilla azul, que lo mantendría ajeno a la verdad sobre la realidad simulada, y la pastilla roja, que le permitiría descubrir la verdad.
Entre los principales grupos que conforman la Manosfera se encuentran los Activistas por los Derechos de los Hombres (Men’s Rights Activists, MRA), quienes creen que los cambios sociales y políticos impulsados por el feminismo han llevado a una supuesta dominación femenina y a la sumisión masculina. También están los Hombres que Siguen su Propio Camino (Men Going Their Own Way, MGTOW), quienes sostienen que la sociedad occidental y los gobiernos «ginocéntricos» discriminan a los hombres, promoviendo la idea de evitar a las mujeres para el bienestar propio. Otro grupo son los Maestros de la Seducción (Pick Up Artists, PUA), quienes bajo la apariencia de «broma» o «sátira» ofrecen técnicas de seducción «científica» que a menudo implican manipulación, abuso de poder y violencia hacia las mujeres. Por último, se encuentran los Incels (Involuntarily Celibate), quienes creen que las mujeres utilizan su poder sexual para dominarlos, negándoles su derecho fundamental a las relaciones sexuales. Para unirse a esta comunidad, se debe aceptar la «píldora roja», lo que significa reconocer que el mundo no es como se pensaba.
Las ideas de odio y misoginia en línea a menudo trascienden la pantalla del ordenador. El 23 de mayo de 2014, Elliot Rodger, un joven de 22 años, abrió fuego frente a la casa de la sororidad Alpha Phi, matando a dos mujeres e hiriendo a una tercera. Luego embistió con su vehículo a varias más, dejando un total de seis muertos y catorce heridos, antes de quitarse la vida. Antes del ataque, Rodger había subido un video a YouTube titulado La venganza de Elliot Rodger, donde culpaba a las mujeres por su soledad y rechazo, y envió un correo electrónico titulado Mi retorcido mundo. La historia de Elliot Rodger, donde explicaba su afinidad con la comunidad incel. Dentro de la misma, estos ataques son ensalzado, ya que afirman la superioridad masculina. El 14 de febrero de 2018, Nikolas Cruz, un joven de 19 años, abrió fuego en su antiguo instituto, Marjory Stoneman Douglas, en Parkland, matando a diecisiete personas. Más tarde se descubrió que Cruz había dejado un comentario en YouTube alabando la masacre de Rodger: «Elliot Rodger no caerá en el olvido» (Bates, 2023).
La cultura como herramienta para la igualdad de género
En este contexto, la cultura se revela como un espacio crucial que nos recuerda que la igualdad de género no es únicamente una meta política o social, sino una transformación que debe impregnar todos los aspectos de nuestra vida cotidiana. Frente a la promoción de ideologías antifeministas que representan un retroceso al romantizar roles tradicionales que limitan el potencial de las mujeres y perpetúan estereotipos perjudiciales, es esencial reconocer que la verdadera lucha contra estas corrientes no se limita al ámbito del debate público. Sin embargo, más allá de señalar los peligros inherentes a estas ideologías, es fundamental entender que la verdadera batalla contra la resistencia patriarcal no se libra solo en la esfera pública, sino en un espacio mucho más amplio y poderoso: el de la cultura.
A lo largo de la historia, las representaciones culturales han reflejado y, en muchos casos, perpetuado las desigualdades de género. Sin embargo, la cultura también tiene el potencial de ser un vehículo poderoso para el cambio social. A través de la literatura, el arte, la música y los medios de comunicación, se pueden desafiar y reconfigurar las narrativas tradicionales que limitan el rol de las mujeres en la sociedad.
Este 2024, hemos sido testigos de un florecimiento cultural que no solo aboga por la igualdad de género, sino que también evidencia un compromiso global cada vez más profundo con este objetivo. Películas como Los pequeños amores de Celia Rico y La memoria infinita de Maite Alberdi han ofrecido reflexiones conmovedoras sobre la feminidad y las relaciones afectivas, presentando historias de mujeres que encarnan fortaleza y resiliencia. En el ámbito musical, artistas como Las Ginebras, Rozalén y Aitana han utilizado su plataforma para abordar temas de empoderamiento femenino y derechos de las mujeres, inspirando a millones y llamando a la acción contra las desigualdades persistentes.
El teatro y las artes escénicas, con obras como Gordas y La casa de Bernarda Alba, han reconfigurado el imaginario tradicional para explorar narrativas de lucha femenina, mientras que autoras contemporáneas como Darcy Lockman con Toda la rabia y Júlia Salander con Tu argumentario feminista en datos: 150 razones para combatir el machismo han aportado voces poderosas que denuncian las injusticias de género. Asimismo, las artes visuales y la moda, a través de exposiciones como Mujeres y Arte en el Museo del Prado y desfiles que celebran la inclusión y la diversidad de género, han demostrado ser catalizadores cruciales para el cambio social.
La cultura es el terreno donde se generan y consolidan las ideas que, con el tiempo, se convierten en verdades aceptadas por la sociedad. Por ello, en la lucha por la igualdad de género, es crucial entender que la cultura no es un simple reflejo pasivo de la realidad, sino una fuerza activa capaz de moldear y transformar. Así, podemos cuestionar y superar las ideologías regresivas, avanzando hacia un futuro en el que la igualdad de género esté presente en todos los aspectos de la vida.
“Estoy en un buen momento
Solo era cuestión de tiempo
Voy a salir a la calle a gritar lo que siento
A los cuatro vientos” (RTVE Música, 2024)
Bibliografía
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- Woolf, Virginia. (2022). Un cuarto propio. Ediciones Akal.

Adela Rodríguez de Corti.
Contratada PRIMEX en el Área de Filología de la Subdirección General de Programas del Instituto de la Mujer. Es graduada en el Doble Grado de Ciencia Política, Gestión Pública y Periodismo de la Universidad Rey Juan Carlos (2023). Además, ha completado el máster en Estudios Interdisciplinares de Género en la Universidad Carlos III (2024). Es socia de Clásicas y Modernas.
