El Lyceum Club y el derecho de las mujeres a pensar

Rocío González Naranjo. Marisabidillas, frívolas y peligrosas. El Lyceum Club Femenino de Madrid (1926–1936). Hoja de Lata, 2026.

Hay insultos que revelan mejor que un elogio el alcance de una transformación histórica. Llamar «marisabidillas» a unas mujeres porque estudian, «frívolas» porque se reúnen y «peligrosas» porque piensan por sí mismas constituye una forma de vigilar las fronteras de su libertad. El título del libro de Rocío González Naranjo recupera esa violencia verbal para invertir su significado: lo que sus adversarios juzgaron una amenaza puede leerse hoy como el signo de una conquista. La historia del Lyceum Club Femenino de Madrid permite reconocer hasta qué punto incomodaba una mujer que aspiraba a intervenir en la vida pública con autoridad propia.

Publicado por Hoja de Lata en el año del centenario del Club, el ensayo recorre la década comprendida entre 1926 y 1936. Su mayor virtud es desplazar el interés desde la excepcionalidad de unas pocas figuras hacia las condiciones que hicieron posible una experiencia compartida. La pregunta deja de ser únicamente quiénes fueron aquellas mujeres para convertirse en otra: qué pudieron hacer al encontrarse. El Lyceum no fue solo una tertulia distinguida, sino un lugar en el que disponer de tiempo, interlocutoras y reconocimiento; un ámbito donde ensayar formas de existencia no enteramente subordinadas a las expectativas familiares.

La autora sustenta esta reconstrucción en un trabajo de archivo atento a la correspondencia, las memorias de las socias, los testimonios familiares y las noticias de prensa. Su investigación recupera tanto a las protagonistas más conocidas como a mujeres cuya trayectoria profesional o asociativa había permanecido en segundo plano. Esa perspectiva resulta especialmente fecunda: una historia feminista no puede limitarse a restituir nombres ilustres, sino que debe reconstruir las relaciones, las mediaciones y las estructuras que permitieron a tantas mujeres adquirir presencia pública. El talento no se desarrolla en el vacío; necesita oportunidades, complicidades y espacios donde ser reconocido.

El libro se organiza en tres partes que permiten seguir la gestación del proyecto y sus transformaciones. La primera examina las redes de sociabilidad femenina surgidas en la sociedad de los años veinte, las relaciones personales entre las fundadoras, los mecanismos de financiación y captación de socias y la difícil articulación de sus juntas y secciones. También muestra la hostilidad que despertó en los sectores más conservadores la iniciativa desde sus comienzos. Aquellas descalificaciones, sorprendentemente persistentes en su lógica, revelan que la resistencia al feminismo no se dirigía únicamente contra determinadas reivindicaciones: cuestionaba el derecho mismo de las mujeres a organizarse y hablar en nombre propio.

Las otras dos partes recorren las actividades del Lyceum en sus sucesivas sedes. Entre noviembre de 1926 y julio de 1930, en la calle de las Infantas, el Club tuvo que conquistar legitimidad en un entorno social receloso, mientras su sección social, vinculada a Consuelo Bastos, según explica la autora, impulsaba iniciativas de considerable alcance. Desde enero de 1931, con el traslado a la calle de San Marcos y la llegada de la Segunda República, la institución adquirió una visibilidad cultural, política y diplomática aún mayor. La historia interna del Lyceum aparece así enlazada con los cambios de la sociedad española: sus salones no fueron impermeables a la política, sino uno de los lugares donde las mujeres participaron en la conversación sobre el país que deseaban construir.

Uno de los datos más reveladores de la investigación es la recopilación de 578 actividades: conferencias, exposiciones, conciertos, danza, teatro, cursos, encuentros y actos de diversa índole. La cifra importa menos como récord que como prueba de continuidad y capacidad organizativa. González Naranjo explica que ha privilegiado las iniciativas realizadas por y para las socias, sin ignorar las intervenciones masculinas de especial relevancia. Esa decisión desplaza el centro del relato: las mujeres dejan de figurar como público de la cultura producida por otros y aparecen como promotoras, organizadoras y creadoras de una vida intelectual propia.

En este desplazamiento reside el alcance filosófico de la experiencia. La libertad no consiste solamente en poseer facultades individuales o en obtener un reconocimiento jurídico; exige condiciones materiales y simbólicas para ejercerlas. Un espacio compartido puede transformar la conciencia de lo posible. Al conversar, discrepar, aprender y colaborar, las socias no solo ampliaron sus oportunidades: contribuyeron a forjar una nueva subjetividad femenina, capaz de reconocerse como agente de cultura y de historia. El Lyceum permitió que el deseo de autonomía dejara de ser una aspiración solitaria y adquiriera una forma colectiva.

El ensayo también invita a reflexionar sobre los límites de aquella conquista. El origen burgués de buena parte de las integrantes obliga a preguntarse qué mujeres podían acceder al Club y cuáles quedaban fuera. Reconocer esas desigualdades no disminuye el valor de lo conseguido, pero impide convertir una experiencia socialmente situada en representación de todas las españolas. Asimismo, las diferencias ideológicas y personales entre las socias merecen formar parte del relato. La propia autora opta por destacar sus realizaciones comunes; esa elección ilumina la potencia de la cooperación, aunque deja abierta la cuestión de cómo narrar una alianza sin suavizar sus conflictos.

González Naranjo recuerda, además, que el Lyceum pertenecía a una red internacional de clubes femeninos y que sus socias defendieron sus vínculos con el exterior frente a las actitudes hostiles hacia lo extranjero. El internacionalismo, las invitaciones a personalidades de otros países y la acogida esperanzada de la República permiten comprender que aquella institución no se encerró en un programa cultural doméstico. La emancipación femenina se vinculaba también con una concepción más abierta de la ciudadanía y con la voluntad de intervenir en la modernización democrática de España.

La obra dialoga con una tradición investigadora previa que ha hecho posible recuperar la historia de las mujeres de la Edad de Plata. Su contribución consiste en reunir materiales dispersos y ofrecer al público una imagen más compleja de la vida cotidiana y la acción colectiva del Lyceum. Y su conclusión resulta particularmente significativa: más allá de ideologías y creencias, aquellas mujeres construyeron una red de ayuda mutua. Esa solidaridad no debe entenderse como una cualidad natural de lo femenino, sino como una práctica histórica, organizada y sostenida frente a obstáculos concretos.

Marisabidillas, frívolas y peligrosas devuelve centralidad a una institución que durante demasiado tiempo ocupó un lugar secundario en el relato cultural español. En este centenario, su lectura nos recuerda que el derecho a pensar necesita algo más que la ausencia de prohibiciones: necesita lugares donde ejercerse, interlocutoras con quienes contrastar las ideas y estructuras capaces de sostener la acción. Aquellas mujeres resultaron peligrosas porque, al reunirse, alteraron el reparto de la palabra y de la autoridad. Su legado no es solo lo que hicieron, sino la posibilidad de libertad que abrieron para otras.


Mercedes Gómez-Blesa es doctora en filosofía y ensayista.  Ha centrado sus investigaciones en la obra de las artistas, escritoras y ensayistas de la Edad de Plata, muy especialmente, en la de María Zambrano, autora a la que ha consagrado el ensayo La razón mediadora: Filosofía y Piedad en María Zambrano (2008), con el que obtuvo el Premio Gran Vía de Ensayo, y ha realizado la edición crítica de los siguientes libros: Las palabras del regreso (1995), Unamuno (2003), Pensamiento y poesía en la vida española (2004) Claros del bosque (2011) y La agonía de Europa (2023). En 2007 publicó Las Intelectuales Republicanas: la conquista de la ciudadanía (2007) y su primer poemario Los nuevos bárbaros. En 2009 apareció Modernas y vanguardistas. Mujer y democracia en la II República. Preparó en 2018 la edición crítica de La mujer Moderna y sus derechos de Carmen de Burgos y publicó Modernas y vanguardistas. Las mujeres-faro de la Edad de Plata (2019). Sus últimos ensayos son Estéticas de la ausencia (2021) y La constelación femenina de María Zambrano (2026). Es patrona de la Fundación María Zambrano y directora de las Obras Completas de María Zambrano.



Eva Cosculluela El Club de las modernas. Editorial Seix-Barral, Planeta, 2026.

¿Qué condiciones sociales e históricas hicieron posible la emancipación de las mujeres?: Las mujeres que adelantaron el reloj en España.

El Club de las modernas, publicado por Seix Barral, 2026, llega en un momento de creciente interés por la recuperación de las mujeres en la historia cultural española. Los aniversarios sobre el Lyceum Club y la Generación del 27 han sacado a la luz la necesidad de re-escribir episodios importantes de la historia reciente. Los marcos de interpretación, así como los contextos políticos, culturales y sociales de la Generación del 27 —centrados únicamente en las producciones culturales masculinas—, necesitan ser revisados para incluir la perspectiva, las aportaciones y la nueva dimensión que adquiere esta generación, al incorporar a las mujeres que formaron parte de ella y cuyas contribuciones fueron ignoradas.

El Club de las Modernas de Eva Cosculluela, periodista cultural, traductora y librera, precisamente, se sitúa en esta línea de trabajo. La autorareconstruye los diez años de historia del Lyceum Club desde su fundación en 1926, en plena dictadura de Primo de Rivera hasta su desaparición después de la Guerra Civil española. Entre el rigor histórico y la crónica narrativa, Cosculluela va narrando cómo a pesar de esta década tan convulsa, o tal vez debido a ello, las mujeres del Lyceum Club pudieron ensayar formas de autonomía que les permitió salir de la tutela masculina. El Lyceum se convirtió en un laboratorio de ciudadanía formado por un grupo heterogéneo de mujeres —monárquicas y republicanas, católicas y laicas, aristócratas y profesionales— que, sin renunciar a sus diferencias, priorizaron la importancia de lo que las unía: la conquista de sus derechos.

Y esto fue posible, y aquí entramos en el tema fundamental de este ensayo, porque el Lyceum se constituyó como un lugar físico, simbólico e intelectual, que actuó como el tejido y el telar que estas mujeres necesitaban para entrelazarse y juntas desafiar el orden establecido. El Lyceum fue el trampolín hacia el espacio público, el lugar de la membresía política —en términos de Hannah Arendt—, el espacio donde reunirse, formarse y ejercitarse como ciudadanas. En este aprendizaje fue fundamental, cuenta la autora, entender la cultura como un instrumento de emancipación. Las fundadoras del Lyceum defendían la formación y la educación de sus socias como parte del proyecto del Lyceum. María de Maeztu lo dijo: «suscitar un movimiento de fraternidad femenina» y ayudar a las muchachas que luchan por abrirse camino. También lo fue hacer de la sororidad una práctica política. Cosculluela rastrea el origen de la palabra «sororidad» hasta Unamuno, quien ya en 1921 reivindicó un término equivalente a «fraternidad» para las mujeres, y muestra cómo las liceístas practicaron esa hermandad femenina avant la lettre. 

Y así fue, la sororidad les permitió resistir frente a la hostilidad. Los ataques que el Lyceum recibió desde su fundación fueron muchos y diversos: desde las burlas de la prensa conservadora hasta las campañas de la Unión de Damas Católicas, pasando por las críticas de quienes las acusaban de burguesas o de tibias. «¡Desgraciados niños los que tienen una madre liceómana!», escribían en «El Iris de Paz», una publicación patriarcal y eclesiástica, extremadamente conservadora, que ya ejercía el insulto como modo de hacer política. Esa hostilidad, lejos de amilanarlas, las fortaleció y las obligó a definir con más claridad sus objetivos.

Con un estilo elegante y preciso, una prosa que fluye con naturalidad, alternando el rigor documental, la memoria afectiva y la mirada es crítica, El Club de las modernas se organiza en nueve capítulos que combinan el orden cronológico con el temático. Tras una introducción de carácter autobiográfico —la autora narra cómo descubrió la existencia del Lyceum a través de una exposición en la Residencia de Estudiantes en 2015—, el libro se adentra en la historia del club desde sus antecedentes europeos hasta su desaparición en 1936. 

El Club de las modernas es también un libro sobre la España del primer tercio del siglo XX, sobre las tensiones entre modernidad y tradición, sobre el feminismo y sus enemigos, sobre la construcción de la ciudadanía femenina. En este sentido estamos ante un ensayo que trasciende el mero ejercicio de la reivindicación de mujeres olvidadas por la histórica, para explorar las condiciones de posibilidad de la construcción de una subjetividad femenina moderna; cómo surgieron y se organizaron los primeros espacios y asociaciones que permitirán a las mujeres salir del confinamiento del espacio doméstico y reunirse para reivindicar sus derechos. 

En esta línea de investigación, la autora dedica páginas esclarecedoras al contexto legal que oprimía a las mujeres. El artículo 438 del código penal —«el artículo rojo»— permitía al marido matar a la esposa adúltera sin más castigo que el destierro. El código civil establecía que «el marido debe proteger a la mujer y esta obedecer al marido». Las mujeres casadas perdían el control de sus bienes, su nacionalidad, su independencia económica. «Más que personalidad jurídica tenía impersonalidad», sentenciaba Clara Campoamor. La reforma de estas leyes fue uno de los logros más importantes del Lyceum.

El Club de las modernas Eva Cosculluela salda una deuda histórica con aquellas mujeres que «se conjuraron en medio de una dictadura, vivieron el nacimiento de una república y el estallido de una guerra civil, lucharon contra una sociedad que no las entendía y defendieron con valentía el derecho a pensar, a crear y a afirmarse como mujeres libres». 


Cristina Guirao

Cristina Guirao es profesora titular de sociología en la Universidad de Murcia. Catedrática de filosofía en EE.SS., en excedencia. Ha sido directora del máster de gestión cultural UMU, directora del seminario pensamiento y cultura; coordinadora general de cultura en el vicerrectorado de cultura de la Universidad de Murcia y secretaria general de Clásicas y Modernas, asociación para la igualdad de mujeres y hombres en la cultura. Autora de numerosos artículos sobre sociología de la cultura y del arte. Es ensayista y filosofa. Autora de los libros de ensayo Crónicas a Contrapelo (2022) de Ediciones Newcastle y Transgresoras. Una historia cultural de las mujeres (2024) Los libros de la Catarata.