La cara oculta: otra faceta en común de algunas componentes del Lyceum Club Femenino
Carmen M.ª Pujante Segura
¿Además de estar en la órbita del Lyceum Club Femenino de Madrid, qué tienen en común Zenobia Camprubí, Rosa Chacel, Concha Espina, Marga Gil Roësset, Victoria Kent, Matilde Ras, Delhy Tejero o Pilar de Zubiaurre, tan parecidas y tan diversas? A este elenco se podrían sumar otros nombres de autoras y artistas contemporáneas, que también se movieron por los círculos culturales de los años 20 en España y que por una vía u otra mantenían contacto con aquellas, como el de Concha Lagos, Manuela Ballester o Silvia Mistral, esta última relacionada con María Luz Morales, del Lyceum Club de Barcelona. Lo que tienen en común se podría haber sospechado o intuido entonces, pero lo cierto es que no se ha sabido hasta hace poco y no se ha explicitado hasta este mismo momento.
Todas ellas escribieron al menos un diario a lo largo de su vida, un diario que, en vida y/o posteriormente, ha visto la luz y hoy podemos leer e investigar (al eleno final nos permitimos remitir, invitando a sacar otras conclusiones a partir de criterios, fechas y lugares de edición). El que no fue publicado en vida de la diarista cuenta al menos con una edición reciente, y el que sí fue editado en connivencia de la autora ha sido reeditado una o incluso varias veces en los últimos años. De todas ellas, pues, existe una edición contemporánea, lo cual demuestra un relevante y prometedor interés que viene tomando muy diversas direcciones actualmente. Podría pensarse que el diario queda muy lejos del laboratorio de ciudadanía que podría significar una institución como el Lyceum Club Femenino, pero podría repensarse como la “cara B”, el “negativo”, las “bambalinas”, “la cara oculta de la Luna” o de la faceta pública de quienes los escriben. Aunque aquí ya surge una paradoja: mayoritariamente eran y son las mujeres las que los escriben en la adolescencia, pero mayoritariamente eran y son los hombres los que los publican.
Ese auge del estudio acerca de los diarios por fin encontró respuesta en España, especialmente a partir de los años 90, hasta culminar en un trabajo de Anna Caballé que data del año 2015, Pasé la mañana escribiendo. Poéticas del diarismo español (que es reconocido por su necesidad y rigor con el Premio Manuel Alvar de Estudios Humanísticos y que, además, para el título toma prestada un leitmotiv de los diarios de Zenobia Camprubí). Se trata del primer acercamiento histórico al diarismo español, no exclusivamente al diario íntimo ni al diario femenino, aunque se tienen en consideración. Con las pertinentes advertencias respecto a los espejismos del mundo editorial, puesto que no todo lo que se publica bajo el título de diario lo es (2015: 74), Caballé hace notar otra suerte de espejismo paradójico: la tradición española ha contribuido valiosamente al diario de viaje y al diario espiritual en el siglo XVI gracias a Cristóbal Colón y a Teresa de Jesús e Ignacio de Loyola respectivamente, pero es una tradición que no se ve influenciada por el diario clásico y que no genera, de hecho, una tradición –más allá de la que tiene como faro a Josep Pla–. Cabe preguntarse si en este reducido oasis se oyen las voces de las escritoras, entre las que Caballé incluía (aunque constituyan una minoría respecto al resto de nombres) a Syra Alonso Brufau, Cristina de Areilza, Zenobia Camprubí, Rosa Chacel, Laura Freixas, Rosa Leveroni, Carmen Martín Gaite, Emilia Pardo Bazán, Matilde Ras Fernández, Delhy Tejero y Teresa de Jesús. Algo más de una década después, el corpus ha de ir creciendo.
En ese listado aparece Laura Freixas, seguramente la diarista española por antonomasia de los últimos años, pero también una estudiosa de referencia del diario mismo (un perfil este, el que conjuga la escritura y la reflexión del diario, que no ha de pasarse por alto). El primer monográfico dedicado al diario fue el coordinado por Freixas en 1996 para Revista de Occidente y gracias a él se pudo contar con las aportaciones de algunos de los más destacados estudiosos del género como Castilla del Pino, Girard, Didier, Blanchot, Lejeune, Ligeray, Catelli, Bou o Muñoz Millanes. En busca de esa singularidad española añade Freixas en otro artículo posterior otra variable a la ecuación, la de las mujeres. A partir de unos comentarios de Benedetto Croce, aduce como explicación la desconfianza tradicionalmente hispánica y católica hacia la intimidad, pero también la “misoginia latente en la cultura española”: en los dos últimos siglos, la literatura española “tiene el aire de una gran tertulia de café”, una voz diferente a la de franceses e ingleses por cuanto “no monologa en voz baja [ni] tampoco dialoga” (2004: 114).
El propio texto del diario podríamos pensarlo como un monólogo, pero paradójicamente también ha de ser entendido desde la “sociabilidad”. Béatrice Didier, otra de las citadas especialistas, no solo es quien abordará el diario íntimo en 1976 (en el que aprecia diversas propiedades como la “féminité”, entendida como pasividad, así como la privilegiada vía de expresión para la creatividad femenina), sino también quien explorará la que denomina écriture-femme a partir de 1981 (asociada, por ejemplo, a la infraliteratura). Aparte de subrayar la importancia que ha tenido como refugio la creatividad femenina (1976: 76) e incluso la “feminidad” del diario por la pasividad desde la que se escribe (1976: 106), se refiere al diario como un segundo nacimiento que permite el autoanálisis y la anamnesis. Asimismo, apunta a dos fenómenos importantes en el desarrollo del diario íntimo: la presencia de las mujeres y el “familialisme”, esto es, ese intercambio del diario producido dentro de un grupo familiar o de amistades a quienes se implica también textualmente (1976: 40). Observa constantes de la escritura femenina, concebida como traducción del grito, tales como los puntos suspensivos y exclamativos, la sintaxis sumaria o los rastros textuales menos elaborados que los de los hombres; además, los diarios femeninos sobrevolarían esa paradoja de aludir permanentemente a otros seres, mientras que el diario masculino resultaría habitualmente una quintaesencia del egocentrismo (1976: 41). Entonces también se explica el segundo de los fenómenos, el “familiarismo”, que se produce por imitación y que también contribuye a relativizar el supuesto secretismo del diario, pudiendo llegar a encontrar incluso más allá de Francia “constelaciones de diarios” (1976: 42), como sucede en el seno de la familia de Tolstoi.
Lo cierto es que no tenemos noticia de que nuestras diaristas españolas conocieran o hasta leyeran los diarios de sus contemporáneas y que tampoco hallaremos apenas referencias al Lyceum Club Femenino en los diarios de nuestras autoras. Paradójicamente, Zenobia Camprubí sí era leída por su marido, Juan Ramón Jiménez (que ya había publicado Diario de un poeta reciencasado), y escribió muchos diarios antes y después de los años 20, pero no, desgraciadamente, durante esa época de intensa actividad social y cultural; de hecho, ella ejerció de secretaria en su fundación en 1926, pero solo daremos con una mención al Lyceum de La Habana en los diarios escritos en esa estancia durante su exilio entre 1937 y 1939. También por entonces desarrollaba su vocación artística Marga Gil Roësset, cuyo diario tristemente conocido lo escribió justo antes de suicidarse en 1932 por amor a Juan Ramón, quien lo custodió y deseó editar, aunque finalmente no ha visto la luz hasta hace poco. En su calidad de artistas, como la anterior, coincidirían en una exposición organizada por la institución otras figuras como Delhy Tejero (cuyos diarios disponibles arrancan casualmente en julio de 1936, cuando estalla la guerra civil) y Rosa Chacel (que en los años 20 desarrollaba su faceta de escultora, aún no la de diarista). Al ser posteriores, tampoco podremos leer alusiones al Lyceum en sendos diarios, como sucede con los de Pilar de Zubiaurre que, como Zenobia Camprubí, los anotó en la década anterior y en la posterior. También estaría en la órbita del Lyceum la grafóloga y escritora Matilde Ras, quien escribía sus diarios de los años 20 desde París y los de los años 40 desde Portugal, estos últimos con una destinataria, Elena Fortún, otra figura indispensable de la célebre institución femenina. Victoria Kent ya era una reconocida abogada y política en la España de los años 20, cuando ejerce de vicepresidenta en la fundación del Lyceum, aunque aún no había escrito la que sería su única obra literaria, la que escribió en la clandestinidad de su exilio en París durante la segunda guerra mundial. Igualmente, constituía toda una referencia una escritora ya consagrada y veterana como Concha Espina, quien escribiría su diario, según ella, desde la “esclavitud” al estar en zona republicana antes de ser “liberada” por los sublevados. En efecto, muy diferentes son estos diarios, pero hemos de reconsiderar su posición en la historia de la literatura española al tratarse de los primeros diarios conocidos escritos por mujeres en España.
Mientras que algunas quedan considerablemente documentadas, las iniciativas y la participación en el Lyceum Club Femenino de algunas de estas mujeres queda aún por explorar. Por ejemplo, no hemos encontrado alusión a la exposición en la que participaría Delhy Tejero en el estudio que Rocío González Naranjo ha publicado bajo el título de Marisabidillas, frívolas y peligrosas. El Lyceum Club Femenino de Madrid (1926-1936). Se basa la estudiosa, entre otros documentos, en memorias y cartas, ya que desgraciadamente aún no hemos hallado rastro de alusiones a esa institución en los diarios manejados. Juntas pero no revueltas, las “lyceómanas”, como las llama González Naranjo, componen esa asociación que se alinea en la Federación Internacional de Lyceum Clubs, que bien podría dar pie a un proyecto de investigación internacional. Por ejemplo, se podrían explorar los nexos del Lyceum de Madrid con otros de Europa. Sofía González (2020) ha ahondado en la cooperación literaria transatlántica al filo de los años 30 a propósito de María Luz Morales y Gabriela Mistral, ella también escritora de textos próximos a los diarios. Cristina Oñoro (2025) ha observado otro espacio de socialización como es el “jardín de las americanas”, el del Instituto Internacional de Madrid, la Residencia de Señoritas, al hilo de otra historia transatlántica protagonizada por mujeres que también escribieron diarios, como la estudiosa menciona en su trabajo. Y qué decir de la escritora-faro desde los años 20 hasta hoy mismo, Virginia Woolf, que también hemos de reivindicar como diarista-faro por excelencia, cuyos textos diarísticos recientemente han sido publicados y traducidos completos al español por Olivia de Miguel. La escritora modernista inglesa, no todavía como diarista sino como intelectual y narradora, pudo guiar a las modernas y vanguardistas de la Edad de Plata, las mujeres-faro españolas, como las ha bautizado Mercedes Gómez Blesa (2019).
Así pues, a las iniciativas que bajo el paraguas ministerial viene exitosamente coordinando Tania Balló con motivo del centenario del Lyceum Club Femenino les queda mucho recorrido. Quedan diarios por estudiar, por ejemplo, haciendo honor al número de esta revista, desde el prisma de su concepción como laboratorio de ciudadanía y de escritura, de arte, de pensamiento y de cultura. Quedan diarios por analizar desde una perspectiva de conjunto y comparativa (en ello estamos). Quedan diarios por editar y por reeditar, acompañados de estudios críticos revisados. Quedan diarios por desempolvar entre los archivos familiares y públicos de España. Quedan diarios por mostrar, por ejemplo, en una exposición avalada por una institución como la Biblioteca Nacional, por ejemplo. Esto acaba de empezar.
Elenco de diarios
CAMPRUBÍ, Zenobia (1991): Diario. 1. Cuba (1937-1939). Edición de Graciela Palau de Nemes. Madrid-Río Piedras: Alianza/Universidad de Puerto Rico.
CAMPRUBÍ, Zenobia (1995): Diario 2. Estados Unidos (1939-1950). Edición de Graciela Palau de Nemes. Madrid-Río Piedras: Alianza/Universidad de Puerto Rico.
CAMPRUBÍ, Zenobia (2006): Diario 3. Puerto Rico (1951-1956). Edición de Graciela Palau de Nemes. Madrid: Alianza.
CAMPRUBÍ, Zenobia y JIMÉNEZ, Juan Ramón (2012): Diarios de dos reciencasados. Edición de Emilia Cortés Ibáñez. Huelva: Universidad de Huelva (existe una edición anterior, difícil de conseguir hoy).
CAMPRUBÍ, Zenobia (2015): Diario de juventud: escritos, traducciones. Edición de Emilia Cortés Ibáñez. Sevilla: Fundación José Manuel Lara/Centro de Estudios Andaluces.
CHACEL, Rosa (2004): Obra completa. Vol. 9: Diarios. Valladolid: Fundación Jorge Guillén (en vida publicó las dos primeras partes de las tres que lo componen).
ESPINA, Concha (1938): Esclavitud y libertad. Diario de una prisionera. Valladolid: Reconquista.
ESPINA, Concha (2026): Esclavitud y libertad. Diario de una prisionera. Madrid: Ediciones 98.
GIL ROËSSET, Marga (2015): Diario. Edición de Juan Ramón Jiménez. Prólogo de Carmen Hernández-Pisón. Semblanza de Marga Clark. Sevilla: Fundación José Manuel Lara.
KENT, Victoria (1997): Cuatro años en París (1940-1944). Málaga: Servicio de Publicaciones (también cuenta con varias ediciones previas, algunas en vida de la autora).
RAS, Matilde (2018): Diario. Edición de M.ª Jesús Fraga. Valencina de la Concepción (Sevilla): Renacimiento (este de Portugal cuenta con edición crítica, a diferencia de otros de sus diarios, que están siendo estudiados y publicados en revistas científicas).
TEJERO, Delhy (2018): Cuadernines (Diarios 1936-1968). Edición de M.ª José Vila Tejero y Tomás Sánchez Santiago. León: Eolas.
ZUBIAURRE, Pilar de (2009): Evocaciones: artículos y diarios (1909-1958). Introducción de Ikel González Allende. San Sebastián: Saturrarán.
Estudios y otros diarios
ALONSO, Syra (2026): El mar tenía un amargo sabor a lágrimas. Memorias (1937-1945). Edición de Conrado Arranz. Santiago de Compostela: Alvarellos.
BALLESTER, Manuela (2021): Mis días en México (Diarios 1936-1953). Edición de Carmen Gaitán. Sevilla: Renacimiento.
CABALLÉ, Anna (2015): Pasé la mañana escribiendo: poéticas del diarismo español. Madrid: Fundación José Manuel Lara.
DIDIER, Béatrice (1976): Le journal intime. París: Presses Universitaires de France.
FREIXAS, Laura (coord.) (1996): “El diario íntimo” (monográfico). Revista de Occidente, n.º 182-183.
FREIXAS, Laura (2004): “Rosa Chacel”. Letras Libres, n.º 28.
GÓMEZ BLESA, Mercedes (2019): Modernas y vanguardistas. Las mujeres-faro de la Edad de Plata. Madrid: Huso.
GONZÁLEZ, Sofía (2020): “Cooperación literaria transatlántica al filo de los años 30. María Luz Morales y Gabriela Mistral en «El Sol»”, Cauce, n.º 43, pp. 263-276.
GONZÁLEZ, Rocío (2026): Marisabidillas, frívolas y peligrosas. El Lyceum Club Femenino de Madrid (1926-1936). Gijón: Hoja de Lata.
LAGOS, Concha (1954): El pantano (del diario de una mujer). Prólogo de Rafael Millán. Madrid: [s.n.].
LAGOS, Concha (2024): El pantano (del diario de una mujer). Estudio y edición de Juana Murillo. Madrid: Guillermo Escolar.
MISTRAL, Silvia (2011): Éxodo. Diario de una refugiada española. Edición de José Colmeiro. Madrid: Diario Público (también fue publicado en vida y cuenta con otra edición reciente).
OÑORO, Cristina (2025): En el jardín de las americanas. Una historia transatlántica (1871-1936). Barcelona: Taurus.
WOOLF, Virginia (2021): El diario de Virginia Woolf (vol. 5, 1936-1941). Traducción de Olivia de Miguel. Madrid: Tres Hermanas.

Carmen M.ª Pujante Segura es catedrática de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, decana de la Facultad de Letras en la Universidad de Murcia, secretaria-tesorera de la Asociación Española de Teoría de la Literatura (ASETEL). Filóloga hispánica y francesa, como investigadora ha estudiado, entre otros campos como la retórica cultural y la interdiscursividad, la narrativa breve y la literatura de autoras del último siglo.
