El verdadero perfil de la socia del Lyceum Club Femenino de Madrid (1926-1936):modernas, profesionales, independientes
Rocío González Naranjo
A modo de introducción: un legado silenciado por el franquismo
El 4 de noviembre de 1926 se inauguró en Madrid el primer centro feminista español, creado por un centenar de fundadoras entre las que se encontraban mujeres tan importantes como la pedagoga María de Maeztu (1881-1948), la traductora y empresaria Zenobia Camprubí (1887-1956), la grabadora Carmen Baroja (1883-1950) o la compositora María Rodrigo (1888-1967) entre otras. El Lyceum Club Femenino de Madrid tuvo una duración activa de diez años, durante los cuales mujeres profesionales y con inquietudes artísticas, literarias y sociales se reunieron dentro y fuera de los salones del club1. Consiguieron realizar un total de casi 600 actividades en diferentes dominios, destacando la sección social por sus iniciativas en favor de los más desfavorecidos: una guardería gratuita para madres obreras sin medios en el barrio de Cuatro Caminos en noviembre de 1928, una biblioteca para invidentes en julio de 1930 y cuyos libros terminaron en una sala de la Biblioteca Nacional, la creación de una Provisión Social en noviembre de 1931, una biblioteca circulante infantil en marzo de 1933, una colonia femenina de reposo en agosto de 1935 … Todo ello sin olvidar todas las actividades que hicieron cada una de las muy bien organizadas ocho secciones (Literatura, Música, Artes Plásticas e Industriales, Ciencias, Social, Internacional, Hispanoamericana, Deportes y Excursión).
Gracias al esfuerzo de sus socias, el club se convirtió en un centro intelectual de referencia, un lugar para todos aquellos jóvenes escritores que comenzaban en sus carreras, así como en el núcleo feminista español por excelencia. En el campo artístico, el Lyceum terminó siendo uno de los lugares de referencia para exponer, a la misma altura que el salón de El Heraldo de Madrid, por ejemplo. También fue un lugar imprescindible para el teatro no comercial y, a su vez, para los empresarios teatrales en busca de nuevos autores. En materia feminista, desde sus inicios lucharon por la igualdad jurídica de las mujeres: la modificación de los Códigos civil y penal, el sufragio universal, la abolición de la prostitución … En definitiva, el Lyceum Club Femenino de Madrid fue una obra que sentó las bases para una nueva sociabilidad femenina, modernizó artística y socialmente la España caduca de la dictadura de Primo de Rivera y posibilitó un empoderamiento femenino plural –y personal– nunca visto hasta entonces.
Desgraciadamente, con el final de la guerra en 1939, la sede de San Marcos fue clausurada por el entonces ministro de Gobernación, Ramón Serrano Suñer, que dio poderes a la Sección Femenina de Falange para crear el llamado Círculo Medina. A partir de entonces, este círculo asumió muchas de las actividades creadas por el Lyceum, y otras desaparecieron con la guerra. Un triste ejemplo fue La Casa del Niño, en la que cayeron «proyectiles de artillería»2. O el cambio de presidencia del Patronato Vicenta Guimerà –la casa de reposo creada en Cercedilla en 1935 –, que pasó a manos de la Delegación Nacional de Auxilio Social en 1940. Además, muchas socias partieron al exilio convirtiéndose en amátridas la mayoría de las veces3. Otras con menos recursos se quedaron en España sufriendo una brutal represión: cárcel, asesinato, depuración, miseria… Tanto fuera como dentro del país, algunas intentaron reproducir el espíritu feminista de sororidad del club, aunque el contexto sociohistórico no permitió que volviera a ser igual. Con la clausura del club desaparecieron también los archivos creados por las diferentes Juntas Directivas. De este modo, lo que nos ha llegado es esencial para comprender el perfil de las integrantes del club: el censo establecido por la doctora Elisa Soriano (1891-1964) que recuperó Concha Fagoaga (2002); el de Zenobia Camprubí conservado en los archivos de la Casa-Museo Zenobia-Juan Ramón Jiménez y recuperadas por Juan Aguilera Sastre (2011), y el recuperado este año por Carmen de la Guardia y Tània Balló gracias a la celebración del centenario promovido por el Ministerio de Cultura, un censo que conservaba la marchante de arte Pilar de Zubiaurre (1884-1970). Además, a través de una investigación exhaustiva de documentos de archivos, hemeroteca y memorias escritas por socias, se ha podido recuperar otras componentes del Club femenino que no están en las listas citadas anteriormente. De este modo, y sumando las cuatro listas se contabilizan por ahora un total de 564 socias4, de las cuales 392 provienen de los listados de Camprubí y de Soriano; otras 124 de Zubiaurre y 48 recuperadas a partir de nuestras investigaciones.
Con este censo reconstruido, que es el más completo hasta la fecha, se pretende derribar el ataque que sufrieron las integrantes del Lyceum y que terminó convirtiéndose en un prejuicio que ha resistido hasta ahora, es decir, que eran mujeres de clase elevada aburridas, desahogadas económicamente. Con este estereotipo, algunos sectores de la época quisieron minimizar la trascendencia del Club, utilizando una violencia simbólica que ha perdurado hasta ahora. Por ello y para mostrar el verdadero perfil de la socia activa5, haremos un recorrido por estas cuatro listas, sin por ello realizar estadísticas, para exponer que las que trabajaron activamente en el club eran mujeres profesionales –muchas de ellas pioneras en algún campo significativo– que comprendieron la modernidad y la igualdad gracias a la educación y el trabajo.
Un club compuesto por una aristocracia intelectual y profesional
La Hoja Oficial de la provincia de Barcelona del 16 de mayo de 1927, a propósito de la creación de La Casa del Niño, afirmaba acerca del Club que se trataba de «una aristocrática sociedad femenina»6. Escrito de este modo, no sabemos si el periódico se refería a la riqueza de perfiles de las integrantes o si hacía referencia a la clase social. Sea como fuere, desde el proyecto de creación, María de Maeztu, Zenobia Camprubí y otras fundadoras quisieron inscribir en sus listas a mujeres procedentes de la aristocracia española para dar un cierto prestigio al centro, siendo conscientes que, en aquella sociedad elitista, los títulos asociados a grandes nombres eran garantía de éxito. Sin embargo, y a pesar de este empeño, la exposición de estos nombres no impidió los ataques de los sectores tanto conservadores como progresistas.
Sin embargo, y si nos atenemos a los cuatro listados, de las 564 asociadas, solamente 35 eran aristócratas (con títulos nobiliarios). Rosario de Silva, duquesa de Alba (1900-1934) fue elegida presidenta honoraria junto a la Reina Victoria. Pero estos cargos eran meramente decorativos y prácticamente casi todas las asociaciones privadas debían ofrecer este honor. Entre estas aristocráticas socias se encontraban mujeres que eran respetadas socialmente, no por su título sino porque se lo habían ganado en algún área específica. Es el caso de Carmen Díaz de Mendoza Aguado (1864-1929), conocida como Condesa de San Luis, reconocida escritora, dramaturga y conferenciante en los centros más prestigiosos de Madrid. Otras utilizaban su título a favor de causas caritativas, siendo así reconocidas por su labor. Como Isabel Ferraz y Alcalá-Galiano (1860-1952), marquesa de Amposta, que colaboraba activamente en el comité directivo de la revista conservadora Mujeres españolas y que, en nombre de esta última, realizó una serie de actividades culturales para financiar el alquiler de una casa de reposo en la sierra madrileña para modistas tuberculosas en noviembre de 19297. Muchas aristócratas aparecían en estas actividades de orden caritativo. Por dar un ejemplo, Antonia Pieltain y Bartolí (1871-1945), vizcondesa de San Antonio, participó en 1922 junto a otras grandes de España en la creación de un comedor para niños en el convento de María Inmaculada8. A excepción de la Condesa de San Luis, las aristocráticas socias no tenían una profesión ni actividades que no fueran sociales o caritativas.
Otro grupo de socias son las que no tenían una profesión declarada o conocida, las cuales forman un grupo de 142 mujeres. Sin embargo, en este grupo se sitúan mujeres que precisamente se entregaron mucho al desarrollo de la parte más festiva del club. Como Carmela Cavengt Gutiérrez (1896-?) que formó parte de la sección de recreos, organizando junto a otras socias varios actos. Estuvo en la comisión para la organización del baile en conmemoración del movimiento romántico en el hotel Ritz en marzo de 19309; o en la organización del baile de Carnaval de 1932 en el Hotel Palace en 193210. O Teresa Manteca Ortiz (1884-1971)11 que además de ser una asidua al Lyceum, fue vocal de la Junta directiva de 1931 a 193212, miembro del comité de organización de la segunda fiesta diplomática de la República, dedicada a Cuba, Costa Rica y Chile, y miembro de la sección Hispanoamericana13.
Junto a ellas, se distinguen a 56 socias de las que, desgraciadamente, no se han obtenido datos. Lo que sí sabemos es que muchas integrantes de este grupo provenían de la alta burguesía, siendo la gran mayoría mujeres casadas con industriales, comerciales, banqueros, etc., y con hijos. Algunas eran presentadas en los ecos de sociedad como «ama de casa». María Chinchilla Dominguez (1882-1962) por ejemplo, aparecía en La Gaceta de junio de 1933 a propósito de su divorcio, como una mujer «sin profesión especial»14. En el censo reconstruido por el centenario se desmiente este dato y aparece como «empresaria». Y ciertamente lo fue, pues en 1930 aparecía en una lista dirigida a productores de aceites en la prensa15. Y si bien algunas no tenían una profesión conocida o declarada, fueron mujeres que participaron activamente en algunas actividades del club. Es el caso de Gloria Luna Corral (1887- ?) que desde que comenzó el proyecto de La Casa del Niño fue una de las voluntarias más importantes: primero realizando turnos en La Casa16, y después como secretaria de la Junta directiva del Comité en 1932.17
En realidad, el corazón del club lo compuso una «aristocracia intelectual y profesional», compuesto por las 331 socias restantes. Este grupo mayoritario, que era en efecto de clase media, comprendió la igualdad a partir de la formación y del trabajo, ya fuera artístico, científico, docente (la gran mayoría) e incluso empresarial. Cristóbal de Castro, gran defensor del Club e ilustre marido de la actriz Mary Carbone y Arcos (1886-1969), socia del club, explicaba en La Esfera del 4 de diciembre de 1926, cómo la creación del Club respondía a las necesidades de la nueva mujer española:
Las españolas no son ya «cargas de justicia» para el padre, el esposo o el Estado. Con su trabajo, con su sueldo, han redimido su personalidad. La tradición de gineceo y serrallo desvinculaba a las mujeres españolas de las europeas […] Todas sus funciones sociales cabían en la casilla de la cédula personal […] No tenían otra: coser, planchar, guisar… Ahora ya la casilla ominosa, verdadero padrón de ignominia, se va llenando con profesiones diferentes. No hay actividad española exclusivamente varonil […] Tan profunda transformación social crea nuevas necesidades, acelerando el ritmo de la actividad femenina […]18
De este modo, Cristóbal de Castro subrayaba los cambios sociales que se estaban produciendo en favor de las mujeres, sobre todo gracias al acceso a la formación y al atrevimiento de muchas pioneras en formarse en carreras consideradas hasta entonces varoniles.
Para comprender el perfil de la socia activa del club, debemos tener en cuenta que, en primer lugar, son las que fueron pioneras en algún campo. En este grupo hubo socias fundamentales. Como la traductora Carmen Gallardo Martín Gamero (1874-1951), quien encontró la primera sede del club y matriarca de una ilustre familia. Gallardo Martín Gamero tiene, además, el honor de ser una de las primeras inscritas en la Facultad de Filosofía y Letras junto a la ilustre María Goyri (1873-1954) en la Universidad Central de Madrid. Imprescindible fue la presencia de la primera mujer ginecóloga de España, Rosario Lacy (1891-1954), profesora en la Escuela del Hogar y Profesional de la Mujer, pues en el club ocupó varias veces el puesto de secretaria de la junta directiva19, teniendo un bagaje asociativo anterior muy importante20. Otra pionera que fue esencial para el club y para la sociedad fue Mercedes Rodrigo Bellido (1891-1982), la primera psicóloga española, pionera también en la orientación profesional, y que inició una de las obras fundamentales del Club: el Comité del Libro para el Ciego21, pasando después a ser la presidenta del comité en 193222.
En segundo lugar, la gran mayoría había podido estudiar bajo los auspicios de la Institución Libre de Enseñanza, en el Instituto Escuela o en la Residencia de Señoritas, por ejemplo, habiendo viajado por motivos educativos gracias a la Junta para la Ampliación de Estudios, o por motivos personales. La profesora Concha de Albornoz (1900-1972) estuvo en La Sorbona23, así como la científica Dolores Cebrián Fernández (1890-1973). Sin embargo, también las había que se habían formado de manera autodidacta y que habían conseguido profesionalizarse o ser independientes económicamente. Carmen Baroja Nessi (1883-1950) aprendió técnicas artísticas –orfebrería, sobre todo– sin asistir a ninguna escuela, aunque no pudo profesionalizarse al casarse, como ella lo cuenta en sus memorias. La escritora, periodista y dramaturga María Francisca Clar Margarit (1888-1952) –Halma Angélico– no había hecho estudios reglados. La historiadora Mercedes Gaibrois Riaño (1891-1960) llegó a ser la primera mujer miembro en la Real Academia de la Historia en 193224y, sin embargo, no tuvo una formación reglada. En el club fueron fundamentales tanto Carmen Baroja como Halma Angélico. Baroja estuvo presente desde los inicios de las reuniones previas a los estatutos, después fue presidenta de la sección de Artes plásticas e Industriales25 y vicepresidenta del club en la segunda directiva26. Además, estuvo en proyectos tan importantes como el Comité del Libro para el Ciego27 o la reanudación de la Liga Femenina por la Paz en 193228. Del mismo modo, Angélico dio una de las mejores temporadas de teatro en el segundo local, siendo la segunda y última presidenta de la sección de Literatura y representando al club femenino en otras entidades.
En tercer lugar, prácticamente todas las que estaban en actividad profesional eran pluriempleadas. En efecto, muchas de las mujeres que se profesionalizaron en estos años tuvieron que dedicarse en primer lugar al magisterio, por ser una carrera considerada femenina y la única posibilidad para trabajar. Por ello, se hace imposible una estadística exacta sobre las profesiones observadas dentro de las filas del Lyceum. El caso de las hermanas Brime –Amparo (1890-1953) y Gloria (1896-1967)– es significativo. Las dos eran ilustradoras, figurinistas escénicas, periodistas y especialistas en moda, formando después parte del grupo de la Residencia Internacional de Señoritas creada por la doctora Elisa Soriano y la artesana y escritora Guadalupe García Quevedo (1896-1992) en 193229. También formaron parte de un nuevo espacio femenino más conservador y tradicional, creado en 1932, el Ateneo Magerit30. Prácticamente todas compaginaban su labor artística, escritora, etc., con la enseñanza o la colaboración en prensa, entre otras actividades. Es el caso bien conocido de Victorina Durán (1899-1993), figurinista, escenógrafa, pintora, escritora y colaboradora en prensa. Y además de todas estas actividades, Durán fue una de las socias más activas del club. Encargada de la decoración del segundo local de San Marcos en enero de 193131, sucedió a Carmen Baroja en la presidencia de la sección de Arte Plásticas e Industriales a partir de agosto de 1931, llegando a realizar un total de 25 exposiciones, sin contar las conferencias ni la organización de los carnavales, fiestas en las que Durán estuvo muy presente32. Por ello, cuando observamos los perfiles de las integrantes, comprendemos que el corazón del club fue un grupo importante de mujeres increíbles que conformaban un gran abanico de posibilidades.
Las profesiones en el Lyceum: un abanico de posibilidades
Para demostrar que no eran mujeres burguesas aburridas, y a partir de las 331 socias activas laboralmente, hemos realizado una lista de las profesiones existentes dentro del club, demostrando que el corazón del club no fue nunca aristocrático, sino que estuvo formado por mujeres de clase media que comprendió la independencia económica como parte esencial para alcanzar la igualdad.
Las profesiones existentes en el club, de mayor a menor presencia, son las siguientes:
En primer lugar, se encuentran 116 socias que conforman el grupo mayoritario de las que estaban vinculadas al mundo de la enseñanza, en escuelas profesionales o artísticas (Escuela de Música y Declamación, Escuela del Hogar, Escuela de Artes decorativas, escuelas especializadas, etc.), profesoras de instituto, maestras de primera enseñanza, inspectoras de estudio y pedagogas. De todas ellas, solo 52 se dedicaba plenamente a la enseñanza. Las 63 restantes compaginaban su actividad académica con otras tareas –remuneradas o no–33. En muchas ocasiones, todas estas actividades complementarias eran una forma de evolución en sus carreras, como el caso de Rafaela Jiménez Quesada (1896-1972) por ejemplo, maestra puericultora que no se dedicó en exclusividad a la pedagogía, sino que sus inquietudes le llevaron a formar parte de otras actividades, todas relacionadas con la infancia. En abril de 1931 formó parte del Instituto de Investigación Psicológicas34, creado por la pedagoga, abogada y periodista Matilde Huici (1890-1965) y orientado al estudio de la infancia. Al poco tiempo, Jiménez Quesada era nombrada vocal del Consejo de Protección a la Infancia junto a otras compañeras de club, la abogada Clara Campoamor (1888-1972) y la benefactora y enfermera Consuelo Bastos (1898-1963)35. Poco después, en 1932, el Club celebró el éxito de Jiménez Quesada, al dar un nuevo paso en su carrera, convirtiéndose en directora del reformatorio de la Casa de los Arcos, en Chamartín36. Y al mismo tiempo se convertía en divulgadora de la educación infantil a través de diversas conferencias impartidas en aquellos años, incluyendo la que dio en el propio centro feminista.
En segundo lugar, observamos a 59 escritoras de diversos géneros: poesía, teatro, novela y ensayo. Pocas pudieron dedicarse únicamente a la escritura. Concha Espina (1869-1955) o la Condesa de San Luis pudieron hacerlo, la primera tenía medios económicos; la segunda se había ganado el título de escritora. También se lo pudo permitir Pilar de Valderrama Alday (1889-1979) o Pilar Gómez Cano (1885-1932), la cual escribía por tiradas de cuentos en publicaciones periódicas como El avisador numantino, El Universo, La Prensa, Blanco y Negro, Pro infancia, Mujeres. En cambio, otras jóvenes escritoras tuvieron que buscar otras actividades para tener una remuneración: la escritura en prensa o la traducción.
Precisamente, las periodistas, así como las redactoras en prensa y revistas, son las componentes del tercer grupo de profesiones observadas entre las socias activas, contando con 37 mujeres. Muchas lo hicieron como una prolongación de su trabajo. Es el caso de la profesora Katherine Fliedner y Brown (1890-1975), del colegio protestante El Porvenir y creadora de la escuela El Progreso, que escribió en la revista evangelista El Amigo de la Infancia y en España Evangélica de 1920 a 1939. O el de Luisa Salín Cigarraga (1879-¿), que escribió únicamente para la revista feminista Mundo Femenino. Pero hubo otras que se profesionalizaron en el periodismo, como Carmen Eva Nelken, conocida como Magda Donato (1898-1966), un ejemplo excepcional de mujer poliédrica: periodista, actriz, dramaturga, editora, traductora y gran activista feminista. Además de ser una renovadora del teatro infantil, Donato fue una pionera en el periodismo inmersivo, realizando una serie de reportajes «vividos» en los que «vivía» una investigación exhaustiva y experiencial para plasmarlo después en sus reportajes del periódico Ahora37. Otros casos profesionales fueron los de las norteamericanas Dorothy McCurdy y Margaret Alice Culley, afincadas en Madrid y redactoras del The Morning post. La gran mayoría escribía artículos especializados sobre arte, música o cuestiones femeninas…
Precisamente, las artistas (textiles, decorativas, pintoras, ilustradoras, escultoras…) es el cuarto grupo importante, con 34 mujeres. Algunas desarrollaron varias vetas artísticas, como es el caso de la murciana Angustias Multedo Villarreal (fechas desconocidas), que compaginó la pintura con la cerámica, la xilografía, la arqueología, la restauración…, además de ser profesora y colaboradora en Mundo Femenino.
El quinto grupo en importancia numérica son las músicas (compositoras, pianistas, concertistas, profesoras…), con 23 mujeres. La compositora Adela Anaya (1890-1970) protagonizó uno de los momentos más emocionantes del club al dirigir la banda que tocaba su himno Catorce de abril en un multitudinario concierto a favor de los obreros parados, actividad organizada por el Lyceum junto a la Agrupación socialista, en la plaza de toros de Madrid38. Otra gran compositora, María Rodrigo, además de ser presidenta de la sección de Música en varias ocasiones39, participó activamente en el club, colaborando en conciertos y actividades musicales. 40
Las empresarias fueron un total de 2541, destacando las dueñas de tiendas, hoteles e incluso minas. Precisamente, la evolución del club favoreció, además, que algunas decidieran crear sus propias empresas, impulsadas, seguramente, por lo que hoy se conoce como el empoderamiento femenino. María Espuig Serrano (1880-¿) además de ejercer como secretaria de la Escuela Nacional de Sanidad en 193342, creó su propia empresa, «Gráficas Ruiz Ferry» en febrero de 1933. 43
Esta proliferación de actividades laborales muestra la necesidad que las socias tenían de ser independientes económicamente. El hecho de sentirse activas profesionalmente también aportó una dinámica importante en el Lyceum Club, que se tradujo en las casi 600 actividades llevadas a cabo durante 10 años. Tras estos seis primeros grupos, podemos observar otras actividades en menor cantidad: traductoras (ruso, francés, inglés, chino, alemán…): 21; Actrices (muchas eran dueñas de su propia compañía): 16; Funcionarias del Estado que no son docentes (Hacienda, Agricultura, Fomento, Aduanas…): 13; 10 bibliotecarias, 8 doctoras entre las que se encuentra pioneras en diferentes campos (Cecilia García de Cosa (1902-1985) es la primera mujer del cuerpo médico de Sanidad Nacional; Nieves González Barrio (1884-1961) es pionera en la pediatría y la puericultura, etc). 5 abogadas y juristas que fueron esenciales para la formación en derechos y ciudadanía de las socias del club, pues tanto Clara Campoamor como Matilde Huici realizaron una serie de cursos a sus compañeras de club, además de ser las caras oficiales de diversas luchas por la igualdad jurídica.44 5 farmacéuticas, entre las que se encontraban las hermanas Concepción (1889-?) y Rosa Martín de Antonio (1891-?), ambas activistas republicanas importantes en Madrid. Encontramos, además, 5 enfermeras profesionales (muchas tenían el título de Dama Enfermera de la Cruz Roja). 4 marchantes de arte o mecenas; 4 científicas; 4 bailarinas; 4 editoras de libros o revistas; 5 miembros de embajadas; 2 sombrereras, 2 costureras, 2 promotoras culturales, 2 conservadoras de museos, 1 floricultora, 1 historiadora, 1 artesana; 1 cantatriz de ópera, 1 deportista de alto nivel, 1 grafóloga, 1 psicóloga, 1 mecanógrafa.
En definitiva, la gran mayoría de las socias combinaron actividades laborales para conseguir una independencia económica que les permitiera hacer lo que realmente les gustaba, sin depender de ningún hombre. Cierto que la enseñanza y los cuidados eran las primeras elecciones que se abrían a las mujeres, pero eso les permitió poder profundizar en diversas áreas, además de realizarse personalmente, objetivo último del primer club feminista español.
1 Hubo dos sedes. En un primer momento estuvieron en la Casa de las Siete Chimeneas, en la calle de las Infantas; y a partir de enero de 1931 se mudaron a la calle de San Marcos.
2 Bastos Ansart, Manuel (1965). Una vida de mujer, Barcelona: Editorial Juventud, p. 120.
3 Este término se está intentando implementar en futuros estudios. Una primera definición realizada es la siguiente: «La condición de apátrida ha estado siempre relacionada con aquellas personas que carecían de nacionalidad, pero no de país. Pero ¿qué es la patria? Según el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua en su primera acepción es «la tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos». ¿Y si las exiliadas no sintieran esos vínculos? ¿Y si esa patria les hubiera negado durante años considerarse una ciudadana total, un ser humano cuyos derechos se hubieran respetado? A lo largo de ese tiempo, estas mujeres lucharon por formar parte total de una patria y, tras esto, fueron excluidas completamente de la historia reciente, diseminándose por el mundo entero. Ellas terminaron constituyéndose en un anexo de aquella patria que las rechazó, formando lo que hemos llamado la Matria.» González Naranjo, Rocío. «El espíritu Del Lyceum Club Femenino De Madrid Sin El Lyceum: María Martos (1888-1981) Y La Sororidad». Enclaves. Revista De Literatura, Música Y Artes Escénicas, n.º 6, junio de 2026, pp. 72-90, doi:10.12795/enclaves.2026.i06.05
4 Un censo completo incluyendo todas estas listas se encuentra en https://www.academia.edu/169347622/MARISABIDILLAS_FRIVOLAS_Y_PELIGROSAS_ANEXO_LISTADO_DE_SOCIAS_DEL_LYCEUM_CLUB_DE_MADRID_ACTUALIZADO
También se puede ver el censo del centenario en https://lyceumclub.es/
5 Comprendemos por «activas» a las socias que contribuyeron al desarrollo de las actividades, así como a las que formaron parte de las secciones o de las juntas directivas.
6 «Casa de los Niños», Hoja Oficial de la Provincia de Barcelona, 16 de mayo de 1927, p. 6.
7 «Las modistas madrileñas», El Debate, 19 de noviembre de 1929, p. 7.
8 «Inauguración de un nuevo comedor de caridad», ABC, 24/06/1922, p. 17; Dy Safford, «Dos fiestas benéficas», Blanco y Negro, 09 de julio de 1922, p. 36.
9 «Reuniones y fiestas», El Imparcial, 8 de febrero de 1930, p. 3.
10 «El día 6 de febrero se celebrará el baile del Lyceum club femenino», El Heraldo de Madrid, 29 de enero de 1932, p. 6.
11 En el censo del centenario, aparece como «intérprete» de un instrumento musical. Ver https://lyceumclub.es/#socia-1735?modal
12 Firma como tal en una carta enviada al ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, el 20 de agosto de 1932, disponible en XXXX
13 «Lyceum Club Femenino», La Libertad, 31 de mayo de 1932, p. 9.
14 Gaceta 1933, p. 163.
15 Caravaca, Francisco, «A los productores de aceite», El Liberal, 12 de marzo de 1930, p. 3.
16 Caravaca, Francisco, «La Casa de los Niños, recién fundada en Madrid», El Heraldo de Madrid, 29 de marzo de 1929, p. 8-9.
17 «Una obra admirable. La Casa de los Niños», Luz, 15 de febrero de 1932, p. 6.
18 De Castro, Cristóbal, «Casino de señoras», La Esfera, 4 de diciembre 1926, p. 10.
19 Al carecer de las actas, hemos hecho una reconstrucción de las juntas de manera cronológica. Rosario Lacy consta como secretaria desde abril de 1929 a junio de 1930; una segunda vez desde diciembre de 1932 y en una última junta hasta julio de 1936. Es decir, repitió tres veces como secretaria.
20 Entre otras actividades destacamos las siguientes: había sido fundadora y vocal de la directiva del Comité Femenino de Higiene Popular desde 1913 («Comité Femenino de Higiene Popular», La Correspondencia de España, 29 de octubre de 1913, p. 5; y La Correspondencia de España, 4 de febrero de 1922, p. 5). Ocupó en varias ocasiones el puesto de bibliotecaria de la Asociación Ginecológica Española (La Correspondencia de España, 7 de febrero de 1914, p. 6; La Correspondencia de España, 4 de febrero de 1916, p. 6). Fue secretaria general de la Junta de Damas de la Protección Médica («Acta de la sesión celebrada en el Colegio de Médicos el 26 de mayo de 1917», España médica, 1 de julio de 1917, p. 15). Fue tesorera de la junta directiva de la Juventud Universitaria Femenina (De Castro, Cristóbal, «Juventud Universitaria Feminista», Nuevo Mundo, 10 de marzo de 1922, p. 24-25).
21 Del Sarto, Juan, «Un grupo de distinguidas damas pertenecientes al Lyceum Club funda el interesante Comité del Libro para el Ciego», Crónica, 6 de julio de 1930, p. 7.
22 «El comité del Libro para el Ciego. Una gran labor social nunca bastante alabada», Hoja Oficial del lunes, 4 de abril de 1932, p. 4.
23 Carpeta número 1797, Archivos JAE.
24 «En la Academia de la Historia», ABC, 25 de diciembre de 1932, p. 19.
25 «Las fundadoras del Lyceum Club Femenino Español», La Libertad, 07 de diciembre de 1926, p. 3.
26 Montero Alonso, José, «El Lyceum Club Femenino entra en el cuarto año de su vida», Nuevo Mundo, 15 de noviembre de 1929, p. 12-13.
27 Del Sarto, Juan, «Un grupo de distinguidas damas pertenecientes al Lyceum Club funda el interesante Comité del Libro para el Ciego», Crónica, 6 de julio de 1930, p. 7.
28 De Castro, Cristóbal, «España contra la guerra», La Libertad, 24 de noviembre de 1932, p. 1.
29 F. Cuevas, Valentín, «Una visita a la Residencia Internacional de Señoritas», El Adelanto, 29 de marzo de 1932, p. 10.
30 F. Cuevas, Valentín, «El Magerit Ateneo Femenino en Madrid», Nuevo Día, 29 de marzo de 1932, p. 3.
31 Mujeres españolas, 15 de febrero de 1931, p. 42.
32 Se destaca su presencia en el comité organizador del carnaval de 1932 («El día 6 de febrero se celebrará el baile del Lyceum Club Femenino», El Heraldo de Madrid, 29 de enero de 1932, p. 6); y en el de 1933 («El baile de máscaras del Lyceum Club Femenino», El Heraldo de Madrid, 25 de febrero de 1933, p. 6).
33 Comprendemos las actividades paralelas a su profesión no remuneradas a todas aquellas actividades asociativas o políticas.
34«El Instituto de Investigaciones Psicológicas», España médica, 1 de abril de 1931, p. 26-28.36
35 «La Gaceta», La Correspondencia de Valencia, 21 de agosto de 1931, p. 4.
36«Lyceum Club», La Libertad, 6 de diciembre de 1932, p. 10.
37 Los reportajes que hizo fueron los siguientes: «Un mes entre las locas», del 3 al 14 de abril de 1932; «El mundo del misterio, visto entre bastidores», del 26 de junio al 7 de julio de 1932; «Con los cómicos de la legua», del 1 al 6 de enero de 1933; «Ya no hay mujeres feas», 26 de febrero de 1933, como empleada de una clínica; «La vida en la cárcel de mujeres», del 2 al 11 julio de 1933; «Una mujer en busca de trabajo», 5 de noviembre de 1933; «En la “cola” de los hambrientos», 4 de marzo de 1934; «En la maternidad», 21 de julio de 1935; «Cómo se vive en un albergue de mendigas», del 15 al 21 de diciembre de 1935; «Cómo se vive en el Puente de Vallecas», 19 de julio de 1936.
38 «Concierto popular en la nueva plaza de toros», La Libertad, 23 de mayo de 1931, p. 10.
39 Véanse diferentes periodos en «Las fundadoras del Lyceum Club Femenino Español», La Libertad, 9 de diciembre de 1926, p. 5; «Lyceum Club Femenino», Ritmo, 1 de julio de 1934, p. 9.
40 Como ejemplo, se puede ver su participación en la fiesta de Reyes de 1932 («Lyceum Club», La Libertad, 07 de enero de 1932, p. 6), en la dirección de un concierto vocal con sus alumnas de la Escuela de Música y Declamación (Ritmo, 1 de julio de 1934) o en el concierto de Ángeles Ottein y Ramona Nieto (R. de la S., «Angeles Ottein y Ramona Nieto en el Lyceum Club», El Heraldo de Madrid, 24 de febrero de 1936, p. 9).
41 Las dueñas de farmacias están contabilizadas dentro de las farmacéuticas, y las dueñas de compañías de actores se encuentran contabilizadas en actrices.
42 «Carta de María Ruiz Ferry a Eulalia Lapresta», 23 de marzo de 1933 (ARS, 43/68/9).
43 «Carta de María Ruiz Ferry a María de Maeztu», febrero de 1933 (ARS, 43/68/8).
44 Véase con más detalle en González Naranjo, Rocío, «La primera lucha feminista del Club», Marisabidillas, frívolas y peligrosas: el Lyceum Club Femenino de Madrid (1926-1936), Hoja de Lata ediciones, 2026, p. 161-170.

Rocío Naranjo es profesora de universidad e investigadora en historia cultural española y genealogías femeninas del siglo XX. Editora literaria, ha publicado varias ediciones críticas, entre las que destaca una antología de teatro con obras inéditas de Carlota O’Neill (1905-2000) en Ediciones Torremozas (2021). De la misma autora, ha publicado el cuento inédito Las Olvidadas (Anagnórisis) en la editorial Cuadernos del Vigía (2020). También para Renacimiento Ediciones, ha colaborado en la edición de Otros vendrán, de Marina Ginestà (2019) y en la reedición de Historias del décimo círculo de María Luz Morales (2023). También ha traducido del francés al español la primera obra de Marina Ginestà, Las Antípodas, publicada por el Archivo General de la Nación de la República Dominicana (2022). Ha colaborado en el proyecto transmedia Las Sinsombrero como invitada en el tercer documental y ha sido asesora histórica para la película Las Cartas perdidas. La cárcel y el exilio de las mujeres republicanas de Amparo Climent (2022).
