La casa de los niños, una iniciativa social del Lyceum Club de Madrid
Gloria Nielfa Cristóbal
Contexto y antecedentes
Según la ideología de la domesticidad, las mujeres deberían dedicarse exclusivamente al cuidado de la familia en el hogar, dando por supuesta la presencia de un varón ganador del pan, capaz de asegurar con sus ingresos el mantenimiento completo de la prole. Como en tantas ocasiones, la realidad no se ajustaba al discurso. Lo cierto es que muchas mujeres necesitaban trabajar y ganar su sustento y el de sus hijos. A pesar de algunos antecedentes, como la Escuela-asilo para hijos de cigarreras, el Asilo para hijos de lavanderas, fundado por la reina Victoria, esposa de Amadeo I, o los asilos fundados por los marqueses de Aledo en 1893, un problema que se dejaba sentir en Madrid en las primeras décadas del siglo XX era la carencia de espacios donde las madres trabajadoras pudieran dejar a sus criaturas debidamente atendidas mientras cumplían su jornada laboral. Estaba aumentando el número de mujeres que realizaban un trabajo remunerado fuera del hogar, y sus ingresos resultaban básicos para el presupuesto familiar en las familias obreras1. Ya había sido consciente de esta situación Margarita Nelken, cuando en 1919 había creado una “Casa de los Niños de España” en el barrio de Ventas, tras realizar una exitosa gala benéfica (El Fígaro, 24 y 25 de marzo y 8 de junio de 1919), pero que acabó teniendo que cerrar el año siguiente, al no aceptar una subvención que habría implicado que el centro pasara a ser regido por una comunidad religiosa, tal como ella explicó en una entrevista años después (El Socialista, 4 de septiembre de 1931).
Un proyecto de la Sección Social del Lyceum Club
Unos años más tarde, en noviembre de 1926, se inauguraba en Madrid el Lyceum Club, y una de las secciones que lo integraban era la sección Social, que desde el principio se propuso crear lo que llamó La Casa de los Niños. Este sería uno de los rasgos significativos del Club, el de abrirse a la comunidad, en sentido innovador en la época, al crear guardería gratuita para hijos de clases obreras2. Un nombre destaca entre los de las distintas socias que formaron parte del comité directivo de la Casa y es el de quien fue la presidenta de la sección Social durante los diez años de existencia del Club. Se trata de Consuelo Bastos Mora (1898-1963), una mujer que firmaba como Consuelo Bastos de Bastos, al estar casada con su tío Manuel Bastos Ansart, cirujano considerado una autoridad internacional en el tratamiento de las heridas de guerra, y con el que colaboraba estrechamente como enfermera desde años atrás. Era la voluntad de ayudar a su marido la que le llevó a interesarse por esas actividades, según su propia versión, recogida años después por Herminia Peñaranda en una entrevista (Mujer, 22 de julio de 1931). Podemos recordar también la forma en que la prensa alude a ella en 1922 con motivo de la inauguración de una sala para la reeducación de los mutilados en el Hospital Militar de Carabanchel, que iba a ser dirigida por el Dr. Bastos:
…el estímulo moral más decisivo se lo ha prestado al distinguido médico su esposa, doña Consuelo Bastos, dama de grandes sentimientos altruistas y entusiasmos científicos y caritativos, que se asoció a su marido, desde los primeros momentos, para llegar a la consecución de estos redentores ideales de amor y humanidad, ayudándole a practicar las más difíciles operaciones quirúrgicas (La Correspondencia de España, 1 de diciembre de 1922).
Estas mujeres se proponían instituir en los barrios pobres unos hogares infantiles donde los padres pudieran dejar a sus hijos durante las horas de su trabajo, y donde se les proporcionara gratuitamente manutención, higiene y educación. Piensan en las madres que salen diariamente a trabajar fuera de casa: a lavar, a “asistir”, a una fábrica… Pronto empezaron a moverse para lograr su objetivo, hablando con el alcalde y difundiéndolo en la prensa, ya desde principios de marzo de 1927. Resulta interesante destacar que, si bien este anuncio dio pie a comentarios periodísticos acerca de la sensibilidad social y el sentido práctico de las integrantes del Club y contrarios a las críticas que venían recibiendo en los meses anteriores, también originó las de quienes no veían bien que la casa no estuviera atendida por alguna orden religiosa, algo que sin embargo habrían sabido soslayar3. Ellas explican que su intención es instalar las casas de niños en las barriadas populares: Cuatro Caminos, las Rondas, Paseo de Extremadura… El alcalde, conde de Vallellano, les ha ofrecido un pabellón de madera y que las brigadas municipales construyan un jardín en el lugar donde lo emplacen. Es decir, aún no está decidido el sitio, y empezarán por una casa para hacer la experiencia, pero aspiran a establecerlas en todos los barrios de Madrid (Heraldo de Madrid, 2 de marzo de 1927). Las estimaciones que ellas hacen acerca del coste previsto – veinticinco o treinta mil pesetas para la instalación, tres mil mensuales para el sostenimiento – aparecen en otros medios junto a reflexiones sobre el instinto maternal que guía su obra o sobre el hecho de que en otros países sea el Estado quien afronta la solución del problema (La Voz, 10 de marzo de 1927). Entre los apoyos con los que cuentan, está la colaboración del Tribunal Tutelar de Niños, que ha ofrecido su presidente, Francisco García Molina, por entender que las dos instituciones, de común acuerdo, “podrán servir eficazmente a la infancia abandonada” (El Liberal, 22 de abril de 1927).
La Comisión que en esos momentos prepara la creación de la Casa, presidida por Consuelo Bastos, incluye también a Victoria Kent como secretaria y a Gloria Luna, como vocal. En la primavera de 1927, además de un espectáculo musical, organizaron una exposición de juguetes, que se venderían para recaudar fondos y se rifaría una casa de muñecas (Diario de la Marina, 11 mayo 1927, p. 2; El Imparcial, 11 de mayo de 1927). La celebración de la rifa en una tómbola infantil el día del Corpus, con entradas de dos pesetas, da lugar a la crítica en la prensa integrista, que asimila el Lyceum con los clubs Rotarios y piensa que llegará a convertirse “en sucursal o centro de propaganda anticatólica y, además, en un gran negocio para sus patrocinadores y mangoneadores” (El Siglo Futuro, 15 de junio de 1927).
Meses más tarde, una socia de la Sección Social, María Ruiz Espuig, escribe:
En la Casa de los Niños vamos a darles luz, sol, flores, limpieza y pan blanco. Y cariño, mucho cariño, que el niño, por el solo hecho de serlo, es hijo de todas las mujeres, altas o bajas, sin diferenciación ninguna… En esa Casa queremos que aprendan los niños a ser buenos y a ser limpios… Lector ¿te sobra una peseta? ¿Por el amor de Dios y de los niños!, (La Libertad, 18 de noviembre de 1927).
Luis Bello, periodista que lleva tiempo interesándose por el panorama escolar en la provincia de Madrid, también deja constancia del proyecto y del objetivo perseguido:
Cuando veamos – me decía la señora de Bastos – el plano de Madrid lleno de puntitos rojos que marquen el sitio en que se levanta una Casa del Niño, podremos decir que hemos empezado a hacer algo. No basta una en cada barrio, como no basta una escuela. Ya sabemos que esto será una gota de agua; pero ninguna obra se empieza sin abrir la primera zanja (El Sol, 16 de diciembre de 1927)
La propaganda realizada dio lugar a que ya en ese año comenzaran las suscripciones y donativos, que se depositaron en el Banco de Bilbao, con la finalidad de crear un fondo que permitiera empezar las obras, según se recogerá posteriormente en la Memoria del año 1930.
En los primeros meses de 1928 difunden una circular exponiendo sus propósitos y renovando la petición de ayuda para llevarlos a cabo, al mismo tiempo que muestran su convencimiento de que lo van a lograr, y detallan el lugar en que se alzará la casa de los Niños: “en la calle de Bravo Murillo, en un solar concedido por Real orden, en los jardines del Canal de Isabel II”. El llamamiento va dirigido a los padres que sí pueden cuidar a sus hijos, a los que los perdieron y a los que no pudieron tenerlos, para que colaboren, ya que se necesita mucho dinero para la obra que están emprendiendo. Exponen su ideal de crear un pequeño paraíso de cuento para la infancia (“…soñábamos con producir tantas pequeñas casitas de niños como esquinas tienen los barrios humildes”), aunque al volver a la realidad, saben que, en principio, será una sola casa, pero el proyecto ya va creciendo, peseta a peseta. La petición va firmada por la Sección Social del Lyceum, con los nombres de Consuelo Bastos de Bastos, María G. Güell de Oriol, Gloria de Luna, Elvira Gancedo y Luz Sela (La Libertad, 6 de abril de 1928, p. 5; Pro Infantia, Boletín Oficial del Consejo Superior de Protección a la Infancia, n.º 171, 1928).
Efectivamente, la Casa se construyó en los jardines del Canal, en los terrenos del Segundo Depósito, con entrada por Bravo Murillo, 32, entre julio y noviembre de 1928, bajo la dirección desinteresada del arquitecto Ignacio Cárdenas Pastor, autor del edificio de la Telefónica en la Gran Vía de Madrid. El coste de la obra ascendió a 29.000 pesetas y como solo disponían de 7.000 al comienzo de la construcción, se pagó en dos plazos, el primero a la entrega del pabellón, quedando totalmente pagada al año de la inauguración. La construcción de la Casa obligó también a la constitución de una Asociación con personalidad jurídica propia, con carácter de fundación, autónoma respecto al Lyceum Club: «el Comité de la Casa de los Niños», que es el que firmó el contrato con la Sociedad General de Construcción. En la nueva situación, Consuelo Bastos, Gloria de Luna y Elvira Gancedo continuaron ocupando los cargos de presidenta, secretaria y tesorera, respectivamente; en cuanto a Luz Sela Sampil (vicetesorera) y María Güell de Oriol (vocal), fueron sustituidas más tarde por Camila Ventura de Subirá y Teresa Morales de Suárez Rivas (La Casa de los Niños: Memoria del año 1930).
Una vez terminadas las obras, afirma Gloria de Luna, secretaria del Comité de la Casa de los Niños:
En nuestro afán de ocuparnos de la infancia desamparada hubiéramos deseado poder recoger a todos los niños humildes de Madrid. Pero todos los comienzos son difíciles y no somos ricas más que de entusiasmo. Así, hemos ofrecido esta primera casa-modelo a los niños de la barriada de Cuatro Caminos. Esta obra nuestra es apenas un balbuceo. Hemos querido indicar con ella una posibilidad; no hemos intentado sentar una realización (El Socialista, 28 de noviembre de 1928).
La zona de Madrid donde se situaban los depósitos del Canal de Isabel II y donde se construyó la Casa, era, a finales de los años 20 la de menor densidad de población dentro del distrito de Chamberí y la única en la que quedaban algunos espacios sin construir dentro del Ensanche norte de la ciudad4. En cambio, la población era mucho más numerosa cuando, avanzando hacia el norte por la calle de Bravo Murillo, se cruzaba la Ronda (actual avenida de la Reina Victoria y calle Raimundo Fernández Villeverde), y se dejaba atrás la Glorieta de Cuatro Caminos. A uno y otro lado de la calle Bravo Murillo venían creciendo los barrios de Cuatro Caminos y Bellas Vistas, pertenecientes al Extrarradio de la ciudad, zonas populares donde la vivienda era más barata, al no tener que sujetarse a las regulaciones del Ensanche. Por eso, en el Reglamento de la Casa, se aludirá a que pueden solicitar el ingreso de sus hijos las madres que habiten en la barriada de Cuatro Caminos o Chamberí y distrito de la Universidad. Y según los diferentes testimonios, fueron estos barrios, junto con el de Tetuán, situado aún más al norte, en el municipio vecino de Chamartín de la Rosa, unido ya prácticamente en aquellos años a la capital, de donde procedía la mayor parte de los niños y niñas que acudieron a la Casa de los Niños.
Una realidad: la Casa de los Niños en funcionamiento
Finalmente, el 24 de enero de 1929 se abrió “la Casita” con seis niñas y seis niños —no había dinero para más (Luz, 15 de febrero de 1932)— aunque la capacidad prevista era de 40. Una nota en El Socialista del 8 de enero daba la dirección de “la señora del doctor Bastos” para recibir las solicitudes de inscripción.
Para conocer las normas por las que se regía, podemos leer el Reglamento presentado en la Dirección General de Seguridad en el verano de 1932, según lo establecido en la Ley de Asociaciones de 1887. El fin declarado es el de cuidar, alimentar y educar a los niños que quedan abandonados durante el día por verse sus madres obligadas a ganar un jornal fuera de su hogar, señalando expresamente que no se admitirían recomendaciones de ningún tipo. Sería preferido el niño cuya madre fuera asistenta, empleada, obrera o costurera y cuyos medios de vida fueran escasos, dando prioridad a los gemelos, los hijos de viuda o viudo y aquellos a los que falte la protección del padre, y haciéndose la selección de los demás por mayor número de hijos y menor jornal. Las madres debían admitir los reconocimientos médicos y las vacunaciones y recibirían consejos sobre prácticas higiénicas. Cada día, se impediría la entrada a los niños que presentaran signos de enfermedad, para evitar contagios. En caso de enfermedad infecciosa, no podrían reingresar sin un certificado de alta y sin haber cumplido el período de convalecencia marcado por el médico de la Casa. Aunque lo previsto era que estuvieran en ella entre los dos y los cinco años, se podía prolongar la estancia hasta conseguir su admisión en un grupo escolar, algo que se gestionaría desde la Casa, procurando que se produjera en un grupo con cantina escolar. La Casita estaba abierta los días laborables, debiendo llegar los niños con su madre o persona que la represente, entre ocho y nueve de la mañana, y siendo recogidos de siete a ocho y media de la tarde. La alimentación estaría estudiada con arreglo a la edad y constaría de desayuno, comida y merienda-cena. Se reconocía a las madres el derecho a presentar en carta firmada las observaciones que estimaran oportunas. Por tratarse de niños y niñas de edad preescolar, la educación puramente maternal se limitaría a enseñarles a hablar pequeñas oraciones, cantos infantiles, diferenciación de colores, respeto a animales y plantas, etc., estando a cargo de las señoras del Comité la enseñanza y dirección de la Casa (Reglamento de La Casa de los Niños, Madrid, 1932).
En los meses siguientes encontramos en la prensa amplios trabajos sobre la Casita, acompañados de fotografías, tanto en diarios como en revistas ilustradas o en medios especializados. En “La admirable institución de ‘La Casa de los Niños’”, H. R. de la Peña constata que ya son veinticinco las criaturas acogidas, entrevista a las componentes del Comité sobre la financiación y el funcionamiento de la Casa y se hace eco de la visita del ministro de la Gobernación, Martínez Anido, que aparece fotografiado junto a ellas (Nuevo Mundo, 15 de marzo de 1929). Por su parte, bajo el título “Un hermoso ejemplo de protección a la infancia”, Heraldo de Madrid ofrece también un reportaje de dos páginas, firmado por Francisco Caravaca, donde se detallan distintos aspectos, tales como las condiciones de admisión, incluso los turnos de atención que dedican distintas socias de la Sección Social (Heraldo de Madrid, 29 de marzo de 1929, pp. 8-9).
También recibe el aplauso de la prensa socialista. Poniendo el acento en el problema social que la Casa pretende abordar, se señalan distintos aspectos de su funcionamiento, como el sistema de selección, que da preferencia siempre a los más necesitados, los cuidados médicos e higiénicos, la existencia de “diecinueve señoras y señoritas” que se turnan en la atención a las criaturas, y la competente dirección llevada a cabo por María García Tapia, una de las personas contratadas y que no figura entre las socias del Club. Llama la atención el interés por rastrear los antecedentes de la preocupación por la infancia en Madrid, que lleva a mencionar el Asilo de Lavanderas, antes citado, y la Fundación Cesáreo del Cerro, vinculada a la Casa del Pueblo, aunque esta última tiene un objetivo distinto: se ha dedicado a la creación de una escuela para hijos de trabajadores (El Socialista, 10 de abril de 1929).
El pediatra, especialista en higiene infantil y director de la revista España médica, José Ignacio de Eleizegui, también acude a la Casa y da cuenta de ello en su artículo “Una visita a la Casa de los Niños. La obra de unas damas”. A pesar del ruego de Gloria de Luna de que no cite ni elogie a las componentes de la Junta, menciona su perseverancia y “que el altruismo las lleva a una obra social de aproximación de clases que sólo (sic) elogios merece”. Entiende que la estimulación sensorial y afectiva de los niños prevista en el Reglamento es el eje y la entraña de las escuelas maternales, y por ello, la impresión grata máxima que ha recibido de la Casa es “su ambiente educativo y su acción preparatoria de una más fácil y mejor formación ulterior” (España médica, 15 de abril de 1929).
Otro artículo elogioso es el que escribe José Francos Rodríguez, que había sido alcalde de Madrid en la década anterior. Recuerda que entonces intentó establecer “parques infantiles” semejantes a esta Casita, proponiendo uno en el parterre del Retiro, pero fracasó. Se muestra partidario de secundar con entusiasmo a las promotoras de esta obra (ABC, 23 de junio 1929)
Estamos en 1930 y la Casa se ha consolidado. Así lo atestiguan distintas publicaciones, como “La Casita de los Niños. Damas elegantes, señoritas blancas y chiquillos de obreros”, de Julio Escobar, para quien la institución “inapreciable, oculta y digna, no ha sido suficientemente elogiada” (El Imparcial, 14 de enero de 1930), o el artículo de Juan Gómez Renovales “Las madrecitas. La Casa del Niño en los jardines del Canal. Una institución admirable”. Junto a la favorable impresión que producen los niños, limpios y alegres, que ya son cincuenta, destaca el procedimiento de admisión, basado en la visita que realizan una o dos señoras de la Junta a la madre peticionaria para atestiguar su necesidad, sin tener en cuenta sus opiniones ni creencias, ni si es soltera o viuda (La Voz, 7 de agosto de 1930).
Al cumplirse los dos años de la inauguración de la Casa, la Junta Directiva rinde cuentas ante suscriptores y donantes, presentando el balance de su actuación en su primera Memoria. Expresan su esperanza de que el número de suscriptores aumente y pronto se pueda cumplir su ideal de que haya una Casa de los Niños en cada barriada de Madrid, ya que constatan un ambiente general de interés hacia los problemas de la infancia. Explican que a medida que han ido aumentando los ingresos han ido admitiendo a más niños, hasta llegar a los sesenta, debido al “número angustioso de casos verdaderamente urgentes y dolorosos”. Afortunadamente, en el tiempo que lleva funcionando la Casa, los niños han mejorado y no ha muerto ninguno. Para la asistencia médica cuentan con Jaime Cárdenas Pastor, médico pediatra. La directora de la Casa en ese momento es Pilar Segura y la parte administrativa la lleva Isabel Martínez Albacete; hay además una auxiliar, tres muchachas y una cocinera. Se presenta el detalle de las cuentas, señalando el número de días laborables de cada mes, con el número de niños que han sido atendidos y se especifica el menú establecido para cada día de la semana. (El desayuno consiste en una papilla hecha con leche, maicena, sémola o alguna otra harina, y azúcar. La comida se compone de puré, verdura con patatas o arroz, y de segundo plato, dos días a la semana hay pescado, otros dos, huevos, y carne en los dos restantes, pudiendo ser croquetas o cocido, completado a diario con fruta como postre. Para cenar toman un puré variado, leche y fruta, o mermelada o compota). Como promedio, el gasto total por cada niño, incluyendo alimentación, lavado y planchado de ropa, calefacción y sueldos de personal, ha sido de dos pesetas y un céntimo diario. La tesorera presenta los balances de ingresos y gastos de 1928, 1929 y 1930 (La Casa de los Niños: Memoria del año 1930). Estos resultados positivos permiten a la socia Pilar Gómez Cano afirmar que, aun teniendo el Club varios elementos y actividades que le honran, nada como La Casa de los niños “nos enaltece, es nuestro orgullo” (Pro Infantia, enero, febrero, marzo de 1931).
En la Memoria del año 1931 afirman que, a pesar de la carestía, han conseguido bajar el coste diario medio por niño, desde 2,01 ptas. del año anterior a 1,95, manteniendo la calidad de la alimentación. Como la Casita acoge a 60 pequeños y estaba prevista para 40, ha sido necesario ampliarla, construyendo una galería, que sirve de cuarto de cunas a la hora del reposo y de sala de juegos en los días invernales. Cada día es más urgente la necesidad de crear nuevas Casitas, pues tienen 596 instancias pendientes solo de la barriada de Cuatro Caminos, por lo que proponen a sus suscriptores que consigan dos suscripciones más cada uno, para lo que incluyen unos boletos al final de la Memoria. La vicetesorera, Camila Ventura de Subirá, presenta las cuentas y el balance del año, en el que se observa un incremento de los ingresos, tanto por suscripciones como por donativos, respecto al año anterior. Entre las numerosas fotos que incluye, está la de la pequeña piscina que se ha construido en el jardín, acompañada de una playita de arena, en la que juegan los niños. Esta vez aparecen también cuadros muy detallados de las enfermedades padecidas por los pequeños en cada uno de los tres años de funcionamiento de la Casa, que permiten apreciar una disminución de la morbilidad, y precisamente relacionan la bajada de casos de bronquitis, anginas y catarros con los baños y duchas con manga de riego al aire libre que se practican a diario en los veranos. Cabe recordar, a propósito de estas informaciones recogidas en la Memoria, lo que escribe Manuel Bastos Ansart, el marido de Consuelo Bastos, en la obra que dedica a glosar su vida:
Los visitantes la sorprendieron más de una vez en época veraniega divirtiéndose con los chicos en un juego que les entusiasmaba a ellos… y a Ella. Era éste regarles con manga. Solía hacerlo en su casa con sus hijos y, con no menor algazara por ambas partes, le gustaba hacerlo con los pequeños de la Casita. Todos disfrutaban grandemente. Ella, enfocando el fino chorro de agua pulverizada hacia unos u otros a la vez que les invitaba a que se apoderaran de la lanza aspersora. Ellos, esquivando la mojadura o afrontándola decididamente para tratar de quitarle aquella especie de cetro espurreante. Algunas veces llegaban así al cuerpo a cuerpo. Y si doña Consuelo se descuidaba la ponían perdida la ropa. Pero Ella solía tomar sus precauciones y, lo mismo que hacía en su casa, se presentaba ante los chiquillos con un traje de baño disimulado por algo que parecía un traje de calle. Y así la victoria del pequeño David que la rociaba era mucho más regocijante5.
Una última reflexión está dedicada a señalar el interés de ocuparse de la etapa de la infancia que va de los dos a los cinco años, como puente de unión entre la fase que cubren las “gotas de leche” y esa otra posterior, atendida por las cantinas escolares (La Casa de los Niños: Memoria del año 1931).
En la etapa republicana
El primer alcalde republicano, Pedro Rico, visitó repetidamente la Casita y proyectó un presupuesto para crear “Casas del Niño” en todos los distritos madrileños, con la intención de que fueran dirigidas por las mujeres del Lyceum, aunque la idea no llegó a hacerse realidad. Se preveía un gasto inicial de 500.000 pesetas – 50.000 por distrito – y una consignación anual de 600.000 para el mantenimiento (El Liberal, 29 de julio de 1931).
Según Manuel Bastos,
Aquel buen regidor se hizo el gran amigo de los niños de la Casita pues todos los ratos que le dejaban libre sus múltiples funciones los pasaba jugando como un chico con las criaturas y entreteniéndolos cariñosamente6.
Incluso en 1932, la minoría socialista del Ayuntamiento propuso que se diera preferencia a los niños procedentes de esa institución para entrar en las escuelas de párvulos, y más tarde, en las graduadas de sección para que no se perdiera la labor social y docente realizada. Por otra parte, la publicación de la Memoria de 1931 y los datos contenidos en ella ya habían dado pie a llamamientos en la prensa para recaudar fondos que permitieran fundar nuevas Casas en otros barrios humildes de Madrid (El Sol, 10 de junio de1932). Y se anunció que el alcalde había visitado distintos lugares, acompañado por el arquitecto Giner de los Ríos para elegir el que serviría de emplazamiento a la nueva Casa del Niño que el Ayuntamiento pensaba crear, lanzando la idea de que podría ser en los jardines de la Tela -actual Parque de Atenas – (El Sol, 1 de septiembre de 1932).
Así, la Memoria de 1933 comienza con el agradecimiento al ministro de Instrucción Pública y al alcalde Madrid por las subvenciones concedidas, y al Consejo del Monte de Piedad por su entrega de veinte cartillas para los niños de la Casita. Informan también de que el 19 de marzo se inauguró en la Casa una biblioteca infantil, organizada por el grupo “Libros” del curso de bibliotecarias de la Residencia de Señoritas. Es una biblioteca circulante, con libros y periódicos infantiles y funciona todos los días festivos. Se presenta el estado de cuentas, que no permite la creación de una nueva Casita, aunque sí el aumento de plazas, por lo que anuncian que en 1934 serán 70 las que se ofrezcan, “pero esto no es nada en relación al número abrumador de instancias recibidas”, dada la grave situación que atraviesa la clase obrera. Insisten en el llamamiento a suscriptores y donantes para que consigan sumar a la obra a sus amistades. Publican los listados de suscriptores y donantes (más de 700), en los que encontramos nombres conocidos de la sociedad madrileña del momento, junto a los de socias del Lyceum y de sus familiares (La Casa de los Niños: Memoria del año 1933).
En mayo de ese año, el periódico Ahora publica un amplio reportaje centrado en las instituciones de carácter oficial y particular dedicadas al mejoramiento moral y material de la infancia, desde la Inclusa hasta el Asilo de San Rafael, el Tribunal Tutelar de Menores, el Colegio de la Paloma o la Junta de Protección a la Infancia. No puede faltar en él el apartado sobre la Casa de los Niños, fruto de una visita que produce las mejores impresiones por el aspecto saludable de los niños y el ambiente que se respira, que se llega a calificar como “un milagro pedagógico”. Asimismo, sirve para constatar la existencia de 472 instancias pendientes (Ahora, 7 de mayo de 1933).
Unos meses después, en una visita a la Casa, Natividad Peñalver entrevistaba a Consuelo Bastos, que afirmaba contar con cerca de 900 solicitudes pendientes, por lo que insistía en la necesidad de construir la segunda Casa de los Niños lo más pronto posible. “Una peseta, si no podéis dedicar mayor cantidad, es suficiente para ser socio de la Casa de los Niños” es la conclusión del artículo (Cultura integral y femenina,15 de septiembre de 1933).
Ante el enorme aumento de casos urgentes, y tal y como se había anunciado, en 1934 el número de plazas se amplió a 70 en 1934, y a 80 en 1935. El proyecto de una nueva Casita ha avanzado y en la siguiente Memoria ya incluyen los planos, preparados por el arquitecto Ignacio Cárdenas, mientras están realizando gestiones para conseguir un solar, por lo que confían en poder iniciar pronto la edificación. Las cuentas de 1934 y 1935 muestran el remanente que se ha ido acumulando con esa intención. Asimismo, los listados de suscriptores y donantes muestran un crecimiento respecto a la Memoria anterior, ya que esta vez sobrepasan los 900 (La Casa de los Niños: Memoria de los años 1934 y 1935).
Por otra parte, la labor de Consuelo Bastos como presidenta de la Casa de los Niños dio lugar a que se requiriera su presencia en distintas instituciones de carácter social. A raíz de la remodelación del Consejo Superior de Protección a la Infancia llevada a cabo por el Gobierno republicano en el verano de 1931, fue nombrada vocal del organismo, y por ello, miembro del Tribunal Tutelar de Menores. Incluso llegó a ser la única mujer en la Corporación municipal madrileña durante un breve periodo, a finales de 1934 y principios de 1935. En efecto, cuando en la conflictiva situación de octubre de 1934, el Gobierno radical-cedista destituyó al Ayuntamiento elegido en 1931, igual que hizo con otros muchos, nombró una Comisión Gestora presidida por Rafael Salazar Alonso, uno de los concejales radicales entonces elegidos, y presidente de la Diputación Provincial de Madrid entre 1931 y 1934. Desde ese puesto, Salazar había tenido ocasión de conocer lo que significaba la Casa de los Niños, por lo que insistió en incorporar como independiente a su presidenta a esa Comisión Gestora, compuesta por 31 miembros, que incluían representantes de fuerzas políticas y de la Cámara de Comercio e Industria, además de un patrono y un obrero. Consuelo Bastos formó parte de la Comisión de Beneficencia, Sanidad y Policía Urbana y de la Comisión de Quintas del distrito de Buenavista, y ostentó la representación del Ayuntamiento en los Colegios de la Paloma, aunque acabó dimitiendo de su puesto en la Comisión Gestora por su rechazo al ambiente de lucha política reinante en el Ayuntamiento7.
Ya hemos visto que la petición de fondos al conjunto de la sociedad para sostener y aumentar la acogida a los niños de familias con pocos recursos fue constante. Podemos detenernos en algunos de los canales utilizados para ello. Además de los boletos incluidos en las Memorias de la Casa, conocemos una serie de tarjetas que se han conservado en el precioso Álbum de fotos compilado por la vicetesorera Camila Ventura de Subirá, accesible en la Biblioteca Regional de la Comunidad de Madrid. En una de ellas, dirigida a quienes ya colaboran con la Casa, y que firman las integrantes de la Junta Directiva, se recuerda la proximidad de las fiestas de Navidad y Reyes, pidiendo un donativo, un dulce o un juguete para “nuestros niños”. En otra se alude al objetivo de que los pequeños acogidos en la Casita puedan tener su aguinaldo y un día de Reyes feliz, pidiendo a las personas generosas que envíen “un donativo, unas golosinas o unos juguetes”, y añaden: “Rogamos encarecidamente no lleve escopetas, pistolas, cañones, etc., por ser contrario a nuestro ideal de paz y humanidad”. También figura un tarjetón, seguramente de 1934, que lleva por título: “Vendemos felicidad a precios reducidos”. Dice que en la Casa se encuentra
…una de las felicidades más completas de este mundo: risas, sol, juegos, alegría, comida segura y sueño tranquilo para setenta criaturas. Y también, una de las felicidades más baratas: por dos pesetas se adquiere un día dichoso para un niño; por catorce, una semana de maravilla; por sesenta, un mes entero (La Casa de los Niños. Jardines del Canal de Lozoya. Bravo Murillo, 38. Teléfono 42567. 1929-1936).
Otro medio de dar a conocer la Casa y de pedir ayuda para sostenerla fueron las emisiones radiofónicas en Unión Radio. Gracias a Camila Ventura Muntaner se han conservado algunos guiones, junto a otra documentación de la Casita, en el fondo Subirá, que reúne los papeles de su marido, el musicólogo José Subirá, en la Biblioteca Nacional. Citaré dos ejemplos. Uno de ellos va dirigido a un público infantil, y es la historia de un niño, Periquín, que se queda solo cada día en su casa, mientras su madre se marcha a trabajar, y acaba saliendo a la calle y exponiéndose a todo tipo de peligros, hasta que un día, deambulando por la calle, por casualidad descubre la Casita, donde es magníficamente recibido por los otros niños, con los que juega y comparte una comida rica, además de tener una buena siesta, y acaba volviendo a su casa acompañado por una señorita que le cuenta cuentos hasta que se duerme. Este relato fue leído por la secretaria de la Casa de los Niños, Gloria de Luna Corral, en la emisión infantil de Navidad de 1934 en Unión Radio, y termina invitando a los oyentes a visitar la Casa de los Niños y a decírselo a sus mamás, proponiéndoles que saquen unos ahorrillos de sus huchas para ayudar a mantener la ilusión de los setenta pequeños que sueñan con las fiestas de Navidad (Fondo Subirá, Narración Breve. Gloria de Luna, 1934).
También de 1934 es la emisión de La Palabra, Diario Hablado de Unión Radio, que se hizo dese la “Casita del Niño”. A preguntas de la locutora, Consuelo Bastos explica la vida que hacen los pequeños en la Casa, señalando lo bien que se llevan entre ellos y la actitud muy favorable de las familias – solo ha habido alguna protesta por el hecho de que bañen a los niños, sobre todo en invierno -. Su gran preocupación es la de que no haya en Madrid muchas casas como esta, ya que en ese momento son 1.126 las instancias urgentes a las que no pueden atender. Según sus cálculos, sostener una casita como esta viene a costar al año lo mismo que sostener un coche de lujo. En su opinión, las personas pudientes deberían preocuparse de los niños necesitados, aunque solo fuera por egoísmo, ya que eso evitaría muchas perturbaciones sociales. No solo pide ayuda para la Casa del Lyceum, sino que anima a “quien tenga mucho dinero a que funde por su cuenta una casita como esta” (Fondo Subirá. La Casita del Niño. 1934).
No se llegó a abrir la segunda casa proyectada, aunque en la primavera de 1936 se había anunciado la concesión de un solar para su construcción8. Veamos la nota que Camila Ventura de Subirá firmó al final del Álbum antes mencionado: “LA CASA DE LOS NIÑOS se cerró para siempre al empezar en el verano de 1936 nuestra GUERRA CIVIL” (La Casa de los Niños. Jardines del Canal de Lozoya. Bravo Murillo, 38. Teléfono 42567. 1929-1936).
Conclusiones
Las mujeres de la Sección Social del Lyceum Club se propusieron afrontar un problema social agobiante en una ciudad como Madrid en las primeras décadas del siglo XX: el de los niños y niñas que no recibían los cuidados necesarios por verse obligadas sus madres a dejarlos solos o confiados a alguna vecina durante todo el día cuando se marchaban a trabajar. La Casa de los Niños fue una actividad benéfica dirigida a familias obreras, que se diferencia de algunas iniciativas de las últimas décadas del siglo XIX, promovidas desde la Corona o desde miembros de la aristocracia, que dieron lugar a la fundación de asilos regentados por órdenes religiosas. Tiene semejanza, en cambio, en cuanto a los ideales que la animan, con la breve experiencia de la Casa de los Niños creada por Margarita Nelken en 1919; en ambos casos, se buscó implicar al mayor número posible de donantes y se optó por un funcionamiento desligado de cualquier orden religiosa, siendo esta precisamente la condición que un año después no permitió la continuidad de aquella primera Casa de los Niños. La diferencia radica en la mayor envergadura del proyecto surgido del Lyceum: no se trata de una iniciativa individual, sino que tiene detrás un nutrido grupo de mujeres dispuestas a actuar colectivamente. Baste recordar que fueron unas 40 mujeres las que formaron parte de la Sección Social del Lyceum, que contaban además con el apoyo del resto de las socias, algo fundamental, no solo en cuanto a la capacidad de extender la propaganda y conseguir los fondos suficientes para el mantenimiento, sino también por la labor que esas mismas mujeres desempeñarían en el cuidado de las criaturas mediante turnos en la Casa.
El análisis de prensa de distintas tendencias que se ha realizado muestra el aplauso unánime que recibió la iniciativa por parte de quienes visitaron la Casita.
ambién es importante recordar que la Casa de los Niños que funcionó entre 1929 y 1936 fue la única en ver la luz, aunque a lo que aspiraba era a ser la primera de una serie de Casas que debían extenderse por los barrios populares de Madrid, como se repite constantemente en todos los textos consultados.
En definitiva, como distintas autoras han visto, el proyecto se enmarca en un panorama de distintas iniciativas sociales debidas al liderazgo femenino que se desarrollan en la España de las primeras décadas del siglo XX.
Fuentes:
Biblioteca Nacional de España
Fondo M. Subirá, 2.324; 2.328 y 2.334.
(Memorias 1930, 1931, 1933, 1934-1935 y narraciones Unión Radio).
Biblioteca Regional de la Comunidad de Madrid
La Casa de los Niños. Jardines del Canal de Lozoya. Bravo Murillo, 38. Teléfono 42567. 1929-1936 (Álbum compilado por Camila Ventura de Subirá). Incluye Reglamento de 1932.
Prensa
ABC, 23-VI-1929
Ahora, 7-V-1933
La Correspondencia de España, 1-XII-1922
Cultura integral y femenina, 15-IX-1933
Diario de la Marina, 11-V-1927
España médica, 15-IV-1929
El Fígaro, 24 y 25-III y 8-VI-1919
El Heraldo de Madrid, 2-III-1927 y 29-III-1929
El Imparcial, 11-V-1927 y 14-I-1930
El Liberal, 22-IV-1927 y 29-VII-1931
La Libertad, 18-IX-1927 y 6-IV-1928
Luz, 15-II-1932
Mujer, 22-VII-1931
Nuevo Mundo, 15-III-1929
Pro Infantia, Boletín Oficial del Consejo Superior de Protección a la Infancia, n.º 171, 1928, y n.º 183, 1931
El Siglo Futuro, 15-VI-1927
El Socialista, 28-XI-1928, 8-I-1929, 10-IV-1929 y 4-IX-1931
El Sol, 16-XII-1927, 10-6-1932 y 1-I
La Voz, 10-III-1927 y 7-VIII-1930
- Miguel Salanova, Santiago de y Otero Carvajal, Luis Enrique (2022): “Mercado de trabajo y transformación urbana. Cambio y continuidad en la inserción laboral femenina en Madrid. 1900-1936”, en Luis Enrique Otero Carvajal y Nuria Rodríguez Martín (eds.): La mujer moderna. Sociedad urbana y transformación social en España, 1900-1936. Madrid: Los Libros de La Catarata, pp.
- Fagoaga, Concha (2002): “El Lyceum Club de Madrid, elite latente”, en Danièle Bussy Genevois (dir.) Les Espagnoles dans l’histoire. Une sociabilité démocratique (XIXe-XXe siècles). Saint Denis : Presses Universitaires de Vincennes, p. 146.
- Pozo Andrés, María del Mar del (1985): “Actividades culturales y pedagógicas del Lyceum Club Femenino de Madrid (1926-1936)”, en J. Ruiz Berrio (ed.) et al.: La educación en la España contemporánea. Cuestiones históricas. Libro homenaje a Ángeles Galino, Madrid: Sociedad Española de Pedagogía, p. 209.
- Pallol Trigueros, Rubén (2011): El Madrid moderno: Chamberí (el Ensanche Norte), símbolo del nacimiento de una nueva capital, 1860-1931. Tesis Doctoral, UCM, pp. 561-564.
- Bastos Ansart, Manuel (1965): Una vida de mujer. Madrid, Taurus, pp. 117-118.
- Bastos Ansart, Manuel (1965): Una vida de mujer. Madrid, Taurus, p.113.
- Nielfa Cristóbal, Gloria y Ruiz Franco, Rosario (2015): “La nueva ciudadanía de las mujeres en el ámbito municipal: Alcaldesas y concejalas en la Segunda República (1931-1939)”, en Nielfa Cristóbal, Gloria (coord.): Mujeres en los Gobiernos locales. Alcaldesas y concejalas en la España contemporánea. Madrid: Biblioteca Nueva, pp. 92-94.
- González Naranjo, Rocío (2026): Marisabidillas, frívolas y peligrosas. El Lyceum Club Femenino de Madrid (1926-1936). Xixón: Hoja de Lata, pp. 148.

Gloria Nielfa Cristóbal es historiadora. Catedrática Emérita de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense de Madrid. Fue una de las fundadoras del Instituto de Investigaciones Feministas de esa universidad y de la Asociación Española de Investigación en Historia de las Mujeres (AEIHM). Se ha dedicado desde hace muchos años a estudiar la historia de las mujeres, principalmente a lo largo del siglo XX en España. Entre los temas que ha investigado se puede citar el desarrollo de un debate feminista durante el franquismo, los feminismos en la transición, la difusión de El Segundo Sexo en España, el acceso de las mujeres a alcaldías y concejalías en distintas épocas, y la situación de las mujeres en el trabajo, con especial atención a la legislación laboral.
